"No hay decisiones buenas y malas, solo hay decisiones y somos esclavos de ellas." (Ntros.Ant.)

sábado, 19 de diciembre de 2009

MITOLOGIA -IXION-

MITOLOGIA
Ixión paga sus crímenes en el Tártaro


Deia, hija del rey Deioneo, se casó con Ixión, rey de los Lapitas, pero no vio los regalos que el novio le prometiera.
Llorosa y triste, la princesa fue a quejarse a su padre. Y, apenas la oyó, Deioneo salió, en medio de la noche, enfurecido, rumbo a la casa de Ixión. Entró haciendo ruido y en alta voz preguntó por los presentes prometidos.
El lapita, en silencio, se aproximó al viejo rey y, sin decir palabra, echó un lazo que apretó fuertemente el frágil cuello de Deioneo. Soplaba el viento, y aunque el tiempo era amenazador, la lluvia no llegaba.
Los dos hombres, uno arrastrando al otro, se detuvieron al lado de una hoguera repleta de brasas de carbón. El viento soplaba sobre el fuego y levantaba chispas que chasqueaban en la oscuridad. Nubes negras cubrían el cielo. Y, en esa hora trágica, Ixión empujo a Deioneo sobre las brasas. La lluvia que amenazaba en vano con caer, no llegaría a tiempo.
Nubes negras cubrían la culpa. Una nube era el perjurio; la otra, el sacrilegio. Porque Ixión había caído en el perjurio al negar los regalos que ante los dioses juró entregar. Y había cometido un sacrilegio al matar al padre de su mujer, rompiendo con ese acto la unión sagrada de la familia.
Atormentado por las Erinas, perjuro y sacrílego, Ixión salió a vagar por toda Grecia, en busca de purificación. Pero nadie osaba atenderlo.
Sus largos sufrimientos despertaron la compasión de Zeus, que decidió redimirlo de su culpa y colocarlo de nuevo en el camino de la felicidad. Pero antes quiso probar si estaba arrepentido de su deslealtad.
Las nubes negras no se detuvieron más sobre la cabeza de Ixión. En el cielo, una nube de liberación y amor lo llamaba. La nube tomó la forma de Hera, divina esposa de Zeus.
El lapita, entonces, escaló los aires y se unió a la nube con placer, pensando en poseer a la propia diosa. De ese amor momentáneo y engañoso nacieron los Centauros.
Zeus había sido traicionado; Zeus había sido desafiado nuevamente. Y el traidor y desafiador era uno solo: Ixión. Una tercera nube negra surgió en el cielo, trayendo inscrito el castigo del lapita: pasar la vida de ultratumba en el Tártaro, atado a una rueda de fuego.

LOS CONCILIOS ECUMENICOS - V DE LETRAN -

LOS CONCILIOS ECUMENICOS
V De Letrán (1512-1517 d.c.)


Papa Julio II. Contra el concilio León X de Pisa y por la reforma de la Iglesia. Tenía como misión la reforma del clero y de los fieles pero tuvo que dejar lo más importante de esta tarea al Concilio siguiente.
Buscó fórmulas conciliatorias para tratar las relaciones entre los príncipes cristianos sin recurrir a la guerra.
Trató de reformar costumbres disciplinarias en las que se habían introducido abusos escandalosos.
Dictó normas para las instituciones religiosas y condenó unas herejías contrarias a la inmortalidad del alma.
Definiciones sobre el alma humana, la cual no es única para todos, sino propia para cada hombre, forma del cuerpo e inmortal.

Magisterio del C.E V de Letrán XVIII ecuménico (acerca de la reformación de la Iglesia) Del alma humana
(contra los neoaristotélicos) [De la Bula Apostolici regiminis (SESION VII)
19 de diciembre de 1513
Como quiera, pues, que en nuestros días con dolor lo confesamos el sembrador de cizaña, aquel antiguo enemigo del género humano, se haya atrevido a sembrar y fomentar por encima del campo del Señor algunos perniciosísimos errores, que fueron siempre desaprobados por los fieles, señaladamente acerca de la naturaleza del alma racional, a saber: que sea mortal o única en todos los hombres, y algunos, filosofando temerariamente, afirmen que ello es verdad por lo menos según la filosofía; deseosos de poner los oportunos remedios contra semejante peste, con aprobación de este sagrado Concilio, condenamos y reprobamos a todos los que afirman que el alma intelectiva es mortal o única en todos los hombres, y a los que estas cosas pongan en duda, pues ella no sólo es verdaderamente por sí y esencialmente la forma del cuerpo humano como se contiene en el canon del Papa Clemente V, de feliz recordación, predecesor nuestro, promulgado en el Concilio (general) de Vienne [n. 481], sino también inmortal y además es multiplicable, se halla multiplicada y tiene que multiplicarse individualmente, conforme a la muchedumbre de los cuerpos en que se infunde... Y como quiera que lo verdadero en modo alguno puede estar en contradicción con lo verdadero, definimos como absolutamente falsa toda aserción contraria a la verdad de la fe iluminada [n. 17517]; y con todo rigor prohibimos que sea lícito dogmatizar en otro sentido; y decretamos que todos los que se adhieren a los asertos de tal error, ya que se dedican a sembrar por todas partes las más reprobadas herejías, como detestables y abominables herejes o infieles que tratan de arruinar la fe, deben ser evitados y castigados.

De los "Montes de piedad" y de la usura [De la Bula Inter multiplices, de 28 de abril (SESION X), de 4 de mayo de 1515]
Con aprobación del sagrado Concilio, declaramos y definimos que los (antedichos) Montes de piedad, instituídos en los estados, y aprobados y confirmados hasta el presente por la autoridad de la Sede Apostólica, en los que en razón de sus gastos e indemnidad, únicamente para los gastos de sus empleados y de las demás cosas que se refieren a su conservación, conforme se manifiesta, sólo en razón de su indemnidad, se cobra algún interés moderado, además del capital, sin ningún lucro por parte de los mismos Montes, no presentan apariencia alguna de mal ni ofrecen incentivo para pecar, ni deben en modo alguno ser desaprobados, antes bien ese préstamo es meritorio y debe ser alabado y aprobado y en modo alguno ser tenido por usurario... Todos los religiosos, empero, y personas eclesiásticas y seglares que en adelante fueren osados a predicar o disputar de palabra o por escrito contra el tenor de la presente declaración y decreto, queremos que incurran en la pena de excomunión latae sententiae, sin que obste privilegio alguno.

De la relación entre el Papa y los Concilios [De la Bula Pastor aeternus (SESION XI), de 19 de diciembre de 1516]
Ni debe tampoco movernos el hecho de que la sanción [pragmática] misma y lo en ella contenido fue promulgado en el Concilio de Basilea, como quiera que todo ello fue hecho, después de la traslación del mismo Concilio de Basilea, por obra del conciliábulo del mismo nombre y, por ende, ninguna fuerza pueden tener; pues consta también manifiestamente no sólo por el testimonio de la Sagrada Escritura, por los dichos de los santos Padres y hasta de otros Romanos Pontífices predecesores nuestros y por decretos de los sagrados cánones; sino también por propia confesión de los mismos Concilios, que aquel solo que a la sazón sea el Romano Pontífice, como tiene autoridad sobre todos los Concilios, posee pleno derecho y potestad de convocarlos, trasladarlos y disolverlos...

De las Indulgencias [De la Bula Cum postquam al Legado Tomás de Vio Cayetano, de 9 de noviembre de 1518]
Y para que en adelante nadie pueda alegar ignorancia de la doctrina de la Iglesia Romana acerca de estas indulgencias y su eficacia o excusarse con pretexto de tal ignorancia o con fingida declaración ayudarse, sino que puedan ser ellos convencidos como culpables de notoria mentira y con razón castigados, hemos determinado significarte por las presentes letras que la Iglesia Romana, a quien las demás están obligadas a seguir como a madre, enseña: Que el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, el llavero, y Vicario de Jesucristo en la tierra, por el poder de las llaves, a las que toca abrir el reino de los cielos, quitando en los fieles de Cristo los impedimentos a su entrada (es decir, la culpa y la pena debida a los pecados actuales: la culpa, mediante el sacramento de la penitencia, y la pena temporal, debida conforme a la divina justicia por los pecados actuales, mediante la indulgencia de la Iglesia), puede por causas razonables conceder a los mismos fieles de Cristo, que, por unirlos la caridad, son miembros de Cristo, ora se hallen en esta vida, ora en el purgatorio, indulgencias de la sobreabundancia de los méritos de Cristo y de los Santos; y que concediendo [el Romano Pontífice] indulgencia tanto por los vivos como por los difuntos con apostólica autoridad, ha acostumbrado dispensar el tesoro de los méritos de Cristo y de los Santos, conferir la indulgencia misma por modo de absolución, o transferirla por modo de sufragio. Y, por tanto, que todos, lo mismo vivos que difuntos, que verdaderamente hubieren ganado todas estas indulgencias, se vean libres de tanta pena temporal, debida conforme a la divina justicia por sus pecados actuales, cuanta equivale a la indulgencia concedida y ganada. Y decretamos por autoridad apostólica a tenor de estas mismas presentes letras, que así debe creerse y predicarse por todos bajo pena de excomunión latae sententiae.

León X, el año 1519, envió esta bula a los suizos con una carta de 30 de abril de 1519 en que juzga así de la doctrina de la bula:

La potestad del Romano Pontífice en la concesión de estas indulgencias, según la verdadera definición de la Iglesia Romana, que debe ser por todos creída y predicada... hemos decretado, como por las mismas Letras que mandamos se os consignen, plenamente procuraréis ver y guardar... Firmemente os adheriréis a la verdadera determinación de la Santa Romana Iglesia y de esta Santa Sede que no permite los errores.

