"No hay decisiones buenas y malas, solo hay decisiones y somos esclavos de ellas." (Ntros.Ant.)

viernes, 24 de octubre de 2008

HIMNO A AN

Himno a An
José María Blázquez Martínez
Antigua: Historia y Arqueología de las civilizaciones [Web]
P ágina mantenida por el T aller Digital
[Publicado previamente en: Boletín de la Asociación Española de Orientalistas
29, 1993, 179-187. Editado aquí en versión digital por cortesía de los autores, bajo
su supervisión y con la paginación original].
© José María Blázquez – Javier Cabrero
Himno a An
José María Blázquez Martínez – Javier Cabrero
A pesar de que la hímnica sumeria (1) es muy numerosa son muy pocos los
himnos dedicados al dios An, que han llegado hasta nosotros, y entre ellos destaca
el que vamos a presentar aquí. Fue publicado por primera vez por H. ZIMMER (2).
en 1913 y traducido por él mismo en 1916 (3). Esta literatura de carácter religioso,
cuya finalidad última era cantar las glorias de la divinidad a la que iban dedicados,
alcanzó una gran popularidad entre los fieles, que exaltan de tal manera al dios al
que dirigen sus plegarias, que olvidan a todos los demás dioses, dándole de esta
manera un carácter de dios supremo, llegando en ocasiones al punto que podría
pensarse que es dios único.
Un problema muy importante que se nos presenta en este tipo de textos, y que
hemos de tener muy presente, es el de su datación, ya que en muchas ocasiones resulta
prácticamente imposible realizarla y aparecen grabados en las paredes de infinidad
de monumentos; del mismo modo es muy frecuente que estas composiciones
permanezcan en la mente de los fieles y las transmitan de padres a hijos de manera
oral, hasta que alguno de ellos se decida a ponerla por escrito, de ahí que desde el mo-
mentó de su composición hasta el de su plasmación sobre algún soporte material,
puedan transcurrir varios cientos de años.
Dentro del complicado panteón sumerio, fruto de siglos de evolución, el dios
An ocupa un lugar de privilegio. Su ideograma es una estrella de ocho puntas
(Shamû en acadio) que es la representación del cielo, y con el tiempo se convertirá
en un genérico que designa a todos los dioses. Su puesto a la cabeza del panteón
es innegable, aunque con el paso del tiempo en muchas ciudades su puesto fue
ocupado por dioses locales que en ocasiones tomaban parte de sus prerrogativas.
Forma parte de la triada cósmica integrada por An (cielo), Enlil (tierra) y Enki
(agua). En su papel de dios de los cielos y padre los dioses ocupaba el santuario
del Eanna o "casa del cielo" ubicado en la ciudad santa de Uruk. Es en la bóveda
celeste ocupada por An donde se refugiarán los atemorizados dioses (4) al comprobar
las consecuencias del diluvio universal que había sido decretado en una
reunión divina presidida por An y a la que asistieron Enlil, Ninurta, Ennugi, Ea y
posiblemente Ishtar. El hecho de ocupar la cúspide del panteón implica también
que su número simbólico sea el 60, base del sistema sexagesimal empleado por
los sumerios. Junto con Enlil es invocado por Hammurabi en el prólogo de su famoso
código (5) como inspirador de su obra legislativa. Su equivalente femenino y
pareja era Antu, diosa que nos es muy mal conocida y de la que tuvo dos hijos,
Enlil y Baba. A mediados del tercer milenio su importancia va decayendo, pero suculto se mantuvo hasta la época seléucida

1. Texto del himno:
1 ¡Señor supremo, que precedes a todos, que has hecho
poderosas las «Fuerzas divinas» (1) perfectas
el más anciano de los señores!
(Barsud)
5 El que levanta la cabeza, el enorme, el toro (2), del que sale todo germen
el del nombre importante, revestido de poderoso terror
cuya suprema sentencia nadie derriba,
la «montaña de las puras fuerzas divinas» (3), revestida de terror
se ha sentado en el sillón grande:
10 An, rey de los dioses (4),
(Shabatuku)
le miró desde lejos con su mirada fija,
al príncipe Lipit-Ishtar (5) le miró con su mirada fija,
le dio vida para días lejanos
15 el príncipe Lipit-Ishtar le dio vida para días lejanos.
La sentencia de An está sólidamente asentada,
ningún dios se opone a ella,
los dioses Anunna (6), todos los dioses
se reunieron con él en el lugar del destino.
(Shabatuku)
20 Ha hecho aparecer radiantemente todas las grandes «fuerzas divinas»,
los dioses del cielo (por esto) acudieron a él
(Barsud)
Dispuso con justicia las reglas (del cielo) (7),
25 cualquiera se le doblega en el cielo y en la tierra.
con su suprema «fuerza divina», en [...]
el gran An regaló el reino estimado
a Lipit-Ishtar, hijo de Enlil.
(Sagidda)
30 Grande es An, el dios que aparece es grande,
el apoyo del poderoso An es el rey Lipit-Ishtar. (es su antífona)
An, con su corazón rebosante de gracia, le nombró rey,
(y) le habló fielmente al descendiente real:
35 «¡Lipit-Ishtar, te he otorgado el poder, que levantes orgullosamente tu
cabeza al cielo,
que, igual que una tempestad naciente, seas tú revestido de terrible
resplandor,
que tu temporal cubra a todos los enemigos (y) a la tierra extranjera
insubordinada!
¡Impusiste justicia a Sumer y Akad (8), alegraste el corazón del país,
apareciste, Lipit-Ishtar, hijo de Enlil (9), reluciente como el día!
40 ¡(Que) las ciudades donde viven los hombres estén al unísono contigo, que
el pueblo de los "cabezas negras" (10), numeroso como las ovejas, siga tu
buen mandato!
¡Lipit-Ishtar, hasta el país extranjero tu eres su rey!
¡El alto trono principal, el adorno eterno,
Enlil te dio fielmente, te consolidó su fundamento,
45 ¡Zu-en (11) te colocó la corona firmemente, que la lleves para siempre!
¡Enki (12) te revistió de las "fuerzas divinas" del principado,
Inanna (13) te acompaña en su vestido de princesa,
que te acompañen el "buen Udug" (14), el "espíritu tutelar del Ekur(15)",
que intercedan por ti en tus ofrendas alimenticias,
José María Blázquez Martínez – Javier Cabrero: Himno a An
50 cuando ofrezcas uvas y leche!
¡Niño, criatura de Enlil, que todo lo logres!»
Siguen dos versos destruidos
(Sagarra)
55 An, revestido de terror, te ha donado a ti,
al hijo elegido de E[nlil], grandes dones. (Es su antífona).
La palabra de An determina la buena suerte,
la palabra del gran An [determina] la buena suerte;
a Lipit-Ishtar, hijo de Enlil, [le ofrece su] brazo.
Uru-en
Adab para An

1 Los himnos sumerios fueron de muy variado carácter, así por ejemplo tenemos los adab que
era el más común y a este grupo pertenece el que vamos a estudiar; los tighi similar al anterior, en
principio estaban destinados a los dioses, para luego alabar sobre todo a los soberanos; los balbale
que poseían numerosas temáticas como alabanza a los dioses, a los reyes, cantos de amor, etc.; los
shirgidda o cantos largos en lo que se refiere a su ejecución; los shirnamursanga que son cantos
heroicos; los shirnamshubba o «cantos del destino»; los ershemma que eran cantos de lamentación
y los ershahunga que estaban integrados por oraciones individuales. Sobre todo esto se puede
consultar G. RINALDI, Le letterature antiche del Vicino Oriente, Roma, 1968, pp. 36-41; F.
LARA, Himnos sumerios, Madrid, 1988, pp. XXXVIII-XLI.
2 Sumerische Kultlieder aus altbabylonischer Zeit II. Leipzig, 1913, n. 199, 8. Así mismo E.
CHIERA, Sumerian Text of Varied Contents, Chicago, 1934, n. 63, 23.
3 «König Lipit-Ishtar's Vergöttlichung ein altsumerisches Lied». En BSGW 68,V, 1916, pp.
12-15. Más reciente es la traducción de A. FALKENSTEIN - W. VON SODEN, Sumerische und
Akadiske Hymnen und Gebete. Zurich - Stuttgart, 1953, n. 20, pp. 102-105. En lengua castellana,
F. LARA, Himnos... op. cit., pp. 3-6, a quien agradecemos sus muchas sugerencias así como el
permitirnos el uso la traducción establecida por él.
José María Blázquez Martínez – Javier Cabrero: Himno a An
4 Poema de Gilgamesh XI, III, 113-114. (vid. F. LARA, Poema de Gilgamesh, Madrid, 1988,
p. 152.
5 Cod. Ham., Anv. 1.1-30 (vid. F. LARA, Código de Hammurabi, Madrid, 1986, p. 3).José María Blázquez Martínez – Javier Cabrero: Himno

