"No hay decisiones buenas y malas, solo hay decisiones y somos esclavos de ellas." (Ntros.Ant.)

viernes, 23 de julio de 2010

MITOLOGIA -CERYNITIS Y EL PERDON DE DIANA-

MITOLOGIA
LOS TRABAJOS DE HERCULES

Cerynitis y el perdón de Diana


Patas de bronce, cuernos de oro, tamaño gigantesco. Pero mucha delicadeza en todos los gestos. Tal la cierva Cerynitis. Vive en Enoe, en Arcadia. Y vive en paz. En el pescuezo lleva una inscripción que la hace sagrada: “Taigete me dedicó a Diana”.
Cierto día la joven Taigete corría por los campos. Júpiter se enamoró de su belleza e intento seducirla por la fuerza. Pero Diana (Artemisa), diosa de la caza, pasaba también por allí y socorrió a la joven mortal, librándola de la violencia del rey olímpico. Para agradecerle el gesto, Taigete ofreció la bella cierva a la diosa, como regalo y recuerdo de su amistad.
Por eso Cerynitis es intocable. Ningún cazador osa perseguirla, bajo pena de sufrir el castigo de la diosa.
Pero eso es precisamente lo que Euristeo ordena a Hércules: hacer prisionera a la cierva Cerynitis. Hasta ese entonces, el héroe se había enfrentado con horrendos monstruos destructores. En su vida ha hecho mal a nadie, Y no molesta a persona alguna.
En verdad, Juno quería obligarlo a luchar contra quien no estuviese en condiciones de defenderse. Quería imponerle más remordimientos. Y hacerlo buscar otras expiaciones.
Hércules persigue al animal que, sumamente veloz, consigue escapársele varias veces. Finalmente, la cierva intenta atravesar el rio Ladón, y el héroe le arroja una flecha. El cansancio le impide esquivarla. Sangrando, se hunde en las aguas del rio.
Hércules la recoge y retoma el camino de Micenas, para depositar la cierva herida a las puertas del palacio de Euristeo.
Pero, al atravesar Arcadia, se encuentra con Diana y Apolo. La divina cazadora reclama el animal. El dios luminoso acusa al hijo de Júpiter de sacrílego.
Como única justificación, el héroe le explica que el soberano Euristeo lo ha obligado a realizar esa tarea de expiación.
Conmovidos por sus palabras, los gemelos olímpicos lo perdonan y le permiten seguir su camino con la cierva sobre los hombros. Y Hércules se apresura a llevarla a Euristeo descontando así un trabajo más.

MITOLOGIA NORDICA -EL HÁVAMÁL-

MITOLOGIA NORDICA
LAS EDDAS

El Hávamál
El Discurso del Altísimo

por Snorri Sturluson

Las palabras de Óðinn, Los dichos o el Discurso del Altísimo, del Antiguo Edda o Edda Poético (Sæmundʹs Edda).

Alto / Altísimo era uno de los nombres que se le daban a Óðinn. Es un conjunto de consejos que da el dios a los hombres de su comunidad, no solo en el aspecto del comportamiento sino en lo referente a la moral de la sociedad vikinga. Sin duda compuesto en plena era pagana, el Hávamál es un monumental compendio de sabiduría escandinava, donde se recogen consejos varios sobre las mujeres, los amigos, conducta en los banquetes, ante los huéspedes, normas de hospitalidad, algunas aventuras de Óðinn ... Un complejo poema donde se recogen algunas costumbres vikingas y elementos de gran antigüedad, una joya de sabiduría forjada en esplendor pagano.