Errores de Martín Lutero [Condenados en la Bula Exsurge Domine, de 15 de junio de 1520]
1. Es sentencia herética, pero muy al uso, que los sacramentos de la Nueva Ley, dan la gracia santificante a los que no ponen óbice.
2. Decir que en el niño después del bautismo no permanece el pecado, es conculcar juntamente a Pablo y a Cristo.
3. El incentivo del pecado [fomes peccati], aun cuando no exista pecado alguno actual, retarda al alma que sale del cuerpo la entrada en el cielo.
4. La caridad imperfecta del moribundo lleva necesariamente consigo un gran temor, que por sí solo es capaz de atraer la pena del purgatorio e impide la entrada en el reino.
5. Que las partes de la penitencia sean tres: contrición, confesión y satisfacción, no está fundado en la Sagrada Escritura ni en los antiguos santos doctores cristianos.
6. La contrición que se adquiere por el examen, la consideración y detestación de los pecados, por la que une repasa sus años con amargura de su alma, ponderando la gravedad de sus pecados, su muchedumbre, su fealdad, la pérdida de la eterna bienaventuranza y adquisición de la eterna condenación; esta contrición hace al hombre hipócrita y hasta más pecador.
7. Muy veraz es el proverbio y superior a la doctrina hasta ahora por todos enseñada sobre las contriciones: "La suma penitencia es no hacerlo en adelante; la mejor penitencia, la vida nueva" .
8. En modo alguno presumas confesar los pecados veniales; pero ni siquiera todos los mortales, porque es imposible que los conozcas todos. De ahí que en la primitiva Iglesia sólo se confesaban los pecados mortales manifiestos (o públicos).
9. Al querer confesarlo absolutamente todo, no hacemos otra cosa que no querer dejar nada a la misericordia de Dios para que nos lo perdone.
10. A nadie le son perdonados los pecados, si, al perdonárselos el sacerdote, no cree que le son perdonados; muy al contrario, el pecado permanecería, si no lo creyera perdonado. Porque no basta la remisión del pecado y la donación de la gracia, sino que es también necesario creer que está perdonado.
11. En modo alguno confíes ser absuelto a causa de tu contrición, sino a causa de la palabra de Cristo: Cuanto desatares, etc. [Mt. 16, 19]. Por ello, digo, ten confianza, si obtuvieres la absolución del sacerdote y cree fuertemente que estás absuelto, y estarás verdaderamente absuelto, sea lo que fuere de la contrición.
12. Si, por imposible, el que se confiesa no estuviera contrito o el sacerdote no lo absolviera en serio, sino por juego; si cree, sin embargo, que está absuelto, está con toda verdad absuelto.
13. En el sacramento de la penitencia y en la remisión de la culpa no hace más el Papa o el obispo que el infimo sacerdote; es más, donde no hay sacerdote, lo mismo hace cualquier cristiano, aunque fuere una mujer o un niño.
14. Nadie debe responder al sacerdote si está contrito, ni el sacerdote debe preguntarlo.
15. Grande es el error de aquellos que se acercan al sacramento de la Eucaristía confiados en que se han confesado, en que no tienen conciencia de pecado mortal alguno, en que han previamente hecho sus oraciones y actos preparatorios: todos ellos comen y beben su propio juicio. Mas si creen y confían que allí han de conseguir la gracia, esta sola fe los hace puros y dignos.
16. Oportuno parece que la Iglesia estableciera en general Concilio que los laicos recibieran la Comunión bajo las dos especies; y los bohemios que comulgan bajo las dos especies, no son herejes, sino cismáticos.
17. Los tesoros de la Iglesia, de donde el Papa da indulgencias, no son los méritos de Cristo y de los Santos.
18. Las indulgencias son piadosos engaños de los fieles y abandonos de las buenas obras; y son del número de aquellas cosas que son lícitas, pero no del número de las que convienen.
19. Las indulgencias no sirven, a aquellos que verdaderamente las ganan, para la remisión de la pena debida a la divina justicia por los pecados actuales.
20. Se engañan los que creen que las indulgencias son saludables y útiles para provecho del espíritu.
21. Las indulgencias sólo son necesarias para los crímenes públicos y propiamente sólo se conceden a los duros e impacientes.
22. A seis géneros de hombres no son necesarias ni útiles las indulgencias, a saber: a los muertos o moribundos, a los enfermos, a los legítimamente impedidos, a los que no cometieron crímenes, a los que los cometieron, pero no. públicos, a los que obran cosas mejores.
23. Las excomuniones son sólo penas externas y no privan al hombre de las comunes oraciones espirituales de la Iglesia.
24. Hay que enseñar a los cristianos más a amar la excomunión que a temerla.
25. El Romano Pontífice, sucesor de Pedro, no fue instituído por Cristo en el bienaventurado Pedro vicario del mismo Cristo sobre todas las Iglesias de todo el mundo.
26. La palabra de Cristo a Pedro: Todo lo que desatares sobre la tierra etc. [Mt. 16], se extiende sólo a lo atado por el mismo Pedro.
27. Es cierto que no está absolutamente en manos de la Iglesia o del Papa, establecer artículos de fe, mucho menos leyes de costumbres o de buenas obras.
28. Si el Papa con gran parte de la Iglesia sintiera de este o de otro modo, y aunque no errara; todavía no es pecado o herejía sentir lo contrario, particularmente en materia no necesaria para la salvación, hasta que por un Concilio universal fuere aprobado lo uno, y reprobado lo otro.
29. Tenemos camino abierto para enervar la autoridad de los Concilios y contradecir libremente sus actas y juzgar sus decretos y confesar confiadamente lo que nos parezca verdad, ora haya sido aprobado, ora reprobado por cualquier concilio.
30. Algunos artículos de Juan Hus, condenados en el Concilio de Constanza, son cristianísimos, veracísimos y evangélicos, y ni la Iglesia universal podría condenarlos.
31. El justo peca en toda obra buena.
32. Una obra buena, hecha de la mejor manera, es pecado venial.
33. Que los herejes sean quemados es contra la voluntad del Espíritu.
34. Batallar contra los turcos es contrariar la voluntad de Dios, que se sirve de ellos para visitar nuestra iniquidad.
35. Nadie está cierto de no pecar siempre mortalmente por el ocultísimo vicio de la soberbia.
36. El libre albedrío después del pecado es cosa de mero nombre; y mientras hace lo que está de su parte, peca mortalmente.
37. El purgatorio no puede probarse por Escritura Sagrada que esté en el canon.
38. Las almas en el purgatorio no están seguras de su salvación, por lo menos todas; y no está probado, ni por razón, ni por Escritura alguna, que se hallen fuera del estado de merecer o de aumentar la caridad.
39. Las almas en el purgatorio pecan sin intermisión, mientras buscan el descanso y sienten horror de las penas.
40. Las almas libradas del purgatorio por los sufragios de los vivientes, son menos bienaventuradas que si hubiesen satisfecho por sí mismas.
41. Los prelados eclesiásticos y príncipes seculares no harían mal si destruyeran todos los sacos de la mendicidad.

Censura del Sumo Pontífice: Condenamos, reprobamos y de todo punto rechazamos todos y cada uno de los antedichos artículos o errores, respectivamente, según se previene, como heréticos, escandalosos, falsos u ofensivos de los oídos piadosos o bien engañosos de las mentes sencillas, y opuestos a la verdad católica.

***

INDULGENCIAS
Indulgencia: latín "indulgentia", de indulgeo, "ser compasivo". Significa "favor". Aparece en Isaias 61,1 en la traducción Vulgata significando liberación.
"La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos". Catecismo #1471

Puntos importantes:
* En el bautismo se nos perdona la culpa y también la pena relacionada con el pecado
*En el Sacramento de la Penitencia se perdona la culpa y la pena eterna que merece el pecado, PERO NO el castigo temporal (pena temporal) que requiere la justicia divina. Este debe ser satisfecho en esta vida o en el Purgatorio
*La Iglesia tiene el poder para efectuar la remisión de dicha pena temporal. Este poder fue dado por Cristo, es el poder de la llaves.
*La Iglesia al conceder la indulgencia aplica su tesoro que son los méritos sobre-abundantes de Cristo y los santos, para la remisión de la pena. La Iglesia es la administradora (no dueña) de este tesoro. La Iglesia determina la cantidad y las condiciones para la concesión de la indulgencia. Toma en cuenta tanto la misericordia de Dios como los requisitos de su justicia.
*La indulgencia es posible porque, igual que el pecado tiene un efecto comunal (el pecado de uno afecta el Cuerpo de Cristo), la salvación también tiene una dimensión comunal. Por eso podemos orar unos por otros. Los méritos Cristo y de los santos (por estar unidos a El en su Cuerpo Místico), nos benefician. Ver: Comunión de los Santos
*La indulgencia presupone que el pecador ha cumplido con los requisitos de una buena confesión entre estos la satisfacción (penitencia) que el confesor impone.
*La indulgencia es extra-sacramental (no es un sacramento). Requiere haber recibido el sacramento de confesión.
*La indulgencia no puede remover la culpa sino solo la pena. La culpa es removida al hacer una buena confesión. Ningún papa ni concilio ha concedido a las indulgencias el poder de remitir la culpa, lo cual pertenece a la confesión sacramental. El papa Clemente V (1305-1314) condenó la práctica de proveer indulgencias que pretendían absolver la culpa y la pena del pecado (a culpa et a poena). Clemente, l. v, tit. 9, c. ii. El Concilio de Constanza (1418) revocó todas las indulgencias que contenían la fórmula "a culpa et a poena" -(sesión XLII, n. 14)
* Muchísimos son los santos canonizados que confirman doctrina de las indulgencias: Entre los recientes: Santa Faustina y el Padre Pio.
La Iglesia publica un "Manual de Indulgencias".