2. Comentario :
Las referencias a los diferentes textos antiguos están basadas en las traducciones
establecidas en las siguientes obras. Para el Enuma Elis, F. LARA PEINADO
y M. GARCÍA CORDERO, Poema Babilónico de la Creación, Editora Nacional,
Madrid, 1981; para el Código de Hammurabi, F. LARA PEINADO, Código de
Hammurabi, Editora Nacional, Madrid, 1982 (nueva edición revisada y aumentada
en Editorial Tecnos, Madrid, 1986); para el Poema de Gilgamesh, F. LARA
PEINADO, Poema de Gilgamesh, Madrid, 1980 (nueva edición, revisada y aumentada
en Editorial Tecnos, Madrid, 1988).
(1) Se refiere a los me, principios que regían la existencia que fueron
creados por Enlil.
(2) El toro en las culturas de la antigüedad va a ser extremadamente importante.
Símbolo de coraje y fuerza viril posee numerosas representaciones
en el arte mesopotámico, destacando las encontradas en la
Necrópolis Real de Ur, donde cabezas de toro de gran belleza decoran
los frontales de liras y arpas. Su culto alcanzó un gran desarrollo en
toda la cuenca mediterránea. Citemos como ejemplo la civilización
minoica con la leyenda del minotauro en la que un toro de extremada
belleza enviado por Poseidon tiene amores con Parsifae, esposa de
Minos, o su papel en religiones mistéricas como la mitraica; e incluso
de su culto tenemos ejemplos en la Península Ibérica en los
numerosos toros de piedra realizados por los velones; las representaciones
taurinas encontradas en Porcuna o su gran importancia en en
área baleárica en donde destacan las cabezas de bronce encontradas
en Costig (Mallorca).
(3) Esta es una de las atribuciones de An que posteriormente tomará
Enlil, convirtiéndose en la «Gran Montaña», «Montaña del viento»,
«Monte de los Igigi».
José María Blázquez Martínez – Javier Cabrero: Himno a An
(4) Aquí aparece claro el papel de dios supremo por parte de An papel
que con el tiempo le sería arrebatado por Enlil.
(5) Lipit-Ishtar (1934-1924). Sucesor de Ishme-Dagan fue el último rey
de la dinastía de Isin inaugurada por Ishbi-Erra, que por un breve período
de tiempo tomó el relevo de Ur tras la caída de su III dinastía.
(6) Se trata de un conjunto de dioses que van a acompañar a An en el
cielo. Su función primordial radica en determinar el destino, sin embargo
no está del todo claro sobre que seres poseían poder. El número
de Anunna varía según los diferentes textos, desde siete hasta 600. En
el Enuma Elis VI, 34-42, Marduk va a dividirlos en dos grupos de
300, uno de estos grupos quedará establecido como guardián del cielo,
y el otro será para la tierra. En agradecimiento a Marduk por este
hecho, los Anunna van a construir un templo dedicado al propio
Marduk, Enlil y Enki (Enuma Elis VI, 59-68): «Después de haber
construido otra torre con gradas tan alta como Apsû establecieron en
ella una morada para Marduk, Enlil y Ea».. En un primer momento
los Anunna van a ser considerados como divinidades en general, para
quedar postergados, en una segunda etapa, a ser divinidades inferiores,
de la tierra, el agua y el mundo subterráneo. A este respecto hemos
de mencionar el hecho de que en ciertos mitos aparecen como
jueces de los difuntos, en calidad de dioses de ultratumba; todo ello
queda patente en otra de las denominaciones que se les aplica: shairsitim,
"los del mundo subterráneo". Ha llegado hasta nosotros un
testimonio, a través de una tablilla sumero-acadia, en la cual se nos
presenta al dios Enki ayudado por los Anunna, y una vez finalizada la
creación del mundo y para llevar a cabo la creación de la humanidad
se servirán de la sangre del dios Lamga. Por último hemos de hacer
mención de los Igigi, que son los dioses celestes en oposición a los terrestres
que son los Anunna. Ambos van a señorear sobre las tinieblas
y a capricho abreviarán los días y prolongaran las noches.
(7) El establecimiento o la inspiración de la legislación es obra de los
dioses, dejando para los hombres su codificación como en el caso del
Código de Hammurabi, Prologo, Anv. I, 20-30: «...entonces Anum y
Enlil me señalaron a mí, Hammurabi, "' príncipe piadoso, temeroso
de mi dios, para proclamar el derecho en el País»..
(8) Se trata esta de una referencia clara al código de leyes, redactado en
época de Lipit-Ishtar, rey que en numerosos inscripciones recibe el
apelativo de «legislador». El texto de este código, aún incompleto
José María Blázquez Martínez – Javier Cabrero: Himno a An
no procede de un único hallazgo sino que se encontraba disperso en
tablillas pertenecientes a varios museos (el de Filadelfia y el del
Louvre principalmente). Actualmente poseemos un prólogo, 43 leyes
y un incompleto epilogo. Escrito en lengua sumeria destaca el hecho
de que no contempla la Ley del Talión que es sustituida por indemnizaciones
en metálico.
(9) Los monarcas sumerios tenían a gala ostentar entre sus títulos el de
"hijo de Enlil". Integrante de la triada cósmica su número simbólico
era el 50, inmediatamente detrás de An. Con el tiempo se convirtió en
la gran figura del panteón sumerio tomando parte de las atribuciones
de An y en numerosas ocasiones igualándole en poder. Primitivamente
su nombre significa «señor del viento», y más tarde le será atribuido
el significado de «señor de la tierra». En los textos de Gudea es el
viento que mueve las aguas y quién desencadena el diluvio. En el
Código de Hammurabi aparece como «señor de los cielos y de la
tierra (Código de Hammurabi, Prologo, Anv. 1,1-10) y así mismo es
el encargado de establecer los destinos del país. Impone la ley a todos
los habitantes del mundo (recordemos que junto con An es el inspirador
del Código de Hammurabi), castiga a los perjuros y sus órdenes
son irrevocables. En un texto de Entemena de Lagash es considerado
como «padre de los dioses», rivalizando en esto con An y Assur.
Enlil, al igual que otros dioses tiene una pareja femenina Ninlil «señora
del cielo y de la tierra». El culto a Enlil tiene su lugar más importante
en la ciudad de Nippur en el santuario del Ekur. Fruto de su
unión con Ninlil fueron Ninguirsu y Nanna.
(10) Si bien en principio el término "cabezas negras" (sag-gig-ga) designaba
únicamente a los sumerios, con posterioridad, dentro de la
literatura mesopotámica, esta expresión pasa a designar a todos los
habitantes mortales de la tierra, es decir, a la raza humana en general.
Respecto al nombre metafórico de "cabezas negras" habría que buscar
su interpretación en el hecho de que los dioses miraban a los mortales
desde su morada en las altura, y desde esta panorámica lo que más
resaltaba eran los negros cabellos de los humanos A este respecto vid.
F. LARA, Código de Hammurabi, Madrid, 1982, pp. 137 (= Madrid,
1986, pp. 54-55). En el mito del diluvio sumerio, del que su principal
protagonista es el rey Ziusudra, se nos dice que los creadores de los
"cabezas negras" fueron An, Enlil, Enki y Ninhursag (diosa madre sumeria
cuyo nombre más común era Nintu). Asimismo aparecen en
otros mitos como el del nacimiento de Sargón de Agade, el de los
Cincuenta Nombres de Marduk, el Poema de Erra, etc., en
José María Blázquez Martínez – Javier Cabrero: Himno a An
los que son considerados como súbditos leales de reyes y dioses Vid.
F. LARA, Mitos Sumerios y Acadios, Madrid, 1984, obra en la que se
recogen todos estos mitos.
(11) Se trata del dios luna Sin. Era hijo de Enlil y padre de Samash,
Nusku e Ishtar. Su esposa era Ningal. Formaba triada astral junto con
sus hijos Samash, representado por el disco solar, e Ishtar, representada
por un astro inscrito en un círculo que simboliza el planeta Venus.
Su nombre sufrió diversas modificaciones a lo largo de los años
y entre los distintos pueblos. Los sumerios le conocieron por Nanna
(na-an-na "hombre del cielo") o Nannar "luminaria de los cielos y de
la tierra". Se escribía con el ideograma En.Zu, que se puede traducir
como "señor del saber", "al que nadie puede deslumbrar". Fonéticamente
los babilonios escribieron Zu-en, que daría paso al nombre
acadio de Sin (Si-in o Si-en-nu). Su alegoría era el creciente lunar y su
número simbólico era el 30 (10 + 10 + 10), lo que le sitúa en el cuarto
lugar de la jerarquía de los dioses a continuación de Enki (Ea). Es necesario
poner en concomitancia este número simbólico con la duración
del mes, que era de 29 o 30 días (período lunar), por ese motivo
fue considerado como "señor del mes" (bâl-arhi), lo que le dio las
atribuciones de encargado de regular los días del mes y por consiguiente
del año; tiene por tanto un papel preponderante dentro del calendario.
Asimismo es consejero de los dioses a los que guía en sus
decisiones y establece el destino de los hombres. Por otra parte, junto
con Samash posee las atribuciones de ejercer la justicia: Samash durante
el día y él durante la noche. Otra de sus atribuciones es la de
nombrar a la realeza y conferirles la corona y el cetro, símbolo de su
cargo. Como tal posee el título de "Señor de la corona", y así aparece
en el Enuma Elis (Enuma Elis V, 14.). Asimismo la luna juega un papel
de primer orden en la ciencia de los presagios como lo demuestran
una larga serie de escritos de época de los sargónidas.
Son varias las representaciones que tenemos de él en las estelas.
La más significativa es la que aparece en la Estela de Ur-Nammu, rey
fundador de la III dinastía de Ur, donde aparece sentado en un trono, el
rostro adornado con una larga y ondulada barba, tiara con cuatro pares
de cuernos sobre la cabeza, y en lo más alto de ella una representación
del creciente lunar; en la mano derecha sostiene el bastón y el cetro, y
en la izquierda sujeta contra su pecho un hacha. Otras representaciones
nos lo presentan como un anciano tocado con turbante y una larga barba
de lapislázuli. El lugar de culto más importante de Sin (Nanna), fue Ur,
donde se le construyó un templo escalonado que recibió el nombre de
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E-Kishnugal, "casa de la Luz", mandado edificar por Ur-Nam-mu y
después restaurado por Nabónido. Era de planta rectangular y estaba
rodeado de una muralla, en el interior de la cual había también un
templo dedicado a Ningal, esposa de Sin.
(12) Integrante de la triada suprema junto con An y Enlil, Enki tenía por
número simbólico el 40 y fue identificado con Ea "casa del agua".
Entre sus principales características están la sabiduría y sobre todo su
gran fuerza física lo que le permitió sin grandes dificultades dominar
al "señor del océano", Apsu, y establecer en las aguas oceánicas su
morada. Se convirtió en el dios de la purificación, las aguas limpian
cualquier impureza, la verdad que emana de su gran sabiduría, las
ciencias y las artes. Entre sus acciones se encuentra la creación del
hombre y la salvación de la humanidad del diluvio (Poema de
Gilgamesh XI, 20-32 y 38-47). Casado varias veces, entre sus esposas
se encuentran Ninki "señora de la tierra", Ninhursag "señora de la
montaña" y Damkina "señora de los cielos y de la tierra". Su principal
lugar de culto estuvo en el santuario dedicado a él en Eridu.
(13) Diosa sumeria que representa al planeta Venus al que los sumerios
consideraban como un astro. Su representación es una estrella con
ocho o dieciséis puntas o rayos, teniendo por número simbólico el
quince y ocupando por tanto el tercer lugar de la triada astral que formaba
junto con Sin y Samash.
Los textos no son unánimes a la hora de establecer su parentesco: en
unos aparece como hija de Sin (Luna), por el contrario, en otros la encontramos
como descendiente de An y de Antum, y posee dos hermanos
Shamash y Ereskhigal. Su historia, al igual que la de numerosas
divinidades es turbulenta y le es atribuida la eliminación de su madre
Antum para de este modo poder ocupar su puesto como esposa de An.
Inanna se convertirá en la diosa del amor, y como tal poseyó una lista
larguísima de amantes, llegando incluso a intentar la seducción, pero
sin existo, del monarca de Uruk, el héroe Gilgamesh (Enuma Elis VI,
6, 23). "Señora del cielo", conocida también como Ishtar alcanzará un
gran prestigio, hasta el punto que su nombre será empleado como determinativo
de todas las diosas llegándose a utilizar incluso en plural,
alcanzando su culto una considerable extensión. Sus dos principales
atribuciones van a ser como diosa del amor y como diosa de la guerra
y por tanto no será adorada en un único sentido y dado sus diversas
atribuciones le serán levantados varios templos.
Como diosa del amor, entre sus atribuciones está la fertilización de
los campos y la protección de la maternidad por lo que en ocasiones
José María Blázquez Martínez – Javier Cabrero: Himno a An
es representada con un niño entre los brazos, iconografía que posteriormente
pasará al cristianismo. También se pueden encontrar representaciones
de la diosa desnuda, en actitud de oprimirse los pechos
con ambas manos; en este caso es identificada con el amor carnal asimilándose
su culto a las Ishteritu o prostitutas sagradas, que desempeñaban
sus funciones en el templo a modo de sacerdotisas, y eran las
representantes de la diosa en la tierra.
La segunda atribución que hemos mencionado es como diosa de la
guerra, atribución que aparece claramente reflejada en el código de
Hammurabi (Código de Hammurabi XXVII, 99-100), y como tal estaba
emparejada a Assur, dios de la guerra por excelencia. Su representación
en este caso era por medio de un león y sus armas eran espada,
casco y un manojo de flechas. Por último y como un honor concedido
por su padre y esposo An, es reconocida como diosa de las estrellas.
Predomina sobre la luz y el crepúsculo, siendo nexo de unión entre
sus hermanos Shamash y Ereskhigal, convirtiéndose en estrella nocturna
"Ishtar de Uruk" y estrella diurna "Ishtar de Acad".
(14) Genio o espíritu benigno que por contraposición posee un paralelo
maligno que es portador de enfermedades.
(15) El Ekur «casa de la montaña», era el templo construido para En-lil
en Nippur, ciudad en la que tuvo un culto muy destacado. El Ekur se
convirtió en uno de los santuarios más venerados por los reyes mesopotámicos,
que sucesivamente, rivalizaron en su construcción y consolidación.
Las reformas fueron muy numerosas. En la ciudad de
Assur existió también un templo denominado Ekur, dedicado al dios
Assur, que había sido sincretizado con Enlil. Estaba situado en una
montaña al NE de la ciudad, montaña que a partir del reinado de Salmanasar
I se transformó en un recinto sagrado.






LA EPOPEYA DE GILGAMESH







La Epopeya del Gilgamesh


Tablilla I
(I)
Aquel que vio todo [hasta los confine]s de la tierra, [Que todas las cosa]s experimentó, [conside]ró todo. [...] juntamente [...], [...] de sabiduría, que todas las cosas.[..]. (5) Lo [o]culto vio, [desveló] lo velado. Informó antes del Diluvio, Llevó a cabo un largo viaje, cansado y [derren]gado. Todo su afán grabó en una estela de piedra. De la terraplenada Uruk el muro construyó, Del reverenciado Eannal, el santuario puro.

¡Contempla su muralla exterior, cuya cornisa es como el cobre! ¡Mira la muralla interior, que nada iguala! ¡Advierte su umbral, que de antiguo viene!
Acércate a Eanna, la morada de Istar, Que ni un rey futuro, ni un hombre, puede igualar. Levántate y anda por los muros de Uruk, Inspecciona la terraza de la base, examina sus ladrillos:

¿No es obra de ladrillo quemado? ¿No echaron sus cimientos los Siete [Sabios]?
Falta el resto de la columna. Un fragmento hitita [cf. J. Friedrich, ZA, XXXIX (1929), 2-5] corresponde en parte a la porción inicial deteriorada de nuestra columna 1l y, por ende, parece contener algo del material del final de la I columna. De tal fragmento se desprende que varios dioses intervienen en la formación de Gilgamesh, al que dotaron de talla sobrehumana. Finalmente, Gilgamesh llega a Uruk.
(II)
Dos tercios de él son dios, [un tercio de él es humano]. La forma de su cuerpo[...] (3-7) (líneas mutiladas o ausentes) (8) [...] como un buey salvaje altivo [...]; El empuje de sus armas no tiene par. Mediante el tambor se reúnen [sus] compañeros. Los nobles de Uruk están som[bríos] en [sus cáma]ras:
«Gilgamesh no deja el hijo a [su] padre; [Día] y [noche] es desenfrenada su arro[gancia]. [¿Es éste Gilga]mes, [el pastor de la amurallada] Uruk? ¿Es éste [nuestro] pastor, [osado, majestuoso, sabio]?
[Gilgamesh] no deja [la doncella a su madre], ¡La hija de guerrero, [la esposa del noble]! Los [dioses escucharon] sus quejas. Los dioses del cielo del señor de Uruk [ellos... ]:
«¿No parió [Aruru] este fuerte buey salvaje? [El empuje de sus armas] en verdad no tiene par. Mediante el tambor se reúnen sus [compañeros]. Gilgamesh no deja el hijo a su padre; Día y noche [es desenfrenada su arrogancia].
¿Es éste el pastor de [la amurallada] Uruk? ¿Es éste su [...] pastor, Osado, majestuoso (y) sabio?...
Gilgamesh no deja la doncella a [su madre], ¡La hija del guerrero, la esposa del noble!»
Cuando [Anu] hubo escuchado sus quejas, A la gran Aruru llamaron: «Tú, Aruru, creaste [el hombre]; Crea ahora su doble; Con su corazón tempestuoso haz que compita. ¡Luchen entre sí, para que Uruk conozca la paz!»
Cuando Aruru oyó esto, Un doble de Anu en su interior concibió. Aruru se lavó las manos, Cogió arcilla y la arrojó a la estepa. [En la este]pa creó al valiente Enkidu, Vástago de..., esencia de Ninurta. [Hirsu]to de pelo es todo su cuerpo, Posee cabello de cabeza como una mujer. Los rizos de su pelo brotan como Nisabal.
No conoce gentes ni tierra: Vestido va como Sumuqan. Con las gacelas pasta en las hierbas, Con las bestias salvajes se apretuja en las aguadas, Con las criaturas pululantes su corazón se deleita en el agua.
(Ahora bien) un cazador, un trampero, Se le encaró en el abrevadero [Un] día, un segundo y un tercero Se le encaró en el abrevadero Cuando el cazador le vio, su faz se inmovilizó.
El y sus animales entraron en su casa, [Transido de] miedo, quieto, sin un sonido, (Mientras) su corazón [se turbaba], nublado su rostro. Pues el pesar había [penetrado] en su vientre; Su cara era como la [de un viejero] llegado de lejos.
(III)
El cazador abrió [su boca] para hablar, Diciendo a [su padre]:
«Padre mío, hay [un] hombre que [ha venido de las colinas], Es el más poder[oso de la tierra]; vigor tiene. [¡Como la esencia] de Anu, tan tremendo es su vigor! [Siempre] recorre las colinas, [Siempre] con las bestias [se nutre de hierba]. [Siempre planta] los pies en la aguada. [¡Tan espantado estoy, que] no oso acercarme a él! [Cegó] las hoyas que yo había excavado, [Destrozó] mis trampas que yo había [puesto], Las bestias y las criaturas del llano [Hizo escapar de mis manos]. [¡No permite que] me dedique a la caza!»
[Su padre abrió la boca para hablar], Diciendo al cazador:
«[Hijo mío], en Uruk [vive] Gilgamesh. [Nadie hay más fuerte] que él. [¡Como la esencia de Anu, tan tre]mendo es su vigor! [Ve, pues; hacia Uruk dirige] tu faz, [Refiérele] el poder del hombre. [Haz que te entregue una ramera]. Lléva(la) [contigo]; (20) [Prevalecerá sobre él] a causa de [un mayor] poder. [Cuando abreve los animales en] la aguada, [Se quitará] el ves[tido, mostrando desnuda] su madurez. [En cuanto vea] a ella, a ella se acercará. ¡Le rechazarán las bestias [que crecieron] en su estepa!»
[Oyendo] el consejo de su padre, El cazador avanzó [hacia Gilgamesh]. Emprendió el camino, en Uruk puso [el pie]:
«[... ] Gilga[mes... ], Hay un hombre [que ha venido de las colinas], (30) El más poder[oso de la tierra; vigor tiene]. Como la esencia de Anu, tan tremendo es [su vigor]. [Siempre] recorre las colinas, Siempre con las bestias [se nutre de hierba]. Siempre [planta] los pies en la aguada. ¡Tan espantado estoy que no oso acercarme a [él]! Cegó las hoyas que [yo] había excavado, Destrozó mis trampas [que yo había puesto], Las bestias y las criaturas [del llano] Hizo escapar de mis manos. ¡No permite que me dedique a la caza!»
(40) Gilgamesh le dijo, [a]l cazador:
«Ve, cazador mío; lleva contigo una ramera. Cuando abreve los animales en la aguada, Se quitará el vestido, mostrando desnuda su madurez. En cuanto la vea, a ella se acercará. ¡Le rechazarán las bestias que crecieron en su estepa!»
Fuese el cazador, llevando con él una ramera. Emprendieron el camino, yendo rectos en su dirección. Al tercer día al sitio indicado llegaron. El cazador y la ramera se sentaron en sus lugares.
(50) Un día, un segundo día, estuvieron sentados, junto a la aguada. Las bestias salvajes llegaron a la aguada a beber.
(IV)
Las criaturas pululantes llegaron, deleitándose su corazón en el agua. En cuanto a él, Enkidu, nacido en las colinas - Con las gacelas pasta en las hierbas, Con las bestias salvajes se abreva en la aguada, Con las criaturas pululantes su corazón se deleita en el agua -
La moza le contempló, al salvaje, Al hombre bárbaro de las profundidades del llano:
«¡Ahí está, oh moza! ¡Desciñe tus pechos, Desnuda tu seno para que posea tu sazón! ¡No seas esquiva! ¡Acoge su ardor! En cuanto te vea, se acercará a ti. Desecha tu vestido para que yazga sobre ti. ¡Muestra al salvaje la labor de una mujer! Le rechazarán las bestias salvajes que crecen en su estepa, Cuando su amor entre en ti».
La moza libertó sus pechos, desnudó su seno, Y él poseyó su madurez. No se mostró esquiva al recibir su ardor. Desechó su vestido y él descansó en ella. Mostró al salvaje el trato de una mujer, (20) Cuando su amor entró en ella. Durante seis días y siete noches Enkidu se presenta, Cohabitando con la moza. Después que (se) hubo saciado de sus encantos, Volvió el rostro hacia sus bestias salvajes. Al verle, Enkidu, las gacelas huyeron, Las bestias salvajes del llano se alejaron de su cuerpo. Sorprendióse Enkidu, su cuerpo estaba rígido, Sus rodillas inmóviles - pues sus bestias salvajes habían huido.
Enkidu hubo de aflojar el paso - no era como antaño Pero entonces tiene [sa]biduría, más [am]plia comprension. (30) Volvióse, sentándose a los pies de la ramera. Mira a la cara de la ramera, Atento el oído, cuando la ramera habla; [La ramera] le dice, a Enkidu:
«¡Tú eres [sabio], Enkidu, eres como un dios! ¿Por qué con las criaturas silvestres vagas por el llano? ¡Ea!, deja que te lleve [a] la amurallada Uruk, Al santo templo, morada de Anu e Istar, Donde vive Gilgamesh, perfecto en fuerza, Y como un buey salvaje señorea sobre el pueblo».
(40) Mientras le habla, sus palabras encuentra favor, Su corazón se ilumina, ansía un amigo. Enkidu le dice, a la ramera:
«¡Arriba, moza! Escóltame Al puro templo sagrado, morada de Anu e Istar, Donde vive Gilgamesh, perfecto en fuerza, Y como un buey salvaje señorea sobre el pueblo. Le retaré [y osada]mente me dirigiré a él,
(V)
Gritaré en Uruk: "¡Yo soy el poderoso! [Yo soy aquel] que puede alterar los destinos, [(Aquel) que] nació en el llano es poderoso; vigor tiene"».
«[Levanta, pues, y vamos, para que vea] tu rostro. [Te mostraré Gilgamesh; donde] está bien sé. Vamos, pues, oh Enkidu, a la amurallada [Uruk], Donde la gente res[plande]ce en festiva indumentaria, (Donde) cada día es fiesta, Donde [...] mozos.... (10) Y mo[z]as [...] de figura. Su sazón [...] henchida de perfume. ¡Apartan a los grandes de sus lechos! A ti, oh Enkidu, que disfrutas de la vida, Mostraré a Gilgamesh, el hombre jocundo.
Mírale, contempla su faz; Radiante está de virilidad, fuerza tiene. Todo su cuerpo es suntuoso de madurez, Vigor más poderoso que tú tiene, Sin descansar jamás de día o de noche. (20) ¡Oh Enkidu, renuncia a tu presunción! Gilgamesh - a él estima Samas; Anu, Enlil y Ea dilataron su sabiduría. Antes de que bajes de las colinas, Gilgamesh te verá en (sus) sueños en Uruk:...»

Omitidas las restantes líneas de la versión asiria de la tablilla I, por cuanto la babilónica antigua de la tablilla II comienza en este punto.
Tablilla II
VERSION BABILONICA ANTIGUA
(I)
Gilgamesh se levantó para revelar el sueño, Diciendo a su madre: «Madre mía, durante la noche Me sentí alegre y anduve En medio de los nobles. Las estrellas aparecieron en los cielos. La esencia de Anu descendió hacia mí. (10) Intenté levantarlo; ¡pesaba demasiado para mí! Intenté moverlo; ¡moverlo no pude! La tierra de Uruk lo rodeaba, Mientras los nobles besaban sus pies. Cuando afirmé mi frente, me dieron soporte. Lo levanté y lo traje a ti».
La madre de Gilgamesh, que todo lo conoce, Dice a Gilgamesh: «Ciertamente, Gilgamesh, uno como tú Nació en la estepa, Y las colinas le criaron. (20) Cuando le veas, [como (de encima de) una mujer] te regocijarás. Los nobles besarán sus pies; Tú le abrazarás y [..]. a él; Tú le conducirás a mí».
Se acostó y vio otro [Sueño]: dice a su madre:
«[Madre mía], vi otro [...] en la confusión. En la calle [De] Uruk de amplios mercados Había un hacha, y (30) Se habían reunido alrededor de ella. Singular era la forma del hacha. En cuanto la vi, regocijém. Me gustó, y como si fuera una mujer, Me atrajo. La cogí y la coloqué En mi costado».
La madre de Gilgamesh, que todo lo conoce, [Dice a Gilgamesh]: (laguna breve)

(II)
«Porque hice que rivalizara contigo». Mientras Gilgamesh revela su sueño, Enkidu se halla sentado ante la ramera.
[... ] ellos dos.
[Enki]du olvida dónde nació. Durante seis días y siete noches Enkidu sale, Cohabitando con la m[oza]. Después la ramera abrió la boca, (10) Diciendo a Enkidu:
«Según te veo, Enkidu, te has hecho como un dios; ¿Por cuál motivo con las criaturas salvajes Tú recorres la llanura? Levántate, te guiaré A Uruk, de amplios mercados, Al templo santo, morada de Anu; Enkidu, levántate, te guiaré A Eanna, morada de Anu, Donde vive [Gilgamesh, cabal] en sus hazañas, (20) Y tú, co[mo...], Amarás [a él como] a ti mismo. ¡En pie, álzate del suelo, Lecho del pastor!»
Escuchó sus palabras, aprobó su alocución; El consejo de la mujer Cayó en su corazón. Ella se quitó (sus) vestidos; Con una (prenda) le ciñó, Con la otra prenda (30) Vistió a sí misma. Tomándole de la mano, Le lleva como una madre A la junta de los pastores, Al sitio del redil.
En torno a él los pastores se apiñaron. (faltan varias líneas)
(III)
La leche de las criaturas salvajes Solía mamar. Comida dispusieron ante él; Se atragantó, boqueó Y abrió mucho los ojos. Nada sabe Enkidu De comer manjares; A apurar bebida fuerte No le habían enseñado. (10) La ramera abrió la boca, Diciendo a Enkidu:
«Come el alimento, Enkidu, Porque es deber de vida; Consume la bebida fuerte, porque es costumbre de la tierra». Enkidu comió el alimento, Hasta que se hubo saciado; De bebida fuerte apuró Siete copas. Despreocupado se hizo su talante (y) alegre, Su corazón exultó Y su cara resplandeció. Frotó [la excrecencia velluda], El pelo de su cuerpo, Ungióse con óleo, Se hizo humano. Se puso vestidos, ¡Es como un novio! Empuñó su arma Para espantar los leones, A fin de que los pastores puedan descansar de noche. Apresó lobos, Capturó leones, Los principales ganaderos reposaron sosegados; Enkidu es su centinela, ¡El hombre atrevido, El héroe único!
A [...] dijo:
(faltan varias líneas)
(IV)
Festejó.
(faltan unas ocho líneas) Cuando levantó los ojos, Contempló un hombre. Dice a la ramera:
«¡Trae a ese hombre, moza! ¿Por qué vino aquí? Hazme oír su nombre».
La ramera llamó al hombre. Yendo hasta él y diciéndole:
«Señor ¿ a dónde te apresuras ? ¿Cuál es tu afanoso rumbo?»
(20) El hombre abrió la boca, diciendo a En[kidu]:
«En la casa del consejo se ha [entremetido], Que se reserva para la gente, ... para himeneo. En la ciudad ha acumulado profanación. Imponiendo extrañas cosas a la infausta ciudad. Para el rey de Uruk, la de amplios mercados, (30) El tambor del pueblo suena para la elección nupcial.
Para Gilgamesh, rey de Uruk, la de amplios mercados, El tambor del pueblo suena Para la nupcial elección, A fin de que con legítimas mujeres se ayunte.
Él es el primero, El marido viene después. Por el consejo de los dioses (así) fue ordenado.
¡Al cortar su cordón umbilical Se decretó así para él!»
A estas palabras del hombre Su rostro palideció.
(faltan unas 3 líneas)
(V)
(faltan unas 6 líneas)
[Enkidu] camina [delante] Y la moza en pos de él. Cuando entró en Uruk, la de amplios mercados, (10) La población le rodeó. Cuando se detuvo en la calle De Uruk, la de amplios mercados, El pueblo se juntó, Diciendo de él:
«¡Es como Gilgamesh en persona! Aunque de talla más baja, Tiene los huesos más recios. [...] [Es el más fuerte de la tierra]; vigor tiene. (20) La leche de las criaturas salvajes Solía mamar. En Uruk (habrá) un constante (resonar de) armas».
Los nobles se regocijaron:
«¡Un héroe ha aparecido Para hombre del mismo porte! Para Gilgamesh, igual a un dios, Su igual ha comparecido».
Para Ishtar el Se dispone. Gilgamesh. [. . ], De noche . . [ . ], Cuando se acerca, [Enkidu] se yergue en la calle Para cerrar el paso A Gilgamesh [... ] en su poder.
(faltan unas 3 líneas)
(VI)
(faltan unas 5 líneas)
Gilgamesh [...] En la estepa [...] Brota [...] Se levantó y [...] (10) Ante él.
Se encontraron en el Mercado de la Tierra. Enkidu atrancó la puerta Con su pie, Impidiendo que Gilgamesh entrase. Se asieron uno a otro, Enlazados con fuerza, como toros. Destrozaron la jamba, Mientras el muro se estremecía. Gilgamesh y Enkidu (20) Se asieron uno a otro, Enlazados con fuerza, como toros; Destrozaron la jamba, Mientras el muro se estremecía. Cuando Gilgamesh dobló la rodilla - Con el pie en el suelo - Su furia se aplacó Y se volvió para alejarse.
Cuando se volvió, Enkidu a él Habla, a Gilgamesh:
«Por unigénito tu madre Te concibió, ¡La vaca salvaje de las dehesas, Ninsunna! Tu cabeza se alza sobre los hombres. ¡Realeza sobre la gente Enlil te ha concedido!»