Hávamál
(Téxto)

1 El hombre que se halla ante umbral ajeno debe ser cauto antes de cruzarlo, mirar atentamente su camino: ¿quién sabe de antemano qué enemigos pueden estar sentados aguardándole en el salón?
2 ¡Salud al anfitrión! Un huésped ha entrado. ¿Dónde ha de sentarse? Imprudente es él que ante portales desconocidos confía en su buena suerte.
3 Fuego es necesitado por quien acaba de entrar cuyas rodillas están entumecidas por el frío viandas y ropa limpia aquel precisa que ha recorrido montañas.
4 Agua, también, para que pueda lavarse antes de comer toalla y calurosa bienvenida, palabrases corteses, silencio respetuso para que él pueda contar sus aventuras.
5 Ingenio necesita quien lejos viaja. fácil resulta en casa; El hombre de poco seso es con frecuencia objeto de risas si se sienta en la mesa junto a los sabios.
6 De su saber un hombre nunca debe jactarse mejor ser parco en el discurso cuando a su casa un sabio viene: Nunca se tiene amiga más fiel que la mucha cordura.
7 El huésped debe ser precavido cuando llegue al banquete que calle y escuche, sus oídos atentos, sus ojos alerta:. Así se protege el hombre sabio.
8 Dichoso el hombre que en su vida es favorecido con el elogio y la estima de todos; mal consejo a menudo es dado, por aquellos de perverso corazón.
9 Dichoso el hombre que en tanto vive de alabanza y saber goza; perverso consejo se obtuvo a menudo salido de mal corazón de mortal.
10 No hay carga mejor para hacer el camino que la mucha cordura; es la mejor riqueza, parece, en tierra extraña, de la miseria protege.
11 No hay carga mejor para hacer el camino que la mucha cordura; es la peor vitualla para los caminos la excesiva ansia de licor.
12 La tan buena cerveza no es para nadie lo buena que dicen que es, pues más y más a medida que bebe el hombre el juicio pierde.
13 Garza llaman del olvido la que se cierne en los banquetes, el juicio a los hombres roba; en la hacienda de Gunnlöd preso quedé en las plumas de ese ave.
14 Embriagado quedé, borracho estuve allá donde Fjalar el sabio; bien se bebió si después de la fiesta el juicio a los hombres torna.
15 Silecncioso y reflexivo es el hijo de rey y audaz en la guerra sea; contento y gozoso esté todo hombre hasta el día en que muera.
16 Espera el cretino vivir por siempre si evita entrar en pendencias, mas tregua poca le da la vejez, si las lanzas sí se la dieran.
17 Abre el tonto grandes ojos al llegar de visita, farfulla o no dice palabra; al momento luego, si se echa un trago, ya tiene buen juicio.
18 Tan sólo sabe el que lejos viajó y por muchos lugares anduvo con qué juicio rige cada uno aguda la mente él tiene.
19 No te pegues al cuerno, con tiento bebe el aguamiel, habla si es preciso, o calla; de torpeza nadie te acusará si vas pronto a dormir.
20 El glotón que el juicio no sabe usar come y arruina su vida; de mofa sirve entre gente prudente la panza del hombre insensato.
21 Bien saben las reses cuándo han de ir a casa, y dejan los pastos; pero noción ninguna el necio tiene de cuánto en su panza cabe.
22 El hombre ruin y de mala entraña se ríe de cualquier cosa; mas no sabe, y lo habría de saber,: que faltas también él tiene.
23 Un hombre inculto en vela las noches pasa pensando en cualquier cosa; así, está agotado al llegar la mañana, su miseria sigue igual.
24 Un hombre ignorante cree que son amigos los que ríen con él; lo que no sabe es que hablan mal de él si se sienta entre sabios.
25 Un hombre ignorante que son amigos los que ríen con él; he aquí lo que ve cuando pleito tiene: que pocos hablan por él.
26 Un hombre ignorante cree saberlo todo, si está en sitio tranquilo; lo que no sabe es qué ha de responder si alguno a él le pregunta.
27 Un ignorante que va entre los hombres, mejor que se esté callado; nadie le nota lo poco que sabe a menos que hable en exceso.
28 Por sabio se tiene al que bien pregunta y sabe bien responder; nunca ocultan los hijos de los hombres lo que entre los hombres pasa.
29 Quien nunca calla muchas estupideces dice y necias palabras: la lengua desatada, si no se la refrena, suele hablar contra sí.
30 Por objeto de burla no hay que tomar a otro cuando llega al banquete; no sabe bien en el que en el festín se mofa, si se burla de enemigos.
31 Por sabio se tiene si echa a correr huésped que de otro se mofa: juega quizás con mal enemigo quien hace en la fiesta burlas.
32 Muchos hombres son amables entre sí que en pugna en la fiesta entran; discordia entre hombres siempre existirá si huésped y huésped pelean.
33 Comida temprana debe hacerse siempre, pero no si a festín irá; se sienta y está ocioso quien se encuentra hambriento, conversa le sale poca.
34 Por largo rodeo se va al enemigo, aunque viva en el camino; al amigo sincero atajos llevan, por más que lejos se vaya.
35 Se debe marchar, nunca el huésped ha de estar siempre en el mismo lugar: lo dulce se hace odioso si se sienta largo tiempo en los escaños de otro.
36 El Hogar es mejor, aunque sea pequeño, en casa se es el rey; tener sólo dos cabras y una mala cabaña es mejor que mendigar.
37 El Hogar es mejor, aunque sea pequeño, en casa se es el rey; angra el corazón de quien debe limosnear a toda hora, la comida.
38 De las armas no hay, en el campo, que alejarse un paso; nunca se sabe por esos caminos cuándo hará falta la lanza.
39 Generoso no vi ni tan buen anfitrión que rehusara aceptar un regalo ni tan dadivoso que hallara molesto (verso incompleto) tener que aceptar a cambio.
40 El dinero que se ha recibido preciso es aceptarlo, se le guarda al querido y lo hereda el odiado. las cosas son peor que pensamos.
41 Con armas y paños se obsequian amigos, es siempre lo que más luce; quien regala, quien corresponde, serán amigos más tiempo si es que el tiempo lo permite.