Indulgencia Parcial:
-tener la intención de ganar indulgencias
-realizar la obra o la oración prescrita
-estar en estado de gracia

Indulgencia Plenaria:
-Visitar el lugar u observar aquello a lo que se le concedió indulgencia.
-tener la intención de ganar indulgencias
-Rezar el Padre Nuestro para afirmar la propia dignidad de hijos de Dios recibida en el bautismo.
-Rezar el Credo (Símbolo de la fe) para afirmar la propia identidad cristiana
-Confesión Sacramental
-Comunión Eucarística
-Orar por las intenciones del Santo Padre para afirmar la propia pertenencia a la Iglesia, cuyo fundamento y centro visible de unidad es el Romano Pontífice

La indulgencia plenaria solo puede ser adquirida una vez en el transcurso del día (excepto en el momento de la muerte). Es además requerido que toda atadura al pecado, incluso al venial, este ausente.
Aunque la comunión y la oración por el santo Padre es requerida en el mismo día en que se ejecuta la obra o la oración, la confesión puede ser hecha 8 días antes o después.

viernes, 11 de diciembre de 2009

MITOLOGIA CANANEA -BA`LU Y MÔTU-

MITOLOGIA CANANEA
El mito de la Lucha entre Ba`lu y Môtu


Dentro de la rica mitología dada a conocer por las tablillas de Ugarit, el poema más importante es el de Baal y Mot, la versión más completa del drama de la fertilidad motivado por la desaparición de un dios (Dummuzi-Tammuz-Adonis, Osiris, Telepinu). La historia de la "muerte" de Baal y de su liberación por su hermana Anat aparece como la transposición mítica de un fenómeno natural: la desaparición de las lluvias en la estación seca, relacionada con Mot, dios de los infiernos - y su retorno en los comienzos de la estación invernal. El poema comienza con un diálogo entre Mot y Baal, quien atiende a la llamada del primero y desciende a sus dominios en el mundo inferior, lo que conlleva la desaparición del dios. Tras algunas lagunas, continúa la narración. Ilu se entera de la desaparición de Baal

Traducción de G. Del Olmo Lete, Mitos y leyendas de Canaán según la tradición de Ugarit, Madrid 1981.

Transmisión del mensaje

[Así, pusieron entonces cara] / [hacia Ilu (que mora) en la fuente de los dos ríos], / [en el seno del venero de los dos océanos].
[Se dirigieron a la gruta de Ilu] y entraron / [en la morada del Rey, Padre] de años.
[Alzaron su voz y exclamaron]: / "Hemos dado vueltas [hasta los extremos de la tierra], / hasta los límites de las praderas (?).
Llegamos a la `delicia' (de) la tierra de `Peste', / a la `hermosura' (de) los campos de `Playa-Mortandad',
llegamos hasta Ba`lu, caído a tierra. ¡Muerto está Ba`lu, el Victorioso, / pereció el Príncipe, Señor de la tierra!".

Reacción de Ilu

Entonces el Benigno, Ilu, el Bondadoso, / bajó del trono, se sentó en el escabel, / y dejando el escabel se sentó en tierra; esparció ceniza de aflicción sobre su cabeza, / polvo de humillación sobre su cráneo, / por vestido se cubrió con una túnica ritual;
la piel con (un cuchillo de) piedra desgarró, / las dos trenzas con una navaja (de afeitar), / (se) laceró las mejillas y el mentón;
roturó la caña de su brazo, / aró como un huerto su pecho, / como un valle roturó su dorso.
Alzó su voz y exclamó: / "¡Ba`lu está muerto! ¿Qué va a ser del pueblo?
¡El hijo de Daganu! ¿Qué será de la multitud? / En pos de Ba`lu voy a bajar a la `tierra'".

Marcha y reacción de `Anatu

También `Anatu recorrió y rastreó / todo monte hasta las entrañas de la tierra, / toda altura hasta el seno de los campos. Llegó a la delicia de la tierra de `Peste', / a la `hermosura' de los campos de `Playa-Mortandad', llegó hasta Ba`lu, caído a tierra. / Por vestido se cubrió con una túnica ritual.

De Ba`lu

La piel con (un cuchillo de) piedra desgarró, / las dos trenzas [con una navaja] (de afeitar) / (se) laceró las mejillas y el mentón.
[Roturó] la caña de su brazo, / aró como un huerto su pecho, / como un valle roturó su dorso: "¡Ba`lu está muerto! ¿Qué va a ser del pueblo? / ¡El hijo de Daganu! ¿Qué será de la multitud? / En pos de Ba`lu hemos de bajar a la `tierra'". Con ella bajó la Luminaria de los dioses, Sapsu.

Rescate de Ba`lu

Cuando se sació de llorar, / de beber como vino lágrimas, en voz alta gritó a la Luminaria de los dioses, Sapsu: "Cárgame, por favor, a Ba`lu, el Victorioso". Escuchó la Luminaria de los dioses, Sapsu, / alzó a Ba`lu, el Victorioso, / a hombros de `Anatu, sí, lo puso. Lo subió ella a las cumbres de Sapanu, / le lloró y le sepultó, / le puso en la caverna de los dioses de la `tierra'.

Escena de sacrificio

Degolló setenta toros salvajes / como ofrenda fúnebre de Ba`lu, el Victorioso;
Degolló setenta bueyes / como ofrenda fúnebre de Ba`lu, el Victorioso;
Degolló setenta reses ovinas / como ofrenda fúnebre de Ba`lu, el Victorioso;
Degolló setenta ciervos / como ofrenda fúnebre de Ba`lu, el Victorioso;
Degolló setenta cabras monteses / como ofrenda fúnebre de Ba`lu, el Victorioso;
Degolló setenta asnos / como ofrenda fúnebre de Ba`lu, el Victorioso;
Su [festín sacrificial] dispuso en la arada/`Anatu, / y su [ración],la de `cuñado' de los dioses/la `Pretendida de los pueblos'.

Marcha de `Anatu

Así, puso entonces cara / hacia Ilu (que mora) en la fuente de los ríos, / en el seno del venero de los dos océanos.
Se dirigió a la gruta de Ilu entró / en la morada del Rey, Padre de años A los pies de Ilu se inclinó y cayó, / se postró y le rindió honores. Alzó su voz y exclamó:
"¡Que se alegren ahora Atitatu y sus hijos, / la diosa (madre) y el clan de sus parientes, que muerto está Ba`lu, el Victorioso, / que pereció el Príncipe, Señor de la tierra!.

Diálogo entre Ilu y Atiratu

En voz alta gritó Ilu / a la Gran Dama, Atiratu del Mar:
"Escucha, ¡oh Gran Dama, Atiratu del Mar! / Da(me) uno de tus hijos para hacerle rey".
Y respondió la Gran Dama, Atiratu del Mar: / "¡Venga, hagamos rey a uno inteligente y perspicaz!". Y respondió el Benigno, Ilu, el Bondadoso: / "Uno débil de fuerzas no podrá competir, con Ba`lu no podrá medir (au) lanza, / con el hijo de Daganu, porque desfallecerá". Y respondió la Gran Dama, Atiratu del Mar: "¡Hagamos entonces rey a `Attaru, el Terrible! / ¡Que reine `Attaru, el Terrible!".

Fracaso de `Attaru

Acto seguido `Attaru, el Terrible, / subió a las cumbres de Sapanu, / se sentó en el trono de Ba`lu, el Victorioso. Sus pies no llegaban al escabel, / su cabeza no alcanaba a su remate. Y respondió `Attaru, el Terrible: / "No puedo reinar en las cumbres de Sapanu". Descendió del trono de Ba`lu, el Victorioso, / y reinó en la tierra (que) de (un) dios es toda ella.

Diálogo entre `Anatu y Môtu

... Un día y más pasaron / y `Anatu, la Doncella, le buscó. Como el corazón de la vaca por su ternero, como el corazón de la oveja por su cordero, / así (batía) el corazón de `Anatupor Ba`lu. Cogió a Môtu por el borde del vestido, / le agarró por el extremo del manto, alzó su voz y exclamó: / "¡Venga, Môtu, dame a mi hermano!". Respondió el divino Môtu: / "¿Qué deseas de mí, ¡oh Virgen `Anatu?
Yo mismo recorrí y rastreé / todo monte hasta las entrañas de la tierra, / toda altura hasta el seno de los campos. El vigor ha fallado a los hombres, / el aliento a las multitudes de la tierra. Llegué a la delicia de la tierra de `Peste', / a la hermosura de los campos de `Playa-Mortandad. Encontré a Ba`lu, el Victorioso, / yo mismo le puse (como) cordero en mi boca, / como lechal en la abertura de mi esófago quedó triturado;
(pues) la Luminaria de los dioses, Sapsu, / abrasando está el vigor de los cielos / en manos del divino Môtu".