Tablilla III
VERSION BABILONICA ANTIGUA
Los fragmentos del texto ponen en evidencia que Gilgamesh se propone salir contra el monstruoso Huwawa [asirio: Humbaba], que vive en la Selva de los Cedros. Enkidu procura disuadirle, pero el empeño de Gilgamesh resulta evidente en las siguientes líneas de la Versión Babilónica Antigua
(3) Gilgamesh abrió la boca, Diciendo a [Enkidu]:
«¿Quién, amigo mío, puede escalar al cie[lo]? Sólo los dioses [viven] eternamente bajo el sol Para la humanidad, contados son sus días; Ecl 1:2 ¡Cuanto ejecuta no es sino viento! Incluso tú temes la muerte. (10) ¿Qué hay de tu poder heróico? Deja que vaya delante de ti, Haz que tu boca me grite, "¡Avanza; no temas! Si yo cayere, habré conquistado nombradía: "Gilgamesh", dirán, "contra el fiero Huwawa ha caído". (Mucho) después que Mi estirpe haya nacido en mi casa».
Del texto fragmentario de las tablillas IV y V se colige que la arriesgada expedición de los dos héroes contra Huwawa se remata con éxito.
Tablilla III
Él se lavó la sucia cabellera, acicaló sus armas, La trenza de su pelo sacudió contra su espalda. Arrojó sus manchadas (cosas), se puso otras limpias, Se envolvió en un manto franjeado y se abrochó un ceñidor. Cuando Gilgamesh se hubo puesto la tiara, La gloriosa Istar levantó un ojo ante la belleza de Gilgamesh:
«¡Ven, Gilgamesh, sé tú (mi) amante! Concédeme tu fruto. Serás mi marido y yo seré tu mujer. (10) Enjaezaré para ti un carro de lapislázuli y oro, Cuyas ruedas son áureas y cuyas astas son de bronce. Tendrás demonios de la tempestad que uncir a fuer de mulas poderosas. En la fragancia de los cedros entrarás en nuestra casa. Cuando en nuestra casa entres, ¡El umbral (y) el tablado besarán tus pies! ¡Se humillarán ante ti reyes, señores y príncipes! El producto de colinas y de llano te ofrecerán por tributo. Tus cabras engendrarán crías triples, tus ovejas gemelos, Tu asno en la carga sobrepujará a tu mula. Los corceles de tu carro serán famosos por su carrera, [¡Tu buey] bajo el yugo no tendrá rival!»
[Gilgamesh] abrió la boca para hablar, [Diciendo] a la gloriosa Istar:
«[¿Qué daré] a ti para que pueda tomarte en matrimonio? [¿Te daré aceite] para el cuerpo y vestidos? [¿Daré] pan y vituallas? [... ] comida digna de la divinidad, [... ] bebida propia de la realeza.
(29-31) (mutilado)
[¿... si yo] te tomo en matrimonio? [No eres más que un brasero que se apaga] con el frío; Una puerta trasera [que no] detiene la ráfaga ni el huracán; Un palacio que aplasta al valiente [...]; Un turbante cuyo amparo [...]; Pez que [ensucia] a los porteadores; Odre que [empapa] al que lo carga; Piedra caliza que [comba] el baluarte de piedra; (40) Jaspe [que ... ] país enemigo; ¡Calzado que [oprime el pie] de su propietario! ¿A cuál amante amaste siempre? ¿Cuál de tus pastores plugo [a ti constantemente]?
Vamos, y men[cionaré para ti] tus amantes:
De...[.. ] Para Tammuz, el amante de tu juventud, Has ordenado llantos año tras año. Habiendo amado al pintado pájaro pastor, Le lastimas, rompiendo su ala. (50) En los sotos permanece, chillando: "¡Mi ala"!
Después amaste a un león, perfecto en fuerza; Siete hoyas y siete cavaste contra él. Luego a un garañón amaste, famoso en la batalla; El látigo, el acicate y la brida ordenaste para él. Decretaste para él un galope de siete leguas, Decretaste para él una bebida de agua cenagosa; ¡Para su madre, Silili, ordenaste gemidos!
Después amaste al guardián del rebaño, El cual siempre amontonó para ti pasteles, (60) A diario sacrificó cabritos por ti; Pero tú le afligiste, trocándole en lobo, Para que sus gañanes le ahuyentaran, Y sus perros le mordieran las ancas.
Luego amaste a Isullanu, jardinero de tu padre, Que te ofrecía siempre cestas de dátiles, Y diariamente adornó tu mesa. Tus ojos se levantaron hasta él, tú fuiste a él: "Oh Isullanu mío, ¡probemos tu vigor! ¡Extiende tu «mano» y toca nuestra «modestia»!"
(70) Isullanu te dijo: "¿Qué deseas de mí? ¿Acaso no coció mi madre, no he comido, Para que yo pruebe el manjar hediondo, impuro? ¿Protegen las cañas del frío?".
Cuando le oíste [hablar] así, Le castigaste y le convertis[te] en un topo. Le colocaste en medio de. . [. ]; No puede subir... no puede bajar... Si me amas, [me tratarás] como a ellos».
Cuando Istar oyó esto, (80) Istar se enfureció y [ascendió] al cielo. Se adelantó Istar ante Anu, su padre, A Antum, su madre, fue y [dijo]:
«Padre mío, ¡Gilgamesh ha acumulado insultos sobre mí! Gilgamesh ha enumerado mis hediondos hechos, Mi fetidez y mi impureza».
Anu abrió la boca para hablar, Diciendo a la gloriosa Istar:
«Pero, en verdad, tú incitarías. [. .], Y por ello Gilgamesh ha citado tus hediondos hechos, (91) Tu fetidez y tu impureza».
Istar abrió la boca para hablar, Diciendo a [Anu, su padre]:
«Padre mío, ¡ hazme el Toro del Cielo [para que castigue a Gilgamesh], [Y ] llene a Gil[games ...]! Si tú [no me haces] [el Toro del Cielo], Quebraré [las puertas del mundo inferior], Yo haré [ ... ], Yo [levantaré los muertos roídos (y) vivos], (100) ¡Para que los muertos superen a los vivos!»
Anu [abrió la boca para hablar], Diciendo [a la gloriosa Istar]:
«[Si hago lo que me] pides, [Habrá] siete años de cáscaras (hueras). ¿Has cosechado [grano para la gente]? ¿Has cultivado hierba [para las bestias]?»
[Istar abrió la boca] para hablar, [Diciendo a A]nu, su padre:
«[Grano para la gente] he almacenado, (110) [Hierba para las bestias] he proporcionado. [Si ha de haber siete] años de cáscaras, [He reu]nido [grano para la gente], [He cultivado] hierba [para las bestias]».
El estado fragmentario de las líneas 114-128 impide su traducción. Sin embargo, se desprende de ellas que Anu cedió a la petición de Istar, porque el Toro baja y mata centenares de hombres con sus dos primeros resuellos.
Con [su] tercer resoplido [saltó] contra E~lkidu. (130) Enkidu paró su embestida. Brincó a lo alto Enkidu, asiendo al Toro del Cielo por los cuernos. El Toro del Cielo lanzó [su] espuma a [su] cara, Le restregó con lo espeso de la cola.
Enkidu abrió la boca para hablar, Diciendo [a Gilgamesh]:
«Amigo mío, nos hemos preciado [...]».
Las líneas 137-151 están mutiladas, pero las incidencias de la lucha se manifiestan en las siguientes.
(152) Entre el cuello y las astas [hincó] su espada. Cando hubieron matado al Toro, arrancaron su corazón, Colocándolo ante Samas. Retrocedieron y rindieron homenaje a Samas. Los dos hermanos se sentaron.
Entonces Istar subió al muro de la amurallada Uruk, Se encaramó en las almenas, pronunciando una maldición:
«¡Ay de Gilgamesh porque me injurió Matando al Toro del Cielo!»
(160) Cuando Enkidu oyó estas palabras de Istar, Arrancó el muslo derecho del Toro del Cielo Y lo lanzó a su cara:
«Si pudiera atraparte, como a él Te trataría. ¡Sus entrañas colgaría a tu lado!»
(A esto) Istar congregó a las consagradas, Las mozas (de placer) y las rameras (del templo). Sobre el muslo derecho del Toro del Cielo lanzó un lamento.
Pero Gilgamesh llamó a los artífices, a los armeros, A todos (ellos). (170) Los artesanos admiraron la grosura de sus cuernos: Cada uno está compuesto de treinta minas de lapislázuli; La capa superior de cada uno tiene dos dedos (de grueso); Seis medidas de aceite, la capacidad de los dos, Ofreció como unción a su dios, Lugalbanda.
(Los) llevó y suspendió en su alcoba principesca. En el Éufrates se lavaron las manos, Se abrazaron a medida que caminaban, Atravesando la calle comercial de Uruk. La gente de Uruk se reúne para contemplar[los].
(180) Gilgamesh a las tañedoras de lira [de Uruk] 1 Sm 18:7 Dice (estas) palabras:
«¿Quién es el más espléndido entre los héroes? ¿Quién el más glorioso de los hombres?» «Gilgamesh es el más espléndido entre los héroes, [Gilgamesh es el más glori]oso de los hombres».
(186-188) (mutilado)
Gilgamesh en su palacio festeja. (190) Yacen los héroes en sus lechos nocturnos. También Enkidu está acostado, viendo un sueño. Se levantó Enkidu a relatar su sueño, Diciendo a su amigo:
«Amigo mío, ¿por qué los grandes dioses se juntan en consejo?»

Tablilla VII
Las dos primeras columnas de esta tablilla, el sueño de Enkidu, faltan en la Versión Asiria.
«[...]... Entonces llegó la luz del día».
[Y] Enkidu respondió a Gilgamesh:
«[O]ye el sueño que tuve anoche: Anu, Enlil, Ea y el celestial Samas [Celebraban consejo].
Y Anu dijo a Enlil: "Porque el Toro del Cielo mataron, y a Huwawa Mataron; por consiguiente", dijo Anu, "uno de ellos, Aquel que taló los montes del cedro, [Debe morir]".
Pero Enlil dijo: (10) "¡Enkidu debe morir; Pero Gilgamesh no morirá!
Entonces el celeste Samas respondiá al bravo Enlil:
¿No mataron por orden mía Al Toro del Cielo y a Huwawa? ¿Debe ahora el inocente Enkidu perecer?"
Pero Enlil se enfrentó Iracundo con el celestial Samas: "Porque muy semejante A un camarada suyo, tú bajaste a diario hasta ellos"».
Enkidu cayó (enfermo) ante Gilgamesh. Y mientras susl lágrimas se deslizaban (dijo):
«¡ Oh hermano mío, mi querido hermano! ¡ A mi tenían que Perdonar a expensas de mi hermano!»
(20) Además:
«¿Tengo yo junto al espíritu (de los muertos) Que sentarme, en la puerta del espíritu, (Y) jamás de nuevo [contemplar] a mi querido hermano con (mis) ojos?»
El resto se ha perdido. En una postrera revisión de su existencia, Enkidu parece lamentar los sucesos que le han llevado a tan triste trance, maldiciendo las etapas sucesivas de su vida predestinada. Una de sus maldiciones, conservadas en un fragmento asirio, se dirige contra la puerta que lisió su mano.
(36) Enkidu [...] levantó [sus ojos], Hablando a la puerta como si [fuera humana]: «¡Tú, puerta de los bosques, incom[prensiva], No dotada de entendimiento! (40) A veinte leguas de distancia elegí tu bosque, (Mucho) antes de que contemplara el cedro altivo. No tiene igual tu bosque [en la tierra]. Seis docenas de codos es tu altura, dos docenas tu anchura, [...] Tu poste, tu poste contera, tu poste tirador [...]. Un maestro de artífices de Mppur te construyó [...]. Si hubiese sabido, oh puerta, que esto [sucedería] Y que ésta [tu] belleza [...], Hubiese enarbolado el hacha, hubiese [...], ¡Hubiese colocado un marco de caña sobre [ti]!»
Sigue una extensa laguna. Cuando el texto se restablece, Enkidu, prosiguiendo su amargo balance, invoca la maldición de Samas sobre el cazador.