42 Amigo el hombre será de su amigo, con regalo al regalo responda; la risa con risa se debe acoger, mas falsedad por mentira.
43 Amigo el hombre será de su amigo, de él y de amigo que él tenga; mas de enemigo nuca habrá de ser amigo del amigo.
44 Si tienes amigo en el cual confías y sacarle provecho quieres, ábrete a él, cambiaros regalos, ve con frecuencia a su busca.
45 Si tienes a otro en quien no confías mas quieres que te haga bien, dulcemente le hablará, mas tenlo por falso; paga doblez con engaño.
46 Lo mismo con ese en quien poco confías y que no le ves bien la intención: ríe con él, pero fingiendo; tal dádiva por su don.
47 Joven yo fui por tiempos, solo viajaba; perdido quedé en los caminos; me sentí rico cuando encontré a otro, es un hombre el gozo de otro.
48 Los guerreros y los bravos son quienes mejor viven rara vez tienen angustias; mas el hombre cobarde de todo se asusta, recela engaño en todo don.
49 Ropas mías les puse en el llano a dos personajes de leña; viriles se sintieron vistiendo así, se avergüenza el desnudo.
50 Sécase el pino que está en un claro, ni corteza ni agujas lo guardan; igual con el hombre al que a nadie ama, ¿Para qué sigue él viviendo?
51 Más caliente que el fuego entre malos amigos la paz cinco días arde; apágase luego el sexto llegando y toda amistad se malogra.
52 No grandes han de ser siempre los regalos, puede el pequeño dar elogios: con un medio pan y un algo en la copa me hice de un fiel camarada.
53 A orilla pequeña, pequeño mar: pequeño es juicio el del hombre; porque no todos son de igual hechura, a medias está toda edad.
54 De sabio el hombre lo justo tenga, nunca sabio en exceso; más bella es la vida de todos los hombres que saben mucho.
55 De sabio el hombre lo justo tenga, nunca sabio en exceso; pues el alma del sabio rara vez está alegre si es sabio en demasía.
56 Sabio a medias ha de ser cada uno, nunca sabio en exceso; su destino nadie lo prevea y su alma no tendrá penas.
57 Fuego da el fuego hasta todo quemarlo, llama de llama prende; el hombre al hombre conoce por sus palabras, por sus simplezas al simple.
58 Levántese pronto quien piense tomar vida o fortuna ajenas: ni lobo acostado consigue su tajada ni hombre que duerme victoria.
59 Levántese pronto el escaso de gente y corra a atender sus faenas; mucho retrasa quien duerme de más; será rico el activo.
60 Los secos troncos calcula el hombre y la piel de abedul para el techo, y también la leña que gasta en tres meses y en un medio año.
61 Lavado y comido se irá a la asamblea, aunque vaya mal vestido; ni calzado o calzón a nadie avergüencen ni tampoco el caballo, aunque bueno no sea.
62 Está con la cabeza agachada como un perro husmeando, cuando llega a la orilla del mar el águila, en la antigua mar; así el hombre se encuentra entre otros, con pocos valedores.
63 Preguntas haga y respuestas de quien quiera lo tengan por sabio; lo sabido por uno no sepan dos; si tres, lo saben todos ya.
64 Con tacto siempre el hombre avisado se debe valer de su fuerza: se descubre, al ir con los sabios, que nadie es el mejor.
65 Palabras que a otro el hombre diga casi siempre las paga luego.
66 En muchos lugares pronto era aún cuando llegué, demasiado tarde llegaba a otros: que cerveza no quede o que esté por hacer mal suele encajar el enojoso.
67 Llamaríanme aquí y allá para todo banquete si no precisara yo comer o si dos tajadas tuviera el buen amigo y no una que yo comí.
68 Cosa no hay mejor que el fuego, piensan los hombres y la vista del sol si de buena salud el hombre goza y de vida sin tacha lleva.
69 Con algo se cuenta, aunque falte salud: confortan a uno sus hijos, sus parientes a éste, sus riquezas a aquél, a otros sus obras bien hechas.
70 Mejor es vivir que ya no vivir: la vaca el vivo la tiene; buen fuego yo vi en la casa del rico y a él a la puerta muerto.
71 El cojo monta a caballo, el manco guía al pastor, el sordo en la lucha sirve; mejor estar ciego que estar quemado. a nadie sirve un cadáver.
72 Es útil un hijo, aunque tarde nazca y luego que el padre murió; tan sólo el pariente en honor del pariente piedra en la senda erige.
73 Con uno dos pueden; por lengua cabeza cae; de mano me cuido que tapa el manto. (estrofa incompleta)
74 Agradece la noche quien confía en su avío; al remo, apretados los puestos; en otoño, noche insegura; ya en cinco días el tiempo cambia, pero más en un mes.
75 No sabe tampoco el que nada sabe que a muchos Fortuna obceca; si rico es un hombre, pobre es el otro, no nada hay que culpar.
76 Mueren riquezas, mueren parientes, igual morirás tú; la gloria tan sólo no muere jamás, de aquel que ganársela logra.
77 Mueren riquezas, mueren parientes, igual morirás tú; tan sólo una cosa sé que no muere; la fama que deja un muerto.
78 Yo vi lleno el redil de los hijos de Fjultung, ya ahora van con bastón de mendigo: así es la riqueza, como un parpadeo, la menos constante amiga.
79 Si ocurre que el necio fortuna alcanza o logra favor de mujer, la arrogancia le crece, mas nunca su saber; de gran presunción se llena.
80 Está comprobado: si runas consultas, aquellas de origen divino, las que altos poderes hicieron y el thul supremo tiñó mucho se gana callando.
81 Alabar el día y la noche; la mujer ya incinerada; la espada ya probada; a la doncella ya casada; el hielo ya cruzado; la cerveza ya bebida.
82 Con viento el árbol se tale; en bonanza se salga a pescar; hablar de noche a la moza: son muchos los ojos del día; navegar debe el barco, guardar el escudo; herir la espada y besar la muchacha.
83 Beber, junto al fuego; patinar, por el hielo; flaco se compra el rocín, con herrumbre la espada; en casa al caballo se engorda y suelto al perro en el hogar.