Muerte de Môtu

Un día y más pasaron, / los días (se hicieron) meses; / `Anatu, la Doncella, le buscó. Como el corazón de la vaca por su ternero, como el corazón de la oveja por su cordero, / así (batía) el corazón de `Anatu por Ba`lu. Cogió al divino Môtu, / con un cuchillo le partió, con un bieldo le bieldó, / en el fuego le quemó, con piedras de molienda le trituró, / en el campo le diseminó. Su carne la comieron, sí, los pájaros, / sus trozos los devoraron las aves; / le carne a carne fue invitada.

Escena de augurio

"¡Muerto está Ba`lu, el Victorioso, / pereció el Príncipe, Señor de la tierra! Pero si está vivo Ba`lu, el Victorioso, / y si está en su ser el Príncipe, Señor de la tierra, en un sueño del Benigno, de Ilu, el Bondadoso, / en una visión del Creador de las creaturas, los cielos aceite lluevan, / los torrentes fluyan con miel, para que sepa yo que está vivo Ba`lu, el Victorioso, / que está en su ser el Príncipe, Señor de la tierra". En un sueño del Benigno, de Ilu, el Bondadoso, / en una visión del Creador de las creaturas, los cielos aceite lluevan, / los torrentes fluyeron con miel.

Reacción de Ilu

Se alegró el Benigno, Ilu, el Bondadoso, / sus pies en el escabel apoyó / y desfrunció el ceño y se echó a reir. Alzó su voz y exclamó: / "Me sentaré y reposaré, /y reposará en mi pecho mi alma, porque está vivo Ba`lu, el Victorioso, / porque está en su ser el Príncipe, Señor de la tierra".

Mensaje de Ilu

En voz alta gritó Ilu a la Virgen `Anatu: "Escucha, ¡oh Virgen `Anatu!, / dí a la Luminaria de los dioses, Sapsu: Resecos están los surcos de los campos, ¡oh Sapsu!,
resecos los surcos de los campos, ¡(oh) dios!; / ¿te hicieron `Señor' de los surcos de la arada?
¿Dónde está Ba`lu, el Victorioso, / dónde el Príncipe, Señor de la tierra?".

Transmisión del mensaje

Marchó la virgen `Anatu; / así, puso entonces cara / hacia la Luminaria de los dioses, Sapsu. Alzó su voz y exclamó:
"Mensaje del Toro, Ilu, tu padre, / palabra del Benigno, tu progenitor: resecos están los surcos de los campos, ¡oh Sapsu!,
resecos los surcos de los campos, ¡(oh) dios!; / ¿te hicieron `Señor' de los surcos de la arada? ¿Dónde está Ba`lu, el Victorioso, / dónde el Príncipe, Señor de la tierra?".

Transmisión del mensaje

Marchó la Virgen `Anatu; / así, puso entonces cara / hacia la Luminaria de los dioses, Sapsu. Alzó y voz y exclamó:
"Mensaje del Toro, Ilu, tu padre, / palabra del Benigno, tu progenitor: resecos están los surcos de los campos, ¡oh Sapsu!,
resecos los surcos de los campos, ¡(oh) dios!; / ¿te hicieron `Señor' de los surcos de la arada? ¿Dónde está Ba`lu, el Victorioso, / dónde el Príncipe, Señor de la tierra?".

Diálogo entre `Anatu y Sapsu

Y respondió la Luminaria de los dioses, Sapsu: "Vierte vino chispeante de las tinas / que traiga la comitiva de tu(s) congénere(s), que yo buscaré a Ba`lu, el Victorioso".
Y respondió la Virgen `Anatu: "¡Doquiera (vayas), ¡oh Sapsu!, / doquiera (vayas), ¡(oh) dios!, / que te proteja...!"...

Escena de combate

"Agarró Ba`lu a los hijos de Atiratu; / a los grandes golpeó con el garrote, a los que (eran) como Yammu golpeó con la maza, / a los pequeños arrastró por tierra. Y [subió] Ba`lu a su trono regio, / [al diván], el solio de su poder.

Lamento de Môtu

Los días se hicieron meses, / los meses se hicieron años; hasta que a los siete años / [se dirigió] el divino Môtu / hacia Ba`lu, el Victorioso. Alzó su voz y exclamó: "Por tu causa, Ba`lu, he visto la postración, / por tu causa he visto el aventamiento
por tu causa he visto el trinchamiento> a cuchillo, / por tu causa he visto la combustión por fuego, por tu causa he visto la molienda a la piedra, / por tu causa he visto el cernido con criba, por tu causa he visto el abandono en el campo, / por tu causa he visto la diseminación en el mar. Da(me) uno de tus hermanos para que yo lo devore / y me calme, puesto que soy inexorable (?).
Si uno de tus hermanos [sacia mi sed(?)], / entonces le aceptaré/será aceptado [como sustituto (?)].
(Hasta) ahora mi alimento son los hombres, / mi comida, las multitudes de la tierra".
........
[Entonces consumió] el divino Môtu, / [devoró] a siete de sus mancebos.

Escena de combate

Y respondió el divino Môtu: "Y [he aquí] que a mis hermanos hizo Ba`lu mi alimento, / a los hijos de mi madre, mi consumición". Se volvió hacia Ba`lu (que mora) en las cumbres de Sapanu, / alzó su voz y exclamó: "A mis hermanos hiciste Ba`lu mi alimento / a los hijos de madre mi consumición".
(Se) atacaron como bestias depredadoras (?): / Môtu era fuerte, Ba`lu era fuerte;
(se) acornearon como toros salvajes: / Môtu era fuerte, Ba`lu era fuerte;
(se) mordieron como serpientes: / Môtu era fuerte, Ba`lu era fuerte;
(se) arrastraron como alazanes (?): / Môtu cayó, Ba`lu cayó sobre él.

Consejo de Sapsu

Sapsu gritó a Môtu:"Escucha, por favor, ¡oh divino Môtu!,
¿cómo puedes pelearte / con Ba`lu, el Victorioso?; ¿cómo quieres que te escuche / el Toro Ilu, tu padre?
De seguro arrancará el soporte de tu sede, volcará, sí, tu trono regio, / sin duda romperá tu cetro de mando".

Desenlace del combate

Se atemorizó el divino Môtu, / tuvo miedo el Amado de Ilu, el Adalid; se agitó Môtu en su postración, / se humilló (?) [ante (?)] Ba`lu, que fue instalado en su [trono] regio, / en [el diván, el solio] de su poder.

Himno a Ba`lu

"Desciende, pues, [a tomar] pan tierno (?), / a comer, sí, pan de ofrenda, / a beber, venga, vino de libación. Sapsu a los Rapauma (te) someterá, / Sapsu (te) someterá a los divinales; en torno tuyo están los dioses, también los hombres, / en torno tuyo Kotaru tu compañero, / y Hasisu tu conocido. Contra Yammu, Arsu y Tunnanu / Kotaru-Hasisu una mano /(te) echará, Kotaru-Hasisu".

Colofón

El escriba fue Ilimilku, subbaní, / discípulo de Attanu-Pulianni, / Sumo Sacerdote, Pastor Máximo, Inspector de Niqmaddu, Rey de Ugarit, / Señor Formidable, Provisor de nuestro sustento.

LOS CONCILIOS ECUMENICOS - DE FERRARA / FLORENCIA -

LOS CONCILIO ECUMENICOS
De Ferrara - Florencia (1438-144
2 d.c.)


Papa Eugenio IV. Por la reconciliación de griegos y latinos.
Se celebró en Roma los dos últimos años. Estudio la Reforma de la Iglesia y un nuevo intento de reconciliación con los griegos de Constantinopla. Estos entraron en efecto en el seno de la Iglesia con los armenios, los jacobitas, los mesopotamios, los caldeos y los maronitas.
Este concilio fue en varias etapas y sedes diferentes lo que ocasionó situaciones tirantes. Fundamentalmente trató de la unión con Roma de diferentes Iglesias Orientales Autónomas y para unificar criterios.
Declaraciones sobre la procesión del Espíritu Santo que procede del Padre y del Hijo, la Eucaristía y los Novísimos (para los griegos);Decreto sobre los Sacramentos (para los armenios); - Sobre la Trinidad y la Encarnación (para los jacobitas).

Magisterio del C.E. de Florencia

XVII ecuménico (unión con los griegos, armenios y jacobitas) Decreto para los griegos [De la Bula Laeteniur coeli, de 6 de julio de 1439]

[De la procesión del Espíritu Santo.] En el nombre de la Santa Trinidad, del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, con aprobación de este Concilio universal de Florencia, definimos que por todos los cristianos sea creída y recibida esta verdad de fe y así todos profesen que el Espíritu Santo procede eternamente del Padre y del Hijo, v del Padre juntamente y el Hijo tiene su esencia y su ser subsistente, y de uno y otro procede eternamente como de un solo principio, y por única espiración; a par que declaramos que lo que los santos Doctores y Padres dicen que el Espíritu Santo procede del Padre por el Hijo, tiende a esta inteligencia, para significar por ello que también el Hijo es, según los griegos, causa y, según los latinos, principio de la subsistencia del Espíritu Santo, como también el Padre. Y puesto que todo lo que es del Padre, el Padre mismo se lo dio a su Hijo unigénito al engendrarle, fuera de ser Padre, el mismo precede el Hijo al Espíritu Santo, lo tiene el mismo Hijo eternamente también del mismo Padre, de quien es también eternamente engendrado. Definimos además que la adición de las palabras Filioque (=y del Hijo), fue lícita y razonablemente puesta en el Símbolo, en gracia de declarar la verdad y por necesidad entonces urgente.
Asimismo que el cuerpo de Cristo se consagra verdaderamente en pan de trigo ázimo o fermentado y en uno u otro deben los sacerdotes consagrar el cuerpo del Señor, cada uno según la costumbre de su Iglesia, oriental u occidental.