(III)
«¡[...] destruya su riqueza, disminuya su poder! Sea su [camino repugnante] en tu presencia. Escapen [las bestias que quiera apresar] delante de él. ¡[No] con[siga] el cazador la plenitud de su corazón!»
[Después su corazón] urgió(le) a maldecir a la ramera:
«¡Ea, moza!, decretaré (tu) [desti]no, ¡[Un desti]no que no concluirá en toda la eternidad! Te maldeciré con maldición grandes, [Un juramento] cuyas maldiciones pronto te abrumarán. (10) [...] exceso de tus encantos.
(11-17) (mutilado)
[...] arrojará en tu casa. [... ] el camino será tu morada, [La sombra de la pared] será tu paradero, [... ] tus pies, [Los fatuos y los sedientos herirán] tu mejilla.
(23-30) (mutilado)
Por mi [tú has ... ] Y por [...] sobre mí.» Cuando Samas oyó [estas palabras] de su boca, Sin dilación le gritó [desde] el cielo:
«¿Por qué, oh Enkidu, maldices a la ramera, Que te hizo comer manjares dignos de la divinidad, Y te dio vino propio de la realeza, Que te vistió con nobles ropas, Y te hizo poseer el noble Gilgamesh por camarada?
(40) ¿Y Gilgamesh, tu amigo cordial, No te ofreció un lecho preclaro? Te hizo ocupar un lecho de honor, Te colocó en el asiento de la holgura, en el asiento de la izquierda, ¡Para que [los prín]cipes de la tierra besaran tus plantas !
Hará que las gentes de Uruk lloren por ti (y) se lamenten, Que el pueblo [alegre] gima por ti. Y, cuando te hayas ido, Su cuerpo de pelo intenso cubrirá, Pondráse una piel de león y errará por la estepa».
[Cuando] Enkidu [oyó] las palabras del valiente Samas, [... ] su corazón vejado se aquietó.
Laguna breve. Tranquilizándose, Enkidu cambia su maldición en bendición. Habla de nuevo a la muchacha
(IV)
«Así [... ] vuelva a tu lu[gar... ] . [Reyes, prínci]pes y nobles [te] amarán. [Ninguno por ti se] golpeará el muslo. [Por ti el anciano] meneará su barba. [... el joven] desceñirá su cinto. [...] cornerina, lapislázuli y oro. [Así sea retribuido] quien te mancille, [Quede su casa vacía], su colmado almacén. [A la presencia de] los dioses [el sacerdote] te permitirá entrar, [Por ti] se abandonará la esposa, (10) (aunque sea) madre de siete».
[... Enki]du, cuyo humor es sombrío, [...] yace a solas.
Aquella noche [comunica] sus sentimientos a su amigo:
«[Amigo mío], vi un sueño anoche: Los cielos [gemían], la tierra respondió2; [... ] yo estaba [sol]o. [... ] su faz se oscureció. Como en [...] era su rostro. [... como] las garras del águila eran sus zarpas. (20) [... ] él me dominó. [... ] él salta. [... ] él me sumergió.

(23-30) (mutilado o ausente)
[ ... ] ... él me transformó, De forma que mis brazos eran [... ] como los de un ave. Mirándome, me guía a la Casa de las Tinieblas, La mansión de Irkalla, A la casa que no abandona quien entró en ella, Por el camino que no tiene regreso, A la casa cuyos habitantes carecen de luz, Donde el polvo es su vianda y arcilla su manjar. Están pergeñados como pájaros, con alas porvestiduras, Y no ven luz, residiendo en la oscuridad.
(40) En la Casa del Polvo, en que había entrado, Contemplé [gobernantes] sin sus coronas; [Vi príncipes], a los (nacidos) para la corona, Que habían regido la tierra desde días pretéritos. [Estos dobl]es de Anu y Enlil servían carnes asadas; Servían pasteles y escanciaban Agua fresca de los odres.
En la Casa del Polvo, en que había entrado, Reside el sumo sacerdote y el acólito, Reside el encantador y el extático, Residen los lavadores, ungidores de los grandes dioses. Reside Etanal, reside Sumuqan.
(50) Ereskigal [vive allí], Reina del submundo, [Y Belit-]Seri, registrador del mundo inferior, se arrodilla ante ella. [Ella mantiene una tablilla] y la lee. [Levantando] su cabeza, me contempla:
[Diciendo: "¿Quién] trajo a éste aquí?"»
Falta el resto de la tablilla en la Versión Asiria, pero pueden destacarse los siguientes fragmentos
(4) «¡Recuerda todos mis viajes [con él]! Mi amigo vio un sueño cuyos [augurios] eran des [favorables]:
El día en que vio el sueño terminó Abatido está Enkidu.
Un día, [un segundo día]. [El sufrimiento de] Enkidu, en el lecho, [aumenta]. Un tercer día, un cuarto día [... ]. (10) Un quinto día, un sexto y un séptimo; Un octavo, un noveno [y un décimo día], El sufrimiento de Enkidu, en el lecho, [aumenta]. Un undécimo y un duodécimo día [... ]. [Abatido] está Enkidu en su lecho [de dolor].
Al fin llamó a Gilgamesh [y le dijo]:
"Amigo mío, [...], ¡me ha maldecido! [No] como el que [cae] en batalla [moriré], Pues temí la batalla [... ]. Amigo mío, el que [muere] en la batalla [es bendecido]. Pero yo, [.. ]"»

Tablilla VIII (anverso, I)
Al primer resplandor del alba Gilgamesh dijo a su amigo:
«Enkidu, tu [ma]dre una gacela, un onagro tu padre, te [engendraron]. Aquellos cuya señal son sus colas te criaron, y el ganado De la llanura y de todos los pastos. ¡Ojalá las huellas de Enkidu en el Bosque de los Cedros Lloren por ti, jamás callen noche y día! Así los mayores de la amplia y amurallada Uruk lloren por ti. [Llore por ti] El dedo que se extienda detrás de nosotros bendiciendo. Llore por ti Y despierte ecos en la campiña como si fuera tu madre. Llore por ti [... ] En cuyo centro nosotros... Llore por ti oso, hiena, [pantera], (10) Tigre, ciervo, leopardo, león; bueyes, venado, [cabra montés], Y las criaturas salvajes del llano. Llore por ti el río Ula [... ] Por cuyas riberas solíamos pasear. Llore por ti el puro Eufrates, [del que sacábamos] Agua para el odre. Lloren por ti Los guerreros de la amplia y amurallada Uruk [... ] matamos el Toro... Llore por ti [... ]
[Quien] en Eridu ensalzó tu nombre. Llore por ti [... ] [Quien ... ] ensalzó tu nombre. Llore por ti [... ] [Quien] proporcionó... grano para tu boca. Llore por ti [... ] [Quien] puso ungüento en tu espalda. Llore por ti [.. ] [Quien] puso cerveza en tu boca. Llore por ti la [meretriz] (20) [Que] te ungió con aceite fragante. Llo[re por ti ...] [del ha]rén que [te llevó] La mujer y el anillo de tu elecciónl.
¡Lloren los hermanos por ti como hermanas [... y crezca larga] Su cabellera por ti [...]!»


(II)
«¡Oídme, oh ancianos, [y prestad oído] a mí! Por Enkidu, mi [amigo], lloro, Gimiendo amargamente como una plañidera. El hacha de mi costado, confianza de mi mano, El puñal de mi cinto, [el escudo] delante de mí, Mi túnica de fiesta, mi más rico tocado-- ¡Un demonio [perverso] apareció arrebatándomelos!
[¡Oh mi amigo menor], tú cazaste El onagro de las colinas, la pantera del llano! ¡Enkidu, mi amigo menor, cazaste El onagro de las colinas, la pantera del llano!
(10) ¡Nosotros que [vencimos] todas las cosas, escalamos los montes], Que prendimos el Toro [y lo matamos], ¡Afligimos a Hubaba, que [vivía en el Bosque de los Cedros]! ¿Cuál es el sueño que se adueño [de ti]? ¡Ignoras y no [me] oyes!»
Pero no levanta [sus ojos]; Tocó su corazón, pero no late. Entonces veló (a su) amigo como una desposada[... ], Arrebatado cerca de él como un león, Como una leona privada de [sus] cachorros. (20) Va y viene ante [el lecho], Arrancándose (el pelo) y esparciéndo[lo ...], Jer 16:6; 48:37 ¡Desgarrando y diseminando (su) atuendo [Como si estuviera] im[puro]! Al primer arrebol [del alba], Gil[games...].
Entonces Gilgamesh envió un pregón al país: «Oh forjador [... ], Batidor de cobre, aurífice, lapidario: ¡Haced a mi amigo [ ... ] ! » [Entonces] formó una estatua para su amigo, El amigo cuya estatura [... ]:
«[...], de lapislázuli es tu pecho, de oro tu cuerpo, [... ]».
(III)
«Un lecho [de honor te hice ocupar], Te coloqué [en el asiento de la holgura, en el asiento de la izquierda], Para que los príncipes de la tierra [besaran tus pies]. Haré que las gentes [de Uruk] lloren por ti (y) [se lamenten], Que el pueblo alegre [gima por ti]. Y, cuando te hayas ido, [Cubriré mi cuerpo de pelo intonso] Y, vistiendo una piel [de león, erraré por la estepa].»
Al primer arrebol del alba, [Gilgamesh] Aflojó su banda [...].

El resto de la tablilla falta o su estado fragmentario impide su traducción, salvo en el caso de las líneas siguientes
(V)
(45) Al primer resplandor del alba, Gilgamesh formó [... ], Sacó una ancha mesa de madera elammaqu, Llenó de miel una jarra de cornerina, Llenó de requesón una jarra de lapislázuli, [... ] decoró y expuso al sol.
Tablilla IX
(I)
Por Enkidu, su amigo, Gilgamesh Llora sin duelo, mientras vaga por el llano: «Cuando muera, ¿no seré como Enkidu? El espanto ha entrado en mi vientre. Temeroso de la muerte, recorro sin tino el llano. Hacia Utnapishtiml, hijo de Ubar-Tutu, Para avanzar velozmente he emprendido el camino. Al llegar de noche a los pasos de la montaña, Vi el león y me amedrenté, (10) Levanté mi cabeza hacia Sin para rezar. A [... ] de los dioses fueron mis plegarias. ¡[...] tú presérvame!»
[De noche, mientras] reposaba, despertóse de un sueño. [Había ... ], jocundos de vida. Enarboló el hacha en su mano, Tiró [del puñal] de su cinto. Como una fle[cha] descendió entre ellos. [Los] hirió y los acuchilló.

El resto de la tablilla IX nos relata las aventuras de Gilgamesh, que atraviesa con éxito las tinieblas de la cordillera de Masu, custodiada por hombres escorpiones.
Tablilla X

Esta tablilla, que narra el progreso de Gilgamesh en busca de la inmortalidad, se halla representada por cuatro versiones distintas. No obstante, dos de ellas, la hitita y la hurrita, se conservan en fragmentos tan inconexos, que impiden una traducción corrida e inteligible. En cambio, existen considerables porciones utilizables en las recensiones Babilónica Antigua y Asiria.
VERSION BABILONICA ANTIGUA
(I)
(principio en fragmentos perdidos)
«[...]...
Con sus pieles [se viste], come carne. [. ]. ., Oh Gilgamesh, lo que no ha ocurrido Mientras mi viento empuja las aguas.»
Samas estaba perturbado, como le correspondía; Dice a Gilgamesh: «Gilgamesh, ¿a dónde vagas tú? La vida que persigues no hallarás.»
Gilgamesh le dice, al valiente Samas:
(10) «Después de andar (y) errar por la estepa, ¿Descansará mi cabeza en el corazón de la tierra Para dormir a través de todos los años? ¡Deja que mis ojos contemplen el sol, A fin de que me sacie de luz! La oscuridad se retira cuando hay luz suficiente. ¡Ojalá el que esté en verdad muerto vea aún el resplandor del sol!»
(II)

(Principio destruido. Gilgamesh habla a Siduri, la cervecera:)
«Aquel que conmigo soportó todas las labo[res] - Enkidu, a quien yo amaba entrañablemente, que conmigo soportó todas las labo[res] - ¡Ha conocido el destino de la humanidad! Día y noche he llorado por él. No le entregué para que le sepultasen - Por si mi amigo se levantaba ante mi lamento - Siete días y siete noches, Hasta que un gusano se deslizó de su nariz. (10) Desde su fallecimiento no encontré vida, He vagado como un cazador por en medio del llano. Oh cervecera, ahora que he visto tu rostro, No consientas que vea la muerte que constantemente temo.»
La cervecera dijo a él, a Gilgamesh:
(III)

«Gilgamesh, ¿a dónde vagas tú? La vida que persigues no hallarás. Cuando los dioses crearon la humanidad, La muerte para la humanidad apartaron, Reteniendo la vida en las propias manos. Tú, Gilgamesh, llena tu vientre, Goza de día y de noche. Ecl 5:18 Cada día celebra una fiesta regocijada, ¡Día y noche danza tú y juega! Ecl 8:15 (10) Procura que tus vestidos sean flamantes, Ecl 9:8-9 Tu cabeza lava; báñate en agua. Atiende al pequeño que toma tu mano,
¡Que tu esposa se deleite en tu seno! ¡Pues ésa es la tarea de la [humanidad]!»
(el resto de la columna está fragmentado)
(IV)

En su cólera los destroza. Cuando regresó, sube a él. Sursunabu sus ojos contempla. Sursunabu dice a él, a Gilgamesh:
«Dime tú, ¿cuál es tu nombre ? Soy Sursunabu, (el) de Utnapishtim el Lejano».
Gilgamesh le dice, a Sursunabu:
«En cuanto a mí, Gilgameshs es mi nombre, Quien vino de Uruk-Eanna, (10) Quien atravesó los montes, Un viaje distante, cuando el sol se alza. Oh, Sursunabu, ahora que he visto tu rostro, Muéstrame a Utnapishtim el Lejano».
Sursunabi [dice] a él, a Gilgamesh.