II (PRIMERA NOTICIA DE ODÍN)
84 Que nadie confíe en palabras de moza ni en nada que diga mujer: pues en rueda giratoria su corazón se creó, con la inconstancia en el pecho.
85 De arco quebrado, de llama que arrecia, de lobo que aúlla o corneja que grazna, de cerdo que gruñe, de árbol sin raíces, de ola que crece, de olla que cuece,
86 De dardo que vuela, de tromba que viene, de hielo de un día, de serpiente enroscada, de tratos en cama o de espada rota, del juego del oso, o de hijo de rey,
87 de ternero doliente, de esclavo voluntario, de buenas palabras de völva, de cadáver reciente,
88 del campo recién sembrado: que en eso nadie crea, ni muy pronto en el hijo; decide en el campo el tiempo y en el hijo la razón, son dos cosas peligrosas.
89 de aquel, si lo ves, que a tu hermano mató de mansión mal quemada, de caballo muy veloz‐ no sirve el corcel si se rompe una pata ‐, de nada de esto seguro te fíes.
90 Pues la paz con las mujeres que hablan con falsedad es montar corcel sin bridas sobre hielo resbalante, caballo alegre y de dos años aún mal domado, o bogar con viento en popa en un buque sin timón, o ir cojo tras reno en el talud de una colina en pleno deshielo.
91 Mas digo verdad, pues ambos conozco: muda el hombre su humor con la dama; las más bellas palabras decimos sin pensarlas, se engaña así el juicio del sabio.
92 Bellamente hablará y le llevará regalos quien quiera amor de dama; alabará el cuerpo a la hermosa muchacha; recibe amor quien ama.
93 Nadie a un hombre jamás le censure amor que otro tenga; conmueven al sabio, no conmueven al necio, los rostros de amable color.
94 Nadie en un hombre censure nunca cosa que a tantos pasa: en tonto al sabio, así vuelve a los hombres el ardiente deseo.
95 El espíritu sabe qué hay junto al corazón, solo está con su amor; no hay para el sabio dolencia peor que el no estar contento consigo mismo.
96 Claro lo vi cuando allá entre los juncos goces de amor me esperaba; corazón y carne yo puse en la moza; aunque aún no la tenía.
97 A la hija de Billing dormida hallé clara como el sol, en su lecho; la suerte de un príncipe hubiera yo dado por gozar de aquel cuerpo.
98 «Pero luego a la noche, Odín, volverás, si tratarme de amores quieres; que de esta torpeza nadie se entere sino sólo nosotros solos».
99 Del cierto placer me abstuve entonces pensando que ella me amaba; seguro creí que después gozaría de todo su amor y favores.
100 Cuando luego volví, feroces guerreros alerta guardia montaban con fuego de teas y antorchas en alto. ¡Mal paso allí se me abría!
101 Ya cerca del alba de nuevo volví: ahora los hombres dormían; una perra sólo hallé, de la buena mujer, atada a su cama.
102 Muchas buenas mozas, si se observa bien, son falsas con los hombres; claro lo vi cuando yo quise conquistar a la insidiosa: todas las desgracias me causó la sabia hembra, nada logré de la dama.