[Sobre los novísimos.] Asimismo, si los verdaderos penitentes salieren de este mundo antes de haber satisfecho con frutos dignos de penitencia por lo cometido y omitido, sus almas son purgadas con penas purificatorias después de la muerte, y para ser aliviadas de esas penas, les aprovechan los sufragios de los fieles vivos, tales como el sacrificio de la misa, oraciones y limosnas, y otros oficios de piedad, que los fieles acostumbran practicar por los otros fieles, según las instituciones de la Iglesia. Y que las almas de aquellos que después de recibir el bautismo, no incurrieron absolutamente en mancha alguna de pecado, y también aquellas que, después de contraer mancha de pecado, la han purgado, o mientras vivían en sus cuerpos o después que salieron de ellos, según arriba se ha dicho, son inmediatamente recibidas en el cielo y ven claramente a Dios mismo, trino y uno, tal como es, unos sin embargo con más perfección que otros, conforme a la diversidad de los merecimientos. Pero las almas de aquellos que mueren en pecado mortal actual o con solo el original, bajan inmediatamente al infierno, para ser castigadas, si bien con penas diferentes [v. 464].
Asimismo definimos que la santa Sede Apostólica y el Romano Pontífice tienen el primado sobre todo el orbe y que el mismo Romano Pontífice es el sucesor del bienaventurado Pedro, príncipe de los Apóstoles, verdadero vicario de Cristo y cabeza de toda la Iglesia y padre y maestro de todos los cristianos, y que al mismo, en la persona del bienaventurado Pedro, le fue entregada por nuestro Señor Jesucristo plena potestad de apacentar, regir y gobernar a la Iglesia universal, como se contiene hasta en las actas de los Concilios ecuménicos y en los sagrados cánones.
Decreto para los armenios
[De la Bula Exultate Deo, de 22 de noviembre de 1439]

Para la más fácil doctrina de los mismos armenios, tanto presentes como por venir, reducimos a esta brevísima fórmula la verdad sobre los sacramentos de la Iglesia. Siete son los sacramentos de la Nueva Ley, a saber, bautismo, confirmación, Eucaristía, penitencia, extremaunción, orden y matrimonio, que mucho difieren de los sacramentos de la Antigua Ley. Éstos, en efecto, no producían la gracia, sino que sólo figuraban la que había de darse por medio de la pasión de Cristo; pero los nuestros no sólo contienen la gracia, sino que la confieren a los que dignamente los reciben. De éstos, los cinco primeros están ordenados a la perfección espiritual de cada hombre en si mismo, y los dos últimos al régimen y multiplicación de toda la Iglesia. Por el bautismo, en efecto, se renace espiritualmente; por la confirmación aumentamos en gracia y somos fortalecidos en la fe; y, una vez nacidos y fortalecidos, somos alimentados por el manjar divino de la Eucaristía. Y si por el pecado contraemos una enfermedad del alma, por la penitencia somos espiritualmente sanados; y espiritualmente también y corporalmente, según conviene al alma, por medio de la extremaunción. Por el orden, empero, la Iglesia se gobierna y multiplica espiritualmente, y por el matrimonio se aumenta corporalmente. Todos estos sacramentos se realizan por tres elementos: de las cosas, como materia; de las palabras, como forma, y de la persona del ministro que confiere el sacramento con intención de hacer lo que hace la Iglesia. Si uno de ellos falta, no se realiza el sacramento. Entre estos sacramentos, hay tres: bautismo, confirmación y orden, que imprimen carácter en el alma, esto es, cierta señal indeleble que la distingue de las demás. De ahí que no se repiten en la misma persona. Mas los cuatro restantes no imprimen carácter y admiten la reiteración.

El primer lugar entre los sacramentos lo ocupa el santo bautismo, que es la puerta de la vida espiritual, pues por él nos hacemos miembros de Cristo y del cuerpo de la Iglesia. Y habiendo por el primer hombre entrado la muerte en todos, si no renacemos por el agua y el Espíritu, como dice la Verdad, no podemos entrar en el reino de los cielos [cf. Ioh. 3, 5]. La materia de este sacramento es el agua verdadera y natural, y lo mismo da que sea caliente o fría. Y la forma es: Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. No negamos, sin embargo, que también se realiza verdadero bautismo por las palabras: Es bautizado este siervo de Cristo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; o: Es bautizado por mis manos fulano en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Porque, siendo la santa Trinidad la causa principal por la que tiene virtud el bautismo, y la instrumental el ministro que da externamente el sacramento, si se expresa el acto que se ejerce por el mismo ministro, con la invocación de la santa Trinidad, se realiza el sacramento. El ministro de este sacramento es el sacerdote, a quien de oficio compete bautizar. Pero, en caso de necesidad, no sólo puede bautizar el sacerdote o el diácono, sino también un laico y una mujer y hasta un pagano y hereje, con tal de que guarde la forma de la Iglesia y tenga intención de hacer lo que hace la Iglesia. El efecto de este sacramento es la remisión de toda culpa original y actual, y también de toda la pena que por la culpa misma se debe. Por eso no ha de imponerse a los bautizados satisfacción alguna por los pecados pasados, sino que, si mueren antes de cometer alguna culpa, llegan inmediatamente al reino de los cielos y a la visión de Dios.

El segundo sacramento es la confirmación, cuya materia es el crisma, compuesto de aceite que significa el brillo de la conciencia, y de bálsamo, que significa el buen olor de la buena fama, bendecido por el obispo. La forma es.: Te signo con el signo de la cruz y confirmo con el crisma de la salud, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. El ministro ordinario es el obispo. Y aunque el simple sacerdote puede administrar las demás unciones, ésta no debe conferirla más que el obispo, porque sólo de los Apóstoles cuyas veces hacen los obisposse lee que daban el Espíritu Santo por la imposición de las manos, como lo pone de manifiesto el pasaje de los Hechos de los Apóstoles: Como oyeran dicelos Apóstoles, que estaban en Jerusalén, que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan. Llegados que fueron, oraron por ellos, para que recibieran el Espíritu Santo, pues todavía no había venido sobre ninguno de ellos, sino que estaban sólo bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces imponían las manos sobre ellos y recibían el Espíritu Santo [Act. 8, 14 ss]. Ahora bien, en lugar de aquella imposición de las manos, se da en la Iglesia la confirmación. Sin embargo, se lee que alguna vez, por dispensa de la Sede Apostólica, con causa razonable y muy urgente, un simple sacerdote ha administrado este sacramento de la confirmación con crisma consagrado por el obispo. El efecto de este sacramento es que en él se da el Espíritu Santo para fortalecer, como les fue dado a los Apóstoles el día de Pentecostés, para que el cristiano confiese valerosamente el nombre de Cristo. Por eso, el confirmando es ungido en la frente, donde está el asiento de la vergüenza, para que no se avergüence de confesar el nombre de Cristo y señaladamente su cruz que es escándalo para los judíos y necedad para los gentiles [cf. 1 Cor. 1, 23], según el Apóstol; por eso es señalado con la señal de la cruz.

El tercer sacramento es el de la Eucaristía, cuya materia es el pan de trigo y el vino de vid, al que antes de la consagración debe añadirse una cantidad muy módica de agua. Ahora bien, el agua se mezcla porque, según los testimonios de los Padres y Doctores de la Iglesia, aducidos antes en la disputación, se cree que el Señor mismo instituyó este sacramento en vino mezclado de agua; luego, porque así conviene para la representación de la pasión del Señor. Dice, en efecto, el bienaventurado Papa Alejandro, quinto sucesor del bienaventurado Pedro: "En las oblaciones de los misterios que se ofrecen al Señor dentro de la celebración de la Misa deben ofrecerse en sacrificio solamente pan y vino mezclado con agua. Porque no debe ofrecerse para el cáliz del Señor, ni vino solo ni agua sola, sino uno y otra mezclados, puesto que uno y otra, esto es, sangre y agua, se lee haber brotado del costado de Cristo". Ya también, porque conviene para significar el efecto de este sacramento, que es la unión del pueblo cristiano con Cristo. El agua, efectivamente, significa al pueblo, según el paso del Apocalipsis: Las aguas muchas... son los pueblos muchos [Apoc. 17, 15].
Y el Papa Julio, segundo después del bienaventurado Silvestre, dice: "El cáliz de] Señor, según precepto de los cánones, ha de ofrecerse con mezcla de vino y agua, porque vemos que en el agua se entiende el pueblo y en el vino se manifiesta la sangre de Cristo. Luego cuándo en el cáliz se mezcla el agua y el vino, el pueblo se une con Cristo y la plebe de los creyentes se junta y estrecha con Aquel en quien cree". Como quiera, pues, que tanto la Santa Iglesia Romana, que fue enseñada por los beatísimos Apóstoles Pedro y Pablo, como las demás Iglesias de latinos y griegos en que brillaron todas las lumbreras de la santidad y la doctrina, así lo han observado desde el principio de la Iglesia naciente y todavía la guardan, muy inconveniente parece que cualquier región discrepe de esta universal y razonable observancia. Decretamos, pues, que también los mismos armenios se conformen con todo el orbe cristiano y que sus sacerdotes, en la oblación del cáliz, mezclen al vino, como se ha dicho, un poquito de agua. La forma de este sacramento son las palabras con que el Salvador consagró este sacramento, pues el sacerdote consagra este sacramento hablando en persona de Cristo. Porque en virtud de las mismas palabras, se convierten la sustancia del pan en el cuerpo y la sustancia del vino en la sangre de Cristo; de modo, sin embargo, que todo Cristo se contiene bajo la especie de pan y todo bajo la especie de vino. También bajo cualquier parte de la hostia consagrada y del vino consagrado, hecha la separación, está Cristo entero. El efecto que este sacramento obra en el alma del que dignamente lo recibe, es la unión del hombre con Cristo. Y como por la gracia se incorpora el hombre a Cristo y se une a sus miembros, es consiguiente que por este sacramento se aumente la gracia en los que dignamente lo reciben; y todo el efecto que la comida y bebida material obran en cuanto a la vida corporal, sustentando, aumentando, reparando y deleitando, este sacramento lo obra en cuanto a la vida espiritual: En él, como dice el Papa Urbano, recordamos agradecidos la memoria de nuestro Salvador, somos retraidos de lo malo, confortados en lo bueno, y aprovechamos en el crecimiento de las virtudes y de las gracias.