(falta el resto)
(La Versión Asiria de la tablilla X relata los episodios del encuentro con Siduri y con Sursunabu [Urshanabi en la Versión Asiria], y el relato de la travesía de las Aguas de la Muerte hasta la vivienda de Utnapishtim. La parte final de la tablilla X es:)
(V)
Gilgamesh dijo a él, a Utnapishtim:
«Para poder llegar a contemplar a Utnapishtim,
A quien llaman el Lejano Recorrí y anduve por todos los paises, Atravesé montes abruptos, Crucé todos los mares. Mi faz no se sació de dulce sueño, Me exasperé con el insomnio; Llené mis coyunturas de infortunio. No hubiese alcanzado la casa de la cervecera, (30) Cuando mi ropa estaba gastada. [Ma]té oso, hiena, león, pantera, Tigre, ciervo (y) cabra montés - Las bestias salvajes y lo que repta del llano. Sus [carnes] comí y sus pieles ce[ñí alrededor de mí]».
(El resto de esta columna está demasiado mutilado para poder traducirlo. Falta el principio de la ultima columna, excepto el final de las doctas observaciones de Utnapishtim):
(VI)
(26) «¿Construimos una casa para siempre? ¿Sellamos (contratos) para siempre? ¿Los hermanos dividen porciones para siempre? Ecl 9,6 ¿Persiste para siempre el odio [en la tierra]? ¿Acaso el río siempre crece (y) causa inundaciones?
(30) La libélula [abandona] (su) vaina Para que su cara (no) pueda mirar (sino) la cara del sol. Desde los días de antaño no hubo [permanencia]; Ecl 1,11; 1,4; 2,16 ¡Los que descansan y los muertos qué iguales [son]! ¿No componen la misma imagen de la muerte El plebeyo y el noble, Cuando se hallan próximos a [su destino]?
Los Anunnaki, los grandes dioses, se congregan; Mammetum, hacedor del destino, con ellos decreta el hado: Muerte y vida determinan. Dt 30,19 (Pero) de la muerte los días no se revelan».

Tablilla XI
Gilgamesh le dijo, a Utnapishtim el Lejano:
«Cuando te miro, Utnapishtim, Tus rasgos no son extraños; incluso como yo eres. Tú no eres extraño; antes bien, como yo eres. ¡Mi corazón te había imaginado como resuelto a batallar, [Pero] descansas indolente sobre tu dorso! [Dime], ¿cómo te sumaste a la Asamblea de los dioses, En tu busca de la vida?»

Utnapishtim dijo a él, a Gilgamesh:
«Te revelaré, Gilgamesh, una materia oculta (10) Y un secreto de los dioses te diré: Suruppak--ciudad que tú conoces [(Y) que en las riberas del Éufrates] está situada--, Esa ciudad era antigua (como lo eran) los dioses de su interior, Cuando sus corazones impulsaron a los grandes dioses a suscitar el diluvio. Estaban Anu, su padre, El valiente Enlil, su consejero, Ninurta, su asistente, Ennuge, su irrigador. Ninigiku-Ea también estaba presente con ellos;
(20) Sus palabras repite a la choza de cañas:
"¡Choza de cañas, choza de cañas! ¡Pared, pared! ¡Choza de cañas, escucha! ¡Pared, vibra! Hombre de Suruppak, hijo de Ubar-Tutu, ¡Demuele (esta) casa, construye una nave! Gn 6:14 Renuncia a las posesiones, busea la vida. ¡Desiste de bienes (mundanales) y mantén el alma viva!
A bordo de la nave lleva la simiente de todas las cosas vivas. Gn 6:19-20
El barco que construirás, Sus dimensiones habrá que medir. (30) Igual será su amplitud y su longitud. Gn 6:15 Como el Apsu lo techarás".
Entendí y dije a Ea, mi señor:
"[He aquí], mi señor, lo que así ordenaste Tendré a honra ejecutar. [Pero, ¿ qué] contestaré a la ciudad, a la gente y a los ancianos ?"
Ea abrió su boca para hablar, Diciendo a mí, su servidor:
En tal caso les hablarás así: "He sabido que Enlil me es hostil, (40) De modo que no puedo residir en vuestra ciudad, Ni poner mi p[ie] en el territorio de Enlil. Por lo tanto, a lo Profundo bajaré, Para vivir con mi señor Ea. [Pero sobre] vosotros derramará la abundancia, [Los] pájaros [selectos], los más excelentes peces. [La tierra se colmará] de riqueza de cosechas. [Aquel que en el ocaso ordena] las vainas verdes, Verterá sobre vosotros una lluvia de trigo".
Al primer resplandor del alba, La tierra se juntó [a mi alrededor].

(50-53) (demasiado fragmentario para ser traducido)
Los pequeños [llev]aban brea, Al paso que los grandes transportaban [el resto] de lo necesario. Al quinto dia tendí su maderamen. Un acre (entero) era el espacio de su suelo, Diez docenas de codos la altura de cada pared, Gen 6,15 Diez docenas de codos cada borde del cuadrado puentel. Preparé los contornos (y) lo ensamblé. (60) Lo proveí de seis puentes, Dividiéndolo (así) en siete partes. El plano de su piso dividí en nueve partes. Clavé desaguaderos en él. Me procuré pértigas y acopié suministros. Seis (medidas) "sar" de betún eché en el horno, Gen 6,14
Tres "sar" de asfalto [también] eché en el interior, Tres "sar" de aceite los portadores de cestas transportaron, Aparte de un "sar" de aceite que la calafateadura consumió, Y los dos "sar" de aceite [que] el barquero estibó. (70) Bueyes maté para la [gente], Gen 6,21 Y sacrifiqué ovejas cada día. Mosto, vino rojo, aceite y vino blanco [Di] a los trabajadores [para beber], como si fuera agua del río, Para que celebrasen como en el Día del Año Nuevo. A[brí ...] ungüento, aplicándo(lo) a mi mano. [Al sépti]mo [día] el barco estuvo completo.
[La botadura] fue ardua, Hasta el punto de que hubieron de cambiar las planchas de encima y de debajo, [hasta que] dos tercios de [la estructura entra]ron [en el agua]. (80) [Cuanto tenía] cargué en él: Cuanta plata tenía cargué en él; Cuanto oro [tenía] cargué en él; Cuantos seres vivos tenía [cargué] en él
. Gen 7,7-8 Toda mi familia y parentela hice subir al barco. Las bestias de los campos, las salvajes criaturas de los campos, Gen 7,13-16 Todos los artesanos hice subir a bordo. Samas me había fijado un tiempo:
"Cuando aquel que ordena la intranquilidad nocturna, Envíe una lluvia de tizón, ¡Sube a bordo y clava la entrada!~ Aquel tiempo señalado llegó: "Aquel que ordena la intranquilidad nocturna, envía una lluvia de tizón".
Contemplé la apariencia del tiempo. El tiempo era espantoso de contemplar. Subí al barco y clavé la entrada. Para clavar (todo) el barco, a Puzur-Amurri, el barquero, Cedí la estructura con su contenido.

Al primer resplandor del alba, Una nube negra se alzó del horizonte.
Gn 7:11 En su interior Adad truena, Mientras Sullat y Hanis van delante, (100) Moviéndose como heraldos sobre colina y llano. Erragal arranca los postes; Avanza Mnurta y hace que los diques sigan.
Los Anunnaki levantan las antorchas, Encendiendo la tierra con su fulgor. La consternación debida a Adad llega a los cielos, Pues volvió en negrura lo que había sido luz. [La vasta] tierra se hizo arlicos como [una perola]. Durante un día la tormenta del sur [sopló], Acumulando velocidad a medida que bufaba [sumergiendo los montes], (110) Atrapando a la [gente] como una batalla.
Nadie ve a su prójimo, No puede reconocerse la gente desde el cielo. Los dioses se aterraron del diluvio, Y, retrocediendo, ascendieron al cielo de Anul.
Los dioses se agazaparon como perros Acurrucados contra el muro exterior. Istar gritó como una mujer en sus dolores, La señora de dulce voz de los [dioses] gime:
"Los días antiguos se han trocado, ¡ay!, en arcilla,
Gn 7:23 Porque hablé maldad en la Asamblea de los dioses. (120) ¿Cómo pude hablar maldad en la Asamblea de los dioses, Ordenando batalla para destrucción de mi gente, Gn 8:21 Cuando yo misma di a luz a mi pueblo? ¡Como el desove de los peces llena el mar!"
Los dioses Anunnaki lloran con ella, Los dioses, humildemente, están sentados y lloran, Con los labios apretados, [... ] uno y todos. Seis días y [seis] noches Sopla el viento del diluvio, mientras la tormenta del sur barre la tierra.
Al llegar al séptimo día, La tormenta del sur (transportadora) del diluvio amainó en la batalla, (130) Que había reñido como un ejército El mar se aquietó, la tempestad se apaciguó, el diluvio cesó.
Gn 8:1-2 Contemplé el tiempo: la calma se había establecido, Y toda la humanidad había vuelto a la arcilla. El paisaje era llano como un tejado chato.
Abrí una escotilla y la luz hirió mi rostro.
Gen 8,6 Inclinándome muy bajo, sentéme y lloré, Deslizándose las lágrimas por mi cara.
Miré en busca de la línea litoral en la extensión del mar: En cada catorce (regiones) Emergía una comarca (montañosa).
(140) En el Monte Nisir el barco se detuvo.
Gen 8,4
El Monte Nisir mantuvo sujeta la nave, Impidiéndole el movimiento,
Un primer día, un segundo día, el Monte Nisir mantuvo sujeta la nave, Impidiéndole el movimiento. Un tercer día, un cuarto día, el Monte Nisir mantuvo sujeta la nave, Impidiéndole el movimiento. Un quinto y un sexto (día), el Monte Nisir mantuvo sujeta la nave, Impidiéndole el movimiento. Al llegar el séptimo día, Envié y solté una paloma.
La paloma se fue, pero regresó;
Gn 8,8-10 Puesto que no había descansadero visible, volvió. Entonces envié y solté una golondrina. (150) La golondrina se fue, pero regresó; Puesto que no había descansadero visible, volvió. Después envié y solté un cuervo. Gn 8,7
El cuervo se fue y, viendo que las aguas habían disminuido, Come, se cierne, grazna y no regresa. Entonces dejé salir (todo) a los cuatro vientos Y ofrecí un sacrificio.
Vertí una libación en la cima del monte.
Gn 8,19-20 Siete y siete vasijas cultuales preparé, Sobre sus trípodes amontoné caña, cedro y mirto.
Los dioses olieron el sabor,
Gn 8,21 Los dioses olieron el dulce sabor, Los dioses se apiñaron como moscas en torno al sacrificante.
Cuando, al fin, la gran diosa llegó, Alzó las grandes joyas que Anu había labrado a su antojo:
"Dioses, tan cierto como este lapislázuli está En mi cuello, no olvidaré, Recordaré estos días, sin jamás olvidarlos. Vengan los dioses a la ofrenda; (Pero) no acuda Enlil a la ofrenda, Porque, sin razón, causó el diluvio Y a mi pueblo condenó a la destrucción".
(170) Cuando finalmente llegó Enlil, y vio el barco, Enlil montó en cólera, Le invadió la ira contra los dioses Igigi:
"¿Escapó algún alma viva? ¡Ningún hombre debía sobrevivir a la destrucción !"
Ninurta abrió la boca para hablar, Diciendo al valiente Enlil:
"¿Quién, salvo Ea, puede maquinar proyectos? Sólo Ea conoce todo".
Ea abrió la boca para hablar, Diciendo al valiente Enlil: "Tú, el más sabio de los dioses, tú, héroe, ¿Cómo pudiste, irrazonablemente, causar el diluvio? (180) ¡Al pecador impón sus pecados, Al transgresor impón su transgresión! ¡(Sin embargo), sé benévolo para que no sea cercenado ! ¡Sé paciente para que no sea des[plazado]!
En lugar de traer tú el diluvio,
Ez 14,13-21 ¡Ojalá un león hubiera surgido para disminuir la humanidad!
En lugar de traer tú el diluvio, ¡Ojalá un lobo hubiera surgido para disminuir la humanidad!
En lugar de traer tú el diluvio, ¡Ojalá un hambre hubiera surgido para m[enguar] la humanidad!
En lugar de traer tú el diluvio, ¡Ojalá una pestilencia hubiera surgido para he[rir] a la humanidad!
No fui yo quien reveló el secreto de los grandes dioses.
Dejé que Atrahasis viese un sueño, Y percibió el secreto de los dioses.
¡Reflexiona ahora en lo que le atañe!"
A esto Enlil subió a bordo del barco. (190) Cogiéndome de la mano, me subió a bordo. Subió mi mujer a bordo e hizo que se arrodillara a mi lado. De pie entre nosotros, tocó nuestras frentes para bendecirnos:
"Hasta ahora Utnapishtim fue tan sólo humano. En adelante Utnapishtim y su mujer serán como nosotros dioses. ¡Utnapishtim residirá lejos, en la boca de los ríos!"
Así me cogieron y me hicieron residir lejos, En la boca de los ríos. Pero ahora, ¿quién por ti convocará los dioses a la Asamblea, Para que encuentres la vida que buscas? ¡Ea!, no concilies el sueño Durante siete días y siete noches».
(200) Mientras allí se sienta sobre sus nalgas, El sueño le aventa como el torbellino.
Utnapishtim dice a ella, a su esposa:
«¡Contempla a este héroe que busca la vida! El sueño le envuelve como una niebla».
Su esposa dice a él, a Utnapishtim el Lejano:
«Tócale para que el hombre despierte, Para que regrese salvo por el camino que le trajo, Para que por la puerta que salió pueda regresar a su país».
Utnapishtim dice a ella, a su esposa:
«Puesto que engañar es humano, él procurara engañarte.
Gn 8,21 Anda, prepara obleas para él, pon(las) junto a su cabeza, Y señala en la pared los días que duerme».
Elaboró para él obleas, púso(las) junto a su cabeza, Y señaló en la pared los días que dormía. La primera oblea se ha secado La segunda se estropeó, la tercera está húmeda; La superficie de la cuarta blanquea; La quinta se cubre de moho, La sexta (aún) conserva su color reciente; La séptima - en cuanto le tocó, despertóse el hombre.