III (SEGUNDA NOTICIA DE ODÍN)
103 Alegre en su casa, festivo con huésped y cauto ha de ser el hombre; memorioso y locuaz, si quiere ser sabio; lo bueno a menudo cuente. gran estúpido se llama el que apenas puede hablar, cosa es propia de ignorantes.
104 Visité al viejo gigante; heme aquí vivo; apenas pude allí estar callado: parla abundante servicio me hizo en la sala de Suttung.
105 Con la boca de Rati camino me abrí con ella la roca royendo: por alto y por bajo ‐ arriesgué la cabeza ‐ pasábanme sendas de trols.
106 Gunnlöd me dio a beber, sentada en su trono de oro, del excelso hidromiel; mal yo a ella después le pagué su buena intención, su sentir sincero.
107 De la bien conseguida bien me he gozado de poco le falta al sabio; y Ódrerir ahora en lo alto está, en el templo del dios de los hombres.
108 Todavía quizás pudiera yo verme allá en el reducto del ogro de no haberme servido de Gunnlöd hermosa, en cuyos brazos estuve.
109 Al día siguiente, fueron los trols de escarcha a interrogar al Altísimo, en la sala del Altísimo: que si vivo volvió con los dioses Bölverk o si Suttung lo había inmolado.
110 Juró Odín sobre el anillo, así creo que lo hizo, ¿qué creer ahora de sus palabras? Traicionado a Suttung dejó a su partida y a Gunnlöd llorando.