El cuarto sacramento es la penitencia, cuya cuasi-materia son los actos del penitente, que se distinguen en tres partes. La primera es la contrición del corazón, a la que toca dolerse del pecado cometido con propósito de no pecar en adelante. La segunda es la confesión oral, a la que pertenece que el pecador confiese a su sacerdote íntegramente todos los pecados de que tuviere memoria. La tercera es la satisfacción por los pecados, según el arbitrio del sacerdote; satisfacción que se hace principalmente por medio de la oración, el ayuno y la limosna. La forma de este sacramento son las palabras de la absolución que profiere el sacerdote cuando dice: Yo te absuelvo, etc.; y el ministro de este sacramento es el sacerdote que tiene autoridad de absolver, ordinaria o por comisión de su superior. El efecto de este sacramento es la absolución de los pecados.

El quinto sacramento es la extremaunción, cuya materia es el aceite de oliva, bendecido por el obispo. Este sacramento no debe darse más que al enfermo, de cuya muerte se teme, y ha de ser ungido en estos lugares: en los ojos, a causa de la vista; en las orejas, por el oído; en las narices, por el olfato; en la boca, por el gusto o la locución; en la manos, por el tacto; en los pies por el paso; en los riñones, por la delectación que allí reside. La forma de este sacramento es ésta: Por esta santa unción y por su piadosísima misericordia, el Señor te perdone cuanto por la vista, etc. Y de modo semejante en los demás miembros. El ministro de este sacramento es el sacerdote. El efecto es la salud del alma y, en cuanto convenga, también la del mismo cuerpo. De este sacramento dice el bienaventurado Santiago Apóstol: ¿Está enfermo alguien entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, para que oren sobre él, ungiéndole con óleo en el nombre del Señor; y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor le aliviará y, si estuviere en pecados, se le perdonarán [Iac. 5, 14].

El sexto sacramento es el del orden, cuya materia es aquello por cuya entrega se confiere el orden: así el presbiterado se da por la entrega del cáliz con vino y de la patena con pan; el diaconado por la entrega del libro de los Evangelios; el subdiaconado por la entrega del cáliz vacío y de la patena vacía sobrepuesta, y semejantemente de las otras órdenes por la asignación de las cosas pertenecientes a su ministerio. La forma del sacerdocio es: "Recibe la potestad de ofrecer el sacrificio en la Iglesia, por los vivos y por los difuntos, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo". Y así de las formas de las otras órdenes, tal como se contiene ampliamente en el Pontifical romano. El ministro ordinario de este sacramento es el obispo. El efecto es el aumento de la gracia, para que sea ministro idóneo.

El séptimo sacramento es el del matrimonio, que es signo de la unión de Cristo y la Iglesia, según el Apóstol que dice: Este sacramento es grande; pero entendido en Cristo y en la Iglesia [Eph. 5, 82]. La causa eficiente del matrimonio regularmente es el mutuo consentimiento expresado por palabras de presente. Ahora bien, triple bien se asigna al matrimonio. El primero es la prole que ha de recibirse y educarse para el culto de Dios. El segundo es la fidelidad que cada cónyuge ha de guardar al otro. El tercero es la indivisibilidad del matrimonio, porque significa la ir divisible unión de Cristo y la Iglesia. Y aunque por motivo de fornicación sea licito hacer separación del lecho; no lo es, sin embargo, contraer otro matrimonio, como quiera que el vinculo del matrimonio legítimamente contraído, es perpetuo.
Decreto para los jacobitas
[De la Bula Cantate Domino, de 4 de febrero de 1441, (fecha florentina) ó 1442 (actual)]