Gilgamesh dijo a él, a Utnapisthim el Lejano:
(220) «¡Apenas el sueño me ha invadido, Cuando me tocas y me despiertas!»
Utnapishtim [dice a él], a Gilgamesh:
«[Vamos], Gilgamesh, cuenta tus obleas, [Que los días que dormiste] sean conocidos de ti: Tu [primera] oblea se ha secado, [La segunda se] estropeó, la tercera está húmeda; La superficie de la cuarta blanquea; [La quinta] se cubre de moho, La sexta (aún) conserva su color reciente. [La séptima] - en este instante te despertaste».
Gilgamesh dijo a él, a Utnapishtim el Lejano:
(230) «[¿Qué] haré, Utnapishtim; Adónde iré, [Ahora] que el Despojador hace presa en mis [miembros]? En mi alcoba asecha la muerte, ¡Y doquiera que pon[go mi pie] está la muerte!»
Utnapishtim [dice a él], a Urshanabi, el barquero:
«Urshanabi, ¡así el desembarcadero [no tenga contento en ti], Así el lugar de travesía a ti renuncie! ¡A aquel que vaga en su playa, niégale su playa! Al hombre que trajiste (aquí), cuyo cuerpo está cubierto de suciedad, La gracia de cuyos miembros pieles desfiguraron, Lleva, Urshanabi, y condúcele al lugar del baño. (240) Que se libre de su suciedad con agua limpia como la nieve, Que se despoje de sus pieles y el mar (las) arrastre, Que la belleza de su cuerpo se pueda ver. Haz que renueve la banda de su cabeza, Deja que se ponga un manto para vestir su desnudez, Que llegue a su ciudad, Que concluya su viaje. ¡Así (su) manto no tenga color de moho, Siendo totalmente nuevo!»
Urshanabi le llevó y condujo al lugar del baño. Se lavó la suciedad con agua limpia como la nieve. Se despojó de sus pieles, el mar (las) arrastró, Para que la belleza de su cuerpo se viese. (250) Renovó [la banda] que ceñía su cabeza, Se puso un manto para vestir su desnudez, Para que lle[gase a su ciudad], Para que concluyese su viaje. [El manto no tenía color de moho], siendo [totalmente] nuevo.
Gilgamesh y Urshanabi subieron a la barca, [Lanza]ron la barca a las olas (y) zarparon.
Su esposa dice a él, a Utnapishtim el Lejano:
«Gilgamesh vino aquí, penando y esforzándose. (260) ¿Qué (le) entregarás para que regrese a su tierra?»
A aquello, él, Gilgamesh, levantó (su) pértiga, Para acercar la barca a la playa.
Utnapishtim [dice] a él, [a] Gilgamesh: «Gilgamesh, viniste aquí, penando y esforzándote. ¿Qué te entregaré para que regreses a tu tierra? Revelaré, oh Gilgamesh, una cosa oculta, Y [un secreto de los dioses] te diré: Esta planta, como el cambrón es [su ... ]. Sus espinas pin[charán tus manos] como la rosa. Si tus manos

EL ENUMA ELIS




El Enuma Elis
A mediados del segundo milenio a.C. se habían producido variaciones sustanciales en la situación política de la zona, regida ahora de manera indiscutible por Babilonia, cuyo dios Marduk, pasó evidentemente a tener un papel preponderante en la cosmogonía mesopotámica.



Esas novedades quedan recogidas en un poema que empieza así:



Cuando en lo alto el cielo no había sido nombrado, no había sido llamada con un nombre abajo la tierra firme, nada más había que el Apsu primordial, su progenitor, (y) Mummu-Tiamat, la que parió a todos ellos, mezcladas sus aguas como un solo cuerpo. No había sido trenzada ninguna choza de cañas, no había aparecido marisma alguna, cuando ningún dios había recibido la existencia, no llamados por un nombre, indeterminados sus destinos, sucedió que los dioses fueron formados en su seno. Lahmu y Lahamu fueron hechos, por un nombre fueron llamados. Durante eternidades crecieron en edad y estatura. Anshar y Kishar fueron formados, superando a los otros. Prolongaron sus días, acumularon años. Anu fue su hijo, rival de sus propios padres, sí, Anu, primogénito de Anshar, fue su igual. Anu engendró a su imagen a Nudimmud. Nudimmud se hizo de sus padres dueño, sabio sin par, perspicaz, fuerte y poderoso, mucho más fuerte que su abuelo Anshar. No tenía rival entre los dioses sus hermanos. Juntos iban y venían los hermanos divinos, alteraban a Tiamat al agitarse de un lado para otro, sí, alteraban el talante de Tiamat con sus risas en la morada del cielo. No podía acallar Apsu sus clamores y Tiamat estaba sin habla ante su conducta. Sus actos eran odiosos hasta [...] Aborrecible era su conducta; se hacían insufribles. Entonces Apsu, progenitor de los grandes dioses, gritó, dirigiéndose a Mummu, su visir: «Oh Mummu, mi visir, que alegras mi espíritu, ven junto a mí y vayamos a Tiamat». Fueron y se sentaron ante Tiamat, deliberando acerca de los dioses, sus primogénitos. Apsu, abriendo su boca, dijo a la resplandeciente Tiamat: «Su conducta me resulta muy odiosa. De día no encuentro alivio ni reposo de noche. Los destruiré, aniquilaré sus obras, para restaurar la calma. ¡Tengamos descanso!». Tan pronto como Tiamat lo oyó, se sintió irritada y gritó a su esposo. Gritó llena de enojo, sola en su furor, poniendo amenaza en su tono: «¿Qué? ¿Vamos a destruir lo que hemos edificado? Su conducta, ciertamente, es enojosa, pero esperaremos con paciencia». Entonces respondió Mummu y aconsejó a Apsu. Malicioso y desgraciado fue el consejo de Mummu: «Destruye, padre mío, la conducta rebelde. Así tendrás quietud de día y reposo de noche». Cuando Apsu lo oyó, su rostro se puso radiante, por el mal que maquinaba contra los dioses sus hijos. Mummu lo abrazó por el cuello, sentándose en sus rodillas para besarle. Pero cuanto habían tramado entre ellos fue repetido entre los dioses, sus primogénitos. Cuando los dioses oyeron todo aquello, se agitaron, cayeron luego en silencio y quedaron sin habla. Soberano en saber, perfecto, ingenioso, Ea, sapientísimo, adivinó su conjura. Un designio dominador formuló y envió, capaz hizo su conjuro contrario, soberano y santo. Lo recitó e hizo que subsistiera en lo profundo, derramando el sueño sobre él, despierto del todo permanece. Cuando a Apsu tuvo postrado, cargado de sueño, Mummu, el consejero, ya no pudo excitarlo. Aflojó su banda, se despojó de la tiara, dejó su aura y se la puso él. Después de encadenar a Apsu, lo mató. Ató a Mummu y lo encadenó. Después de haber así establecido su morada sobre Apsu, se apoderó de Mummu, anillándolo por la nariz. Después de vencer y pisotear a sus enemigos, Ea, asegurado su triunfo sobre los adversarios, descansó en su cámara sagrada sumido en paz profunda. «Apsu» la llamó al asignar los santuarios. Allí mismo su choza de culto estableció. Ea y Damkina, su esposa, allí moraron en esplendor. En la cámara de los destinos, morada de los hados, un dios fue engendrado, poderoso y sabio más que los dioses. En el corazón de Apsu fue Marduk creado. El que le engendró fue Ea, su padre, la que lo concibió fue Damkina, su madre. Al pecho de la diosa fue amamantado. La nodriza que lo crió lo hizo terrible, Seductora era su figura, la luz brillaba en sus ojos. Señorial era su paso, soberano desde antiguo. Cuando lo vio Ea, el padre que lo engendró, exultó y se iluminó su rostro, su corazón lleno de gozo. Perfecto lo hizo y doble divinidad le otorgó. Exaltado fue entre todos ellos, en todo excelente. Perfectos eran sus miembros sin medida, imposible de comprender, difícil de percibir. Cuatro eran sus ojos, cuatro eran sus oídos. Cuando movía sus labios, fuego escapaba de ellos. Grandes eran sus órganos para oír, y los ojos, en número igual, escrutaban todo. Era el más alto de los dioses, soberana era su estatura, enormes sus miembros, era alto sobremanera. «¡Hijito mío, hijito mío! Mi hijo, el Sol, ¡Sol de los cielos!». Revestido del halo de diez dioses, era fuerte cual ninguno, con todos sus terribles destellos. ............................................. Turbada estaba Tiamat, desvelada noche y día. Los dioses, maliciosos, aumentaban la tormenta. Después de haber maquinado el mal en su intimidad, a Tiamat dijeron los hermanos: «Cuando dieron muerte a Apsu, tu consorte, no le ayudaste, y te estuviste quieta. Aunque él creó el hacha terrible, tus entrañas se han disuelto y no tenemos reposo. ¡Permanezca en tu ánimo Apsu, tu consorte, y Mummu, que ha sido derrotado! Sola has quedado». ............................................. [...] De entre los dioses, sus primogénitos, que formaban su asamblea, elevó ella a Kingu, entre ellos lo hizo jefe. Dirigir las huestes, presidir la asamblea, alzar las armas para el encuentro, encabezar el combate, ordenar como jefe la batalla, todo esto puso en sus manos mientras ella lo entronizaba en el consejo: «Para ti he pronunciado el conjuro, exaltándote en la asamblea de los dioses. Todo poder te he dado para aconsejar a los dioses. ¡Tú eres el mayor de todos, mi consorte eres tú! ¡Tus sentencias serán firmes entre todos los Anunnaki!». Le entregó las tablillas del destino, atadas a su pecho: «Tu mandato será inmutable, tu palabra permanecerá». Tan pronto como Kingu fue exaltado a la jerarquía de Anu, sobre los dioses, hijos de ella, decretaron el destino: «Vuestra palabra hará remitir el fuego, humillará al 'arma del poder', tan potente es su golpe». [...] Humillado llegó ante su padre, Anshar, Y le habló de este modo, como si fuera Tiamat: «No me basta mi mano para someterte». Sin habla estaba Anshar, fija la mirada en el suelo, ceñudo y moviendo la cabeza ante Ea. Todos los Anunnaki allí se congregaron. Apretando los labios, se sentaron en silencio. «Ningún dios, pensaban, podrá darles batalla, enfrentarse con Tiamat y salir con vida». El Señor Anshar, padre de los dioses, se alzó majestuoso, y después de meditar en su corazón, dijo a los Anunnaki: «Aquel cuyo vigor es poderoso nos vengará, el fuerte en la batalla, Marduk, el héroe». [...] «Anshar, no te inquietes; relaja tus labios. Iré y lograré el deseo de tu corazón... ¿Es un varón el que se apresta a combatirte? ¡No es más que Tiamat, una mujer, quien te opone sus armas! ¡Oh padre mío y creador, alégrate y llénate de gozo; pronto hollarás la cerviz de Tiamat!». ............................................. «Hijo mío, que posees toda sabiduría, calma a Tiamat con tu sagrado conjuro. Avanza pronto sobre la carroza de la tormenta. ¡De su presencia no te echarán! ¡Hazlos retroceder!». El señor se alegró por las palabras de su padre. Exultante su corazón, dijo a su padre: «Creador de los dioses, destino de los grandes dioses, si yo ciertamente, como vengador tuyo, he de vencer a Tiamat y salvar vuestras vidas, ¡convoca la asamblea, fija para mí un destino supremo! Cuando juntos en Ubshukinna, alegres os hayáis sentado, que mi palabra en vez de la tuya fije los destinos. Inmutable será cuanto yo haga existir. Ni revocado ni cambiado habrá de ser el mandato de mis labios». [...] Cuando esto oyeron Lahmu y Lahamu, gritaron con fuerza, todos los Igigi « se lamentaron descorazonados: «¡Qué extraño que hayan tomado tal decisión! No podemos comprender las obras de Tiamat». Se dispusieron a emprender el viaje, todos los grandes dioses que fijan los destinos. Llegaron a presencia de Anshar, llenando Ubshukinna. Se besaron unos a otros en la asamblea. Hablaban entre sí mientras se acomodaban para el banquete. Tomaron el pan festivo, compartieron el vino, henchidos de suave licor. Bebían y el fuerte brebaje embebía sus cuerpos. Iban languideciendo al paso que sus ánimos se exaltaban. Fijaron los decretos sobre Marduk, su vengador. Le erigieron un trono principesco. Frente a sus padres él se sentó, presidiendo. «El más venerado eres entre los grandes dioses, tu decreto no tiene rival, tu mandato es Anu. Tú, Marduk, eres el más venerado de todos los dioses. ............................................. Sobre todo el universo te confiamos el reinado. Cuando tomes asiento en la asamblea, prevalecerá tu palabra. No fallarán tus armas, aniquilarán a tus enemigos. ¡Oh Señor, perdona la vida al que en ti confía, pero quítasela al dios que eligió el mal!». En medio pusieron un paño, a Marduk, su primogénito, hablaron: «Señor, en verdad tu decreto prevalece entre los dioses. Si decides crear o destruir, así se hará. Abre tu boca, desaparecerá este paño, habla otra vez, y el paño estará entero». A la palabra de su boca desapareció el paño. Habló de nuevo y se rehízo el paño. Cuando los dioses, sus padres, vieron el fruto de su palabra, gozosos le rindieron homenaje: « ¡Marduk es rey!». Le entregaron cetro, trono y palu; armas invencibles le dieron, para ahuyentar al adversario. Fijado así el destino de Bel, los dioses, sus padres, le pusieron en el camino del éxito y la victoria. Él se hizo un arco, que marcó como arma suya, añadió además la flecha, fijó la cuerda. Alzó la maza, la empuñó con su diestra. Arco y carcaj fijó a su costado. Ante sí envió el relámpago, de llama abrasadora llenó su cuerpo. Hizo luego una red para envolver en ella a Tiamat. Los cuatro vientos sujetó para que nada de ella escapara, el viento sur, el viento norte, el viento este, el viento oeste. Al costado apretó la red, regalo de su padre Anu. Soltó a Imhullu, «el viento malo», el torbellino, el huracán, el viento cuádruple, el viento séptuble, el ciclón, el viento incontenible; luego soltó los vientos que había sujetado, los siete, para remover las entrañas de Tiamat se alzaron a su zaga. El señor agitó entonces la tempestad, su arma poderosa. Montó en la carroza de la tormenta, terrible e irresistible. Una cuadriga enjaezó y le unció, Matador, Implacable, Hollador, Veloz. Afilados, ponzoñosos eran sus dientes. Diestros en asolar, hábiles en destruir. ............................................. Circundada de halo terrible aparecía su cabeza, avanzó el señor y siguió su camino, contra Tiamat furiosa dirigió su rostro. En sus labios llevaba un... de pasta roja; su mano empuñaba una planta para vencer al veneno. Entonces en torno a él se arremolinaron los dioses. El señor se dirigió a escrutar el costado de Tiamat, (y) de Kingu, su consorte, para conocer la trama cuya maldición, ante su mirada, queda deshecha, su voluntad se dispersa y su acción se confunde. Y cuando los dioses, sus auxiliares, que marchaban a su lado, vieron al héroe valeroso, su vista se turbó. Lanzó un grito Tiamat, sin volver el cuello, con un brutal desafío en sus labios: «¡Demasiado importante eres para el señor de los dioses como para alzarse contra ti! ¿Se han congregado en su lugar o en el tuyo?». Pero el señor, suscitando la tormenta, su arma poderosa, a la furiosa Tiamat lanzó estas palabras: «Con fuerza te alzaste, mucho te has exaltado; en tu corazón te propusiste provocar la lucha, de forma que los hijos rechacen a sus padres, y tú misma que los engendraste, odias [...]. Engrandeciste a Kingu para que fuera (tu) consorte, su mando, que en derecho no le pertenece, opusiste al de Anu. Contra Anshar, rey de los dioses, maquinas el mal; contra los dioses, mis padres, afirmaste tu maldad. Por mucha que sea tu fuerza, por afiladas que sean tus armas, ¡Ponte en pie, para que tú y yo trabemos singular combate!». Cuando esto oyó Tiamat, se volvió como posesa, como si perdiera la razón. Con fuerza gritó Tiamat furiosa. Hasta las raíces temblaron sus piernas. Recitó un conjuro, lanzó su encantamiento, mientras los dioses guerreros aguzaban sus armas. Entonces entablaron la lucha Tiamat y Marduk, el más sabio entre los dioses, trabaron combate singular, se atenazaron en la pelea. Desplegó su red el señor para atraparla, el viento malo, que seguía detrás, le soltó en el rostro. Cuando Tiamat abría su boca para devorarlo, por ella le lanzó el viento malo para que no cerrara los labios. Cuando los vientos salvajes llenaron su vientre, su cuerpo quedó hinchado, la boca abierta. Lanzó él su flecha, que atravesó su vientre, le desgarró las entrañas, le destrozó el corazón. Dominándola así, acabó con su vida. Arrojó su carcaj para alzarse sobre ella. Después de dar muerte a Tiamat, el señor, su banda quedó destrozada, su tropa desbaratada. [...] Pero a Kingu, que había sido hecho su jefe, lo ató y entregó a Uggae. Las tablillas del destino, que en derecho no eran suyas, le arrebató, las selló con un sello y las apretó contra su pecho. Cuando hubo derrotado y sometido a sus adversarios, ............................................. Y se volvió a Tiamat, a la que había atado. Holló el señor las piernas de Tiamat, con su maza despiadada destrozó su cráneo. Cortó las arterias de su sangre que el viento norte llevó a lugares ignorados. Al ver todo esto, sus padres se llenaron de gozo y exultaron, y a él acudieron con presentes, para rendirle homenaje. Se detuvo entonces el señor para ver el cuerpo muerto, porque iba a desmembrar al monstruo y hacer obras estupendas. La partió como una concha en dos partes; una mitad alzó y la puso como un techo, el cielo, fijó una barrera y puso guardianes a los que mandó que no dejaran escapar las aguas. Cruzó los cielos y revisó (sus) regiones. Escuadró el cuartel de Apsu, la morada de Nudimmud, según medía el señor las dimensiones de Apsu. La Gran Morada, su semejanza, fijó como Esharra, la Gran Morada, Esharra, que hizo como el firmamento. Anu, Enlil y Ea recibieron sus lugares. [...] Cuando oye Marduk las palabras de los dioses, su corazón le impulsa a realizar obras estupendas. Abre su boca y se dirige a Ea, para comunicar sus planes habla a Ea, para comunicar el plan que ha concebido en su corazón: «Amasaré la sangre y haré que haya huesos. Crearé una criatura salvaje, 'hombre' se llamará. Cierto, crearé un hombre salvaje. Tendrá que estar al servicio de los dioses, para que ellos vivan sin cuidado. Con maña cambiaré la vida de los dioses. Venerados por igual, en dos grupos estarán divididos». Ea respondió, y le dirigió una palabra, para exponerle un plan en beneficio de los dioses: «Que sea entregado uno sólo de sus hermanos; sólo éste perecerá para que sea formada la humanidad. Que se junten aquí los grandes dioses en asamblea, que el culpable sea entregado para que ellos permanezcan». Convocó Marduk en asamblea a los grandes dioses; graciosamente los presidía y daba instrucciones. A sus sentencias prestaron atención los dioses. El rey dirigió una palabra a los Anunnaki: «Si vuestra declaración fue sincera, decid ahora la verdad y por mí juradla. ¿Quién provocó la revuelta, provocó a Tiamat a rebeldía y azuzó el combate? Sea entregado el que maquinó la rebelión. ¡Con su culpa le haré cargar para que viváis en paz!». Los Igigi, los grandes dioses, le replicaron, a Lugaldimmerankia, consejero de los dioses, su señor: «Fue Kingu quien maquinó la rebelión, quien hizo rebelde a Tiamat, quien azuzó el combate». Lo ataron y llevaron a presencia de Ea. Le cargaron con su culpa y cortaron (los vasos de) su sangre. De su sangre formaron la humanidad, a la que él impuso la servidumbre, dejando libres a los dioses. [...] Después de ordenar todas las normas, a los Anunnaki del cielo y de la tierra asignó sus porciones, los Anunnaki abrieron su boca y dijeron a Marduk, su señor: «Ahora, señor, ya que nos has liberado, ¿qué homenaje te rendiremos? Edificaremos un santuario en tu honor, que se llamará 'La cámara de nuestro reposo nocturno'; ¡que en él reposemos! ¡Edifiquemos un santuario, un lugar para su morada! El día en que lleguemos, reposaremos en él». Cuando Marduk lo oyó, sus facciones brillaron como el día: «Como el de la alta Babilonia, cuya edificación solicitasteis, su obra de ladrillo sea realizada. 'El Santuario' se llamará». A la obra se pusieron los Anunnaki, durante un año fabricaron ladrillos. Al llegar el segundo año, levantaron el tope de Esagila igual a Apsu. Después de levantar una torre escalonada tan alta como Apsu, pusieron allí una morada para Marduk, Enlil (y) Ea. En su presencia la adornaron con esplendor. Hacia abajo miran sus cuernos, a la base de Esharra. Cuando concluyeron la obra de Esagila, los mismos Anunnaki levantaron sus santuarios. ... todos se reunieron, ... edificaron para su morada. A los dioses sus padres, sentó en su banquete: «Esta es Babilonia, lugar de vuestra casa. Festejad en su recinto, llenad sus anchas plazas». Ocuparon sus tronos los grandes dioses. A beber y a banquetear se pusieron. Después de festejar allí, en Esagila, el espléndido, celebrados sus ritos, habiendo establecido las leyes (y) sus portentos, todos los dioses repartieron las estancias del cielo y de la tierra. Los cinco grandes dioses ocuparon sus tronos. Los siete dioses del destino pusieron a los trescientos en el cielo. Enlil alzó el arco, su arma, y lo puso ante ellos. Los dioses, sus padres, vieron la red que había hecho. Cuando contemplaron el arco, y su forma tan hábil, sus padres alabaron la obra que había realizado. Empuñándolo, Anu habló en la asamblea de los dioses, mientras besaba el arco: [...]
[Fuente: E. A. Speiser, Ancient Near Eastern Texts (Princeton 1950), reproducido en I. Mendelsohn (ed.), Religions of the Ancient Near East (Nueva York 1955) 19-46.]




Las palabras que inician este poema acadio son «Enuma elis» («cuando en lo alto»), y ese es el nombre con el que se le conoce.
La fusión de los diferentes caos iniciales, de Apsu y Tiamat, dio origen a la segregación de las fuerzas primigenias de la naturaleza, ahora identificables mediante nombres propios, los dioses.
De la relación entre ellos surgieron nuevos dioses de menor rango, cuyos juegos y alegría exultantes, es decir, los continuos experimentos y creaciones derivados del uso de sus poderes, irritaron a Apsu de tal manera que decidió acabar con aquellos.
El astuto Ea, en desacuerdo con los criminales propósitos de su padre, le hizo dormir mediante encantamientos y le mató.
Sobre el cadáver de su progenitor, Ea edificó un templo y se unió a una diosa, Damkina, de la que tuvo a Marduk, ornado de tales virtudes que pronto fue reconocido como superior por los dioses jóvenes.
Decidida a vengar la muerte de Apsu, Tiamat organizó un ejército con seres monstruosos que había creado para la ocasión y con la mayor parte de sus hijos, poniendo a su frente a uno de ellos, Quingu, a quien otorgó las tabletas del Destino que previamente había arrebatado al celestial Anu.
Los dioses más jóvenes pidieron a Marduk que los dirigiera a la inminente batalla, si bien ésta no llegó a producirse debido a que el enfrentamiento se resolvió mediante un combate singular entre Tiamat, símbolo del caos primigenio, y Marduk, la racionalidad ordenadora.
La victoria de Marduk fue acompañada del descuartizamiento de Tiamat, el desangramiento de Quingu y el perdón de los dioses que les habían acompañado.
Marduk, dueño ahora de todo lo formado, devolvió a Anu las tabletas del Destino y, con su apoyo, se dispuso a organizar el cosmos.
En primer lugar, asignó las moradas de los dioses en el cielo, reservándose para sí el planeta Júpiter, el más majestuoso de todos ellos.
Creó el Sol, responsable de la duración del día (y de la noche), y la Luna, y organizó con detalle las fases de ésta, lo que le permitió establecer el calendario (calendario mesopotámico), dividiendo el año en doce «lunas» o meses (meses mesopotámicos), cada uno de los cuales bajo los auspicios de una constelación.
Con los despojos de Tiamat construyó la Tierra: las anfractuosidades de la cara dieron lugar al relieve, mientras que los pechos sirvieron para modelar las altas montañas; las lágrimas que brotaban de sus ojos alimentaron el Tigris y el Eúfrates, y así sucesivamente.
Por último, y tras construir su morada en el centro del mundo, Babilonia, encargó a su padre Ea la creación de seres que se encargaran de proporcionarles el alimento.
Y como en el poema anterior, la sangre de un dios, en este caso Quingu, sirvió para dar forma a la arcilla con la que fueron moldeados los primeros humanos.
Pese a los avatares políticos de la región, la cosmogonía de Enuma Elis sobrevivió durante siglos en sus líneas esenciales, bien con pequeñas modificaciones onomásticas (como la sustitución de Marduk por Assur cuando Babilonia cayó en manos de Asiria), bien a través de la creación y desarrollo de nuevos mitos inspirados en aquél, como las dos tradiciones que confluyeron en la mitología hebrea y que conformaron el primero de los libros del Pentateuco, el Génesis.

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