IV (DISCURSO DE LODDFÁFNIR)
111 Tiempo es de hechizar en el trono del thul, a la vera del pozo de Urd; yo vi y callé, yo vi y medité, al habla atendí de los dioses; de las runas oí, su poder escuché por la sala del Altísimo, en la sala del Altísimo. Esto escuché que decían:
112 Te damos Loddfáfnir, buen consejo que te ha de servir, si lo tomas te será bueno, si lo sigues: De noche no salgas si no es a vigilar o un lugar buscar afuera.
113 Te damos, Loddfáfnir, buen consejo que te ha de servir, si lo tomas te será bueno, si lo sigues: de una hechicera no duermas en el regazo no te enlace con sus miembros.
114 Ella te hará que no tengas en nada asamblea o palabra de rey, que ni quieras comida ni trato con nadie y todo angustiado te acuestes.
115 Te damos, Loddfáfnir, buen consejo que te ha de servir, si lo tomas te será bueno, si lo sigues: la mujer de otro nunca seduzcas para hacerla tu amante.
116 Te damos, Loddfáfnir, buen consejo que te ha de servir, si lo tomas te será bueno, si lo sigues: Si has de viajar por montaña o por fiordo date una buena comida.
117 Te damos, Loddfáfnir, buen consejo que te ha de servir, si lo tomas te será bueno, si lo sigues: Nunca le cuentes al hombre malo desgracia que tengas; porque del hombre malo nunca obtendrás pago por tu buen deseo.
118 Ferzomente mordido he visto un hombre por palabras de mala mujer: la falsa palabra provocó su muerte, un hombre en verdad sin culpa.
119 Te damos, Loddfáfnir, buen consejo que te ha de servir, si lo tomas te será bueno, si lo sigues: Si tienes amigo en el cual confías, vete a menudo en su busca; de zarzas se cubre y de altas hierbas en senda que nadie pisa.
120 Te damos, Loddfáfnir, buen consejo que te ha de servir, si lo tomas te será bueno, si lo sigues: Procura ganarte al hombre bueno; conjuros aprende siempre.
121 Te damos, Loddfáfnir, buen consejo que te ha de servir, si lo tomas te será bueno, si lo sigues: No seas tú nunca el primero en romper con un amigo; la pena mata al corazón si a nadie puedes decir todo aquello que piensas.
122 Te damos, Loddfáfnir, buen consejo que te ha de servir, si lo tomas te será bueno, si lo sigues: No tengas jamás discusión ninguna con un simio ignorante.
123 Pues del hombre malo nunca has de obtener buena recompensa; el hombre bueno será quien te logre renombre y fama.
124 Por igual que un hermano tiénese aquel al que todo se cuenta; todo es mejor que ser mentiroso, no es bueno el amigo que a todo asiente.
125 Te damos, Loddfáfnir, buen consejo que te ha de servir, si lo tomas te servirá, si lo sigues: Nunca digas a un hombre peor que tú, ni tres feas palabras; a menudo el mejor cede cuando busca el peor pelea.
126 Te damos, Loddfáfnir, buen consejo que te ha de servir, si lo tomas te será bueno, si lo sigues: Harás un zapato o harás una lanza sólo si son para ti; mal hecho el zapato o la lanza torcida y tu mal te desean.
127 Te damos, Loddfáfnir, buen consejo que te ha de servir, si lo tomas te será bueno, si lo sigues: Donde hallares maldad con maldad responde. no des tregua al enemigo.
128 Te damos, Loddfáfnir, buen consejo que te ha de servir, si lo tomas te será bueno, si lo sigues: contento con el mal no has de estar nunca, lo bueno alegrarte debe.
129 Te damos, Loddfáfnir, buen consejo que te ha de servir, si lo tomas te será bueno, si lo sigues: mirar hacia arriba no debes, en la lucha ‐cobardes como puercos se vuelven los hombres‐, que tu mente no embrujen.
130 Te damos, Loddfáfnir, buen consejo que te ha de servir, si lo tomas que te será bueno, si lo sigues: Si quieres ganarte a hermosa muchacha y conseguir su favor, prométele y dile y cúmplele siempre: a nadie buen trato hastía.
131 Te damos, Loddfáfnir, buen consejo que te ha de servir, si lo tomas te será bueno, si lo sigues: Se cauto, te aconsejo, mas no cauto en exceso; sobre todo bebiendo o con hembra casada, y en una tercera cosa, también: no te engañen los ladrones.
132 Te damos, Loddfáfnir, buen consejo que te ha de servir, si lo tomas te será bueno, si lo sigues: Nunca de un huésped te rías o burles ni de un caminante.
133 A menudo no saben los que dentro se sientan qué hombres serán los llegados: nadie hay tan bueno que falla no tenga ni tan malo que nunca sirva.
134 Te damos, Loddfáfnir, buen consejo que te ha de servir, si lo tomas te será bueno, si lo sigues: Del supremo thul jamás te rías: es bueno a menudo lo dicho por viejo; a menudo bien habla el talego curtido, el que cuelga entre cueros y entre pieles se mece y entre tripas se orea.
135 Te damos, Loddfáfnir, buen consejo que te ha de servir, si lo tomas te será bueno, si lo sigues: No te burles del huésped ni lo eches afuera, dale buen trato al pobre.
136 Fuerte el traveseño será que se desliza para abrir a todos; si limosna no das, un mal te desean, dolor que tus miembros cojan.
137 Te damos, Loddfáfnir, buen consejo que te ha de servir, si lo tomas te será bueno, si lo sigues: Cuando mucho bebieres, recurre al poder de la tierra, de embriaguez la tierra libra, como el fuego de epidemia, de pujo el roble, grano de trigo del mal de ojo, de sofoco el saúco ‐la luna invoca contra el odio ‐, de picada el brezo, de la desgracia las runas, del vómito libra el suelo. (estrofa incompleta)