La sacrosanta Iglesia Romana, fundada por la palabra del Señor y Salvador nuestro, firmemente cree, profesa y predica a un solo verdadero Dios omnipotente, inmutable y eterno, Padre, Hijo y Espíritu Santo, uno en esencia y trino en personas: el Padre ingénito, el Hijo engendrado del Padre, el Espíritu Santo que procede del Padre y del Hijo. Que el Padre no es el Hijo o el Espíritu Santo; el Hijo no es el Padre o el Espíritu Santo; el Espíritu Santo no es el Padre o el Hijo; sino que el Padre es solamente Padre, y el Hijo solamente Hijo, y el Espíritu Santo solamente Espíritu Santo. Solo el Padre engendró de su sustancia al Hijo, el Hijo solo del Padre solo fue engendrado, el Espíritu Santo solo procede juntamente del Padre y del Hijo. Estas tres personas son un solo Dios, y no tres dioses; porque las tres tienen una sola sustancia, una sola esencia, una sola naturaleza, una sola divinidad, una sola inmensidad, una eternidad, y todo es uno, donde no obsta la oposición de relación.
Por razón de esta unidad, el Padre está todo en el Hijo, todo en el Espíritu Santo; el Hijo está todo en el Padre, todo en el Espíritu Santo; el Espíritu Santo está todo en el Padre, todo en el Hijo. Ninguno precede a otro en eternidad, o le excede en grandeza, o le sobrepuja en potestad. Eterno, en efecto, y sin comienzo es que el Hijo exista del Padre; y eterno y sin comienzo es que el Espíritu Santo proceda del Padre y del Hijo. El Padre, cuanto es o tiene, no lo tiene de otro, sino de si mismo; y es principio sin principio. El Hijo, cuanto es o tiene, lo tiene del Padre, y es principio de principio. El Espíritu Santo, cuanto es o tiene, lo tiene juntamente del Padre y del Hijo. Mas el Padre y el Hijo no son dos principios del Espíritu Santo, sino un solo principio: Como el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo no son tres principios de la creación, sino un solo principio.
A cuantos, consiguientemente, sienten de modo diverso y contrario, los condena, reprueba y anatematiza, y proclama que son ajenos al cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. De ahí condena a Sabelio, que confunde las personas y suprime totalmente la distinción real de las mismas. Condena a los arrianos, eunomianos y macedonianos, que dicen que sólo el Padre es Dios verdadero y ponen al Hijo y al Espíritu Santo en el orden de las criaturas. Condena también a cualesquiera otros que pongan grados o desigualdad en la Trinidad.
Firmísimamente cree, profesa y predica que el solo Dios verdadero, Padre, Hijo y Espíritu Santo, es el creador de todas las cosas, de las visibles y de las invisibles; el cual, en el momento que quiso, creó por su bondad todas las criaturas, lo mismo las espirituales que las corporales; buenas, ciertamente, por haber sido hechas por el sumo bien, pero mudables, porque fueron hechas de la nada; y afirma que no hay naturaleza alguna del mal, porque toda naturaleza, en cuanto es naturaleza, es buena. Profesa que uno solo y mismo Dios es autor del Antiguo y Nuevo Testamento, es decir, de la ley, de los profetas y del Evangelio, porque por inspiración del mismo Espíritu Santo han hablado los Santos de uno y otro Testamento. Los libros que ella recibe y venera, se contienen en los siguientes títulos [Siguen los libros del Canon; cf. 784; EB 32].
Además, anatematiza la insania de los maniqueos, que pusieron dos primeros principios, uno de lo visible, otro de lo invisible, y dijeron ser uno el Dios del Nuevo Testamento y otro el del Antiguo.
Firmemente cree, profesa y predica que una persona de la Trinidad, verdadero Dios, Hijo de Dios, engendrado del Padre, consustancial y coeterno con el Padre, en la plenitud del tiempo que dispuso la alteza inescrutable del divino consejo, por la salvación del género humano, tomó del seno inmaculado de María Virgen la verdadera e integra naturaleza del hombre y se la unió consigo en unidad de persona con tan intima unidad, que cuanto allí hay de Dios, no está separado del hombre; y cuanto hay de hombre, no está dividido de la divinidad; y es un solo y mismo indiviso, permaneciendo una y otra naturaleza en sus propiedades, Dios y hombre, Hijo de Dios e Hijo del hombre, igual al Padre según la divinidad, menor que el Padre según la humanidad, inmortal y eterno por la naturaleza divina, pasible y temporal por la condición de la humanidad asumida.
Firmemente cree, profesa y predica que el Hijo de Dios en la humanidad que asumió de la Virgen nació verdaderamente, sufrió verdaderamente, murió y fue sepultado verdaderamente, resucitó verdaderamente de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la diestra del Padre y ha de venir al fin de los siglos para juzgar a los vivos y a los muertos.
Anatematiza, empero, detesta y condena toda herejía que sienta lo contrario. Y en primer lugar, condena a Ebión, Cerinto, Marcián, Pablo de Samosata, Fotino, y cuantos de modo semejante blasfeman, quienes no pudiendo entender la unión personal de la humanidad con el Verbo, negaron que nuestro Señor Jesucristo sea verdadero Dios, confesándole por puro hombre que, por participación mayor de la gracia divina, que había recibido, por merecimiento de su vida más santa, se llamaría hombre divino. Anatematiza también a Maniqueo con sus secuaces, que con sus sueños de que el Hijo de Dios no había asumido cuerpo verdadero, sino fantástico, destruyeron completamente la verdad de la humanidad en Cristo; así como a Valentín, que afirma que el Hijo de Dios nada tomó de la Virgen Madre, sino que asumió un cuerpo celeste y pasó por el seno de la Virgen, como el agua fluye y corre por un acueducto. A Arrio también que, afirmando que el cuerpo tomado de la Virgen careció de alma, quiso que la divinidad ocupara el lugar del alma. También a Apolinar quien, entendiendo que, si se niega en Cristo el alma que informe al cuerpo, no hay en Él verdadera humanidad, puso sólo el alma sensitiva, pero la divinidad del Verbo hizo las veces de alma racional. Anatematiza también a Teodoro de Mopsuesta y a Nestorio, que afirman que la humanidad se unió al Hijo de Dios por gracia, y que por eso hay dos personas en Cristo, como confiesan haber dos naturalezas, por no ser capaces de entender que la unión de la humanidad con el Verbo fue hipostática, y por eso negaron que recibiera la subsistencia del Verbo. Porque, según esta blasfemia, el Verbo no se hizo carne, sino que el Verbo, por gracia, habitó en la carne; esto es, que el Hijo de Dios no se hizo hombre, sino que más bien el Hijo de Dios habitó en el hombre.
Anatematiza también, execra y condena al archimandrita Eutiques, quien, entendiendo que, según la blasfemia de Nestorio, quedaba excluida la verdad de la encarnación, y que era menester, por ende, de tal modo estuviera unida la humanidad al Verbo de Dios que hubiera una sola y la misma persona de la divinidad y de la humanidad, y no pudiendo entender cómo se dé la unidad de persona subsistiendo la pluralidad de naturalezas; como puso una sola persona de la divinidad y de la humanidad en Cristo, así afirmó que no hay más que una sola naturaleza, queriendo que antes de la unión hubiera dualidad de naturalezas, pero en la asunción pasó a una sola naturaleza, concediendo con máxima blasfemia e impiedad o que la humanidad se convirtió en la divinidad o la divinidad en la humanidad. Anatematiza también, execra y condena a Macario de Antioquía, y a todos los que a su semejanza sienten, quien, si bien sintió con verdad acerca de la dualidad de naturalezas y unidad de personas; erró, sin embargo, enormemente acerca de las operaciones de Cristo, diciendo que en Cristo fue una sola la operación y voluntad de una y otra naturaleza. A todos éstos con sus herejías, los anatematiza la sacrosanta Iglesia Romana, afirmando que en Cristo hay dos voluntades y dos operaciones.
Firmemente cree, profesa y enseña que nadie concebido de hombre y de mujer fue jamás librado del dominio del diablo sino por merecimiento del que es mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo Señor nuestro; quien, concebido sin pecado, nacido y muerto al borrar nuestros pecados, Él solo por su muerte derribó al enemigo del género humano y abrió la entrada del reino celeste, que el primer hombre por su propio pecado con toda su sucesión había perdido; y a quien de antemano todas las instituciones sagradas, sacrificios, sacramentos y ceremonias del Antiguo Testamento señalaron como al que un día había de venir.
Firmemente cree, profesa y enseña que las legalidades del Antiguo Testamento, o sea, de la Ley de Moisés, que se dividen en ceremonias, objetos sagrados, sacrificios y sacramentos, como quiera que fueron instituídas en gracia de significar algo por venir, aunque en aquella edad eran convenientes para el culto divino, cesaron una vez venido nuestro Señor Jesucristo, quien por ellas fue significado, v empezaron los sacramentos del Nuevo Testamento. Y que mortalmente peca quienquiera ponga en las observancias legales su esperanza después de la pasión, y se someta a ellas, como necesarias a la salvación, como si la fe de Cristo no pudiera salvarnos sin ellas. No niega, sin embargo, que desde la pasión de Cristo hasta la promulgación del Evangelio, no pudiesen guardarse, a condición, sin embargo, de que no se creyesen en modo alguno necesarias para la salvación; pero después de promulgado el Evangelio, afirma que, sin pérdida de la salvación eterna, no pueden guardarse. Denuncia consiguientemente como ajenos a la fe de Cristo a todos los que, después de aquel tiempo, observan la circuncisión y el sábado y guardan las demás prescripciones legales y que en modo alguno pueden ser partícipes de la salvación eterna, a no ser que un día se arrepientan de esos errores. Manda, pues, absolutamente a todos los que se glorían del nombre cristiano que han de cesar de la circuncisión en cualquier tiempo, antes o después del bautismo, porque ora se ponga en ella la esperanza, ora no, no puede en absoluto observarse sin pérdida de la salvación eterna. En cuanto a los niños advierte que, por razón del peligro de muerte, que con frecuencia puede acontecerles, como quiera que no puede socorrérseles con otro remedio que con el bautismo, por el que son librados del dominio del diablo y adoptados por hijos de Dios, no ha de diferirse el sagrado bautismo por espacio de cuarenta o de ochenta días o por otro tiempo según la observancia de algunos, sino que ha de conferírseles tan pronto como pueda hacerse cómodamente; de modo, sin embargo, que si el peligro de muerte es inminente han de ser bautizados sin dilación alguna, aun por un laico o mujer, si falta sacerdote, en la forma de la Iglesia, según más ampliamente se contiene en el decreto para los armenios [v. 696].
Firmemente cree, profesa y predica que toda criatura de Dios es buena y nada ha de rechazarse de cuanto se toma con la acción de gracias [1 Tim. 4, 4], porque según la palabra del Señor, no lo que entra en la boca mancha al hombre [Mt. 15, ll], y que aquella distinción de la Ley Mosaica entre manjares limpios e inmundos pertenece a un ceremonial que ha pasado y perdido su eficacia al surgir el Evangelio. Dice también que aquella prohibición de los Apóstoles, de abstenerse de lo sacrificado a los ídolos, de la sangre y de lo ahogado [Act. 15, 29], fue conveniente para aquel tiempo en que iba surgiendo la única Iglesia de entre judíos y gentiles que vivían antes con diversas ceremonias y costumbres, a fin de que junto con los judíos observaran también los gentiles algo en común y, a par que se daba ocasión para reunirse en un solo culto de Dios y en una sola fe, se quitara toda materia de disensión; porque a los judíos, por su antigua costumbre, la sangre y lo ahogado les parecían cosas abominables, y por la comida de lo inmolado podían pensar que los gentiles volverían a la idolatría. Mas cuando tanto se propagó la religión cristiana que ya no aparecía en ella ningún judío carnal, sino que todos, al pasar a la Iglesia, convenían en los mismos ritos y ceremonias del Evangelio, creyendo que todo es limpio para los limpios [Tit. 1, 15]; al cesar la causa de aquella prohibición apostólica, cesó también su efecto. Así, pues, proclama que no ha de condenarse especie alguna de alimento que la sociedad humana admita; ni ha de hacer nadie, varón o mujer, distinción alguna entre los animales, cualquiera que sea el género de muerte con que mueran, si bien para salud del cuerpo, para ejercicio de la virtud, por disciplina regular y eclesiástica, puedan y deban dejarse muchos que no están negados, porque, según el Apóstol, todo es licito, pero no todo es conveniente [1 Cor. 6, 12; 10, 22].
Firmemente cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia Católica, no sólo paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse participe de la vida eterna, sino que irá al fuego eterno que está aparejado para el diablo y sus ángeles [Mt. 25, 41], a no ser que antes de su muerte se uniere con ella; y que es de tanto precio la unidad en el cuerpo de la Iglesia, que sólo a quienes en él permanecen les aprovechan para su salvación los sacramentos y producen premios eternos los ayunos, limosnas y demás oficios de piedad y ejercicios de la milicia cristiana. Y que nadie, por más limosnas que hiciere, aun cuando derramare su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse, si no permaneciere en el seno y unidad de la Iglesia Católica.

[Siguen los Concilios ecuménicos recibidos por la Iglesia Romana y los Decretos para los griegos y armenios.]
Mas como en el antes citado Decreto para los armenios

no fue explicada la forma de las palabras de que la Iglesia Romana, fundada en la autoridad y doctrina de los Apóstoles, acostumbró a usar siempre en la consagración del cuerpo y de la sangre del Señor, hemos creído conveniente insertarla en el presente. En la consagración del cuerpo, usa de esta forma de palabras: Este es mi cuerpo; y en la de la sangre: Porque éste es el cáliz de mi sangre, del nuevo y eterno testamento, misterio de fe, que por vosotros y por muchos será derramada en remisión de los pecados. En cuanto al pan de trigo en que se consagra el sacramento, nada absolutamente importa que se haya cocido el mismo día o antes; porque mientras permanezca la sustancia del pan, en modo alguno ha de dudarse que, después de las citadas palabras de la consagración del cuerpo pronunciadas por el sacerdote con intención de consagrar, inmediatamente se transustancia en el verdadero cuerpo de Cristo.

Los decretos para los sirios, caldeos y maronitas, nada nuevo contienen.

***

LOS DIFERENTES RITOS DE LA IGLESIA CATOLICA
1. El rito romano (originariamente el rito de Roma, que luego se propagó por todo Occidente). Después de la unificación de Pío V (1566-1572) queda:
* a) El rito llamado simplemente romano (que en, poco más o menos, el rito de la curia en el siglo XVI, con algunas influencias galicanas), al que hay, que añadir los ritos no curiales: premostratense, dominicano, carmelita, cartujo (para la misa).
* b) El rito leonés, más influenciado por los usos galicanos y de formación anterior al rito romano actual.
* c) El rito de Braga (Portugal).

2. El rito hispano, llamado comúnmente "mozárabe", porque al ser reemplazado, en el siglo XI, por la liturgia romana, su uso persistió entre los mozárabes, es decir, los cristianos sometidos a los árabes en España. Actualmente y en circunstancias ordinarias, sólo se celebra en Toledo y su diócesis.

3. El rito "ambrosiano", que sólo se celebra ya en Milán.

B.- En Oriente
1. De la Iglesia de Alejandría (Egipto y Etiopía) se desprende el rito copto o alejandrino. De este rito copto (no del copto-melkita, porque estos llegan a ser ortodoxos), se desprende:
* a) En Egipto, una fracción unida a Roma desde 1742. Con 8 200 seguidores (católicos) hablan la lengua copta, árabe y griego. Tienen un patriarcado católico en Alejandría desde 1899.
* b) En Etiopía, una fracción unida a Roma con 2 700 seguidores (católicos). Siguen el rito copto. Hablan la lengua gheez. Tienen un Ordinario de rito oriental de Eritrea.
* c) Existe también el Vicariato apostólico de Abisinia, católicos de rito latino.

2. De la Iglesia de Antioquía (Palestina, Siria y Mesopotamia), están:
* a) Los Sirios jacobitas (que son propiamente del rito sirio), de los cuales se desprende una fracción que ha permanecido unida a Roma desde el siglo XVII, con el rito sirio alterado, tienen como lengua el siriaco y árabe. Cuentan con el patriarcado sirio de Antioquía.
* b) Existen también el pueblo sirio melkita (ortodoxos que adoptaron el rito bizantino del siglo XI al XIII) y aunque está el Patriarcado ortodoxo de Jerusalén y Antioquía; se desprende una fracción unida a Roma desde el siglo XVII con 166 000 católicos con el rito bizantino. Con lengua árabe y griega. Y cuentan con el Patriarcado griego católico de Antioquía.
* c) De estos pueblos se desprende también el rito Maronita (Líbano) uno de los ritos católicos más puros que se han mantenido enteramente unidos desde el siglo XVI. El Líbano cuenta con 470 000 católicos y 360 000 emigrados. Las lenguas siriaca y árabe, cuentan con el Patriarcado maronita de Antioquía.
* d) En esta región oriental, existe también de rito latino el Patriarcado latino de Jerusalén (residencial desde 1847).
3. Del rito Armenio, se mantiene además una fracción unida a Roma a fines del siglo XVII, con 100 000 católicos y con la lengua armenia clásica.
De este rito, surge el Catolicado unido de Sicilia en 1740 y el Patriarcado católico de Constantinopla en 1831. Pero en 1867 se vuelven a unir en el patriarcado único armenio. (No existen armenios con rito latino).

4. Del rito Caldeo están los siguientes:
* a) De los pueblos de Mesopotamia y Persia, surge una fracción nestorianista, después de haber estado unidos a Roma (1552-1692). Pero más adelante, de estos pueblos surge una fracción unida a Roma con 190 000 católicos; de rito caldeo alterado y con lengua siriaca. Esta fracción se divide en dos: Patriarcado católico de Diarbekir (1692) y el Metropolita de Mosul en 1778. Aunque en 1830 se vuelven a unir en el Patriarcado católico caldeo único de babilonia.
* b) Del pueblo de Chipre existe una fracción unida a Roma desde 1445 completamente latinizada.
* c) Del pueblo Malabar, surge una fracción unida a Roma en 1599, luego cismática en 1653 vinculada al monofisismo y jacobismo. Pero más adelante surge una fracción ortodoxa, otra anglicana y una fracción unida de nuevo a Roma en 1930. De rito sirio malankar, cuenta ahora con 5 000 católicos y con lengua siriaca.
* d) Pero existe también del pueblo Malabar una fracción unida con Roma (fin del siglo XVI) y con cismas intermitentes de rito caldeo, con aproximadamente 532 000 católicos utilizando la lengua siriaca. Una jerarquía restaurada en 1896 y cuenta con la Provincia eclesiástica de Ernakulam desde 1923.

Iglesias heredadas de Constantinopla (381) del rito Bizantino

5. El pueblo griego se ha mantenido ortodoxo.

6. Del pueblo albanés existe una fracción unida a Roma, están en Grecia con 2 000 católicos aproximadamente y tiene como lengua el griego.
* a) En Italia del Sur y Córcega hay otra porción del pueblo albanés con lengua griega.
* b) En Silicia hay 70 000 católicos del pueblo albanés unidos a Roma, de rito bizantino.
* c) En Alabania hay 400 000 católicos de rito bizantino y lengua griega.

7. Del pueblo de Rumania hay aproximadamente 1 500 000 católicos unidos a Roma. También de rito bizantino y hablan el rumano.

8. De los pueblos eslavos:
* a) Del Patriarcado de Bulgaria, ortodoxo; se desprende una fracción que se une a Roma (9 000 católicos) con lengua eslava.
* b) del Patriarcado ortodoxo de Servia, ortodoxo, se desprenden 56 000 para el rito bizantino - católico y con lengua eslava.
* c) Del Patriarcado ortodoxo de Moscú se desprenden 2 Iglesias Católicas:
- La Iglesia rutena, desde 1595 con 5 000 000 y con rito bizantino alterado.
- La Iglesia católica rusa, rito bizantino y lengua eslava.
* d) También del pueblo eslavo, pero son pasar por corrientes ortodoxas, existen católicos del rito bizantino.
- Los emigrados de América, 750 000 católicos y con lengua eslava.
- En Polonia Galizia, 3 660 000 católicos con lengua eslava.
- En Checoslovaquia y Rusia subcarpática, 450 000 católicos de lengua eslava.
- En Hungría, 250 000 católicos bizantinos de lengua eslavo - húngaro.
- En Ucrania, existe una fracción unida a Roma, pasada al rito latino, aunque esta ya es muy tardía ya que el poder civil de Ucrania no toleraba el catolicismo de rito bizantino.
* e) También del pueblo eslavo y sin pasar por los ortodoxos, existe una porción unida a Roma: Wolhinia perteneciente a la Rusia blanca y con lengua eslava. Aunque esta cuenta con un Exarcado de Rusia y otros católicos de la emigración.

9. Los pueblos bálticos se han mantenido ortodoxos.

10. Y de los pueblos Georgianos, surge:
* a) Una fracción unida a Roma que ha adoptado pasajeramente el rito armenio y vuelve generalmente al rito bizantino. Son 8 000 católicos de lengua georgiana.
* b) Pero hay una fracción de rito latino.

MITOLOGIA -PLUTON Y TANTALO-

MITOLOGIA
El rey Tántalo y su horrible suplicio


El castigo de Tántalo remeda la cena que determinó su confinamiento definitivo en el inmenso asilo de almas que Plutón gobierna bajo tierra.
La cena se realizó un día en que Tántalo convidó a sus amigos los dioses a un gran banquete en su palacio.
Todos los inmortales del Olimpo comparecieron. No imaginaban las malas intenciones de Tántalo, rey de Frigia, a pesar de las innumerables faltas por este cometidas. Una vez había revelado a sus amigos mortales conversaciones que eran de exclusivo interés de los dioses. En otra ocasión robó néctar y ambrosia (bebida y comida de los dioses) para deleitar a sus concubinas. Y en cuanto al perro de Júpiter, que le había pedido prestado a Mercurio, Tántalo no se molestaba en devolverlo. Parecía que ese acomodado e irreverente señor de la Tierra quería jugar con los dioses.
Apetitosas y humeantes, las fuentes de vituallas atravesaban el salón en todas direcciones. Criados engalanados colocaban en los platos de los divinos comensales enormes porciones de carne rosada. No se daban cuenta de que, involuntariamente, se hacían cómplice de un doble crimen.
Se percibía, sin embargo, una atmósfera sospechosa. La mirada de Tántalo revelaba intenciones malvada. Los inmortales contemplaban sus platos sin moverse. Sólo Ceres, sin darse cuenta de nada, se sirvió de su porción con gesto delicado. Pero al probar el alimento se dio cuenta de que era carne humana: la de un omóplato.
Los dioses se levantaron indignados. Era la última broma del rey de Frigia. Broma trágica, además: el cuerpo servido en el banquete pertenecía al propio hijo del anfitrión. Era un crimen digno de furia implacable de las Erinias. Además de un desafío a la paciencia y la sabiduría de los inmortales. Homicidio y sacrilegio. Castigo: el Tártaro.
Para Tántalo, el infierno es un inmenso lago. Con agua hasta las rodillas, el condenado no puede saciar su eterna sed, pues el líquido le resbala de la boca, rehusándose a humedecerle la garganta. Rodeado de arboles cargados de frutas, no puede aplacar su hambre, pues las ramas se le escapan de las manos.
Y Tántalo con sados y néctares, dispuestos en una gran mesa preparada sólo para él. Pero nunca podrá alcanzarlos, por más que se esfuerce.