V (HISTORIA DE LAS RUNAS DE ODÍN)
138 Sé que pendí nueve noches enteras del árbol que mece el viento; herido de lanza y a Odín ofrecido ‐yo mismo ofrecido a mí mismo‐ del árbol colgué del que nadie sabe el origen de sus raíces.
139 Ni pan me tendieron ni cuerno de bebida; fijo en lo hondo miré; las runas alcé, las gané entre gritos; caí a la tierra de nuevo.
140 Nueve conjuros del hijo de Bölthur, del padre de Bestla, aprendí, y también he bebido el excelso hidromiel, derramado Odrérir.
141 Empecé así a germinar y a ser sabio, y a crecer y sentirme bien: una palabra dio otra, la palabra me llevaba, un acto dio otro, el acto me llevaba.
142 Descubre las runas y aprende los signos, las runas de mucha fuerza, las runas de mucho poder, que el thul supremo tiñó y los altos poderes hicieron y el señor de los dioses grabó.
143 A los ases Odín, a los elfos Dáin, a los enanos grabóselas Dvalin, a los gigantes Asvid; yo mismo grabé las runas.
144 ¿Las sabes tú grabar? ¿Las sabes tú interpretar? ¿Las sabes tu teñir? ¿Las sabes tú probar? ¿Les sabes tú pedir? ¿Les sabes tú ofrender? ¿Les sabes tú ofrecer? ¿Les sabes tú inmolar?
145 Mejor no pedir que por todo ofrendar; su pago la ofrenda busca; mejor no ofrecer que en exceso ofrecer. Así grabó Thund antes de surgir los pueblos; allá revivió cuando vino de nuevo.

VI (SERIE DE CONJUROS)
146 Los conjuros que sé yo que ni esposa de rey ni hombre alguno sabe: ʺauxilioʺ se llama uno y el que auxilio te da en pleitos y penas y en malas dolencias.
147 El segundo sé, remedio de aquellos que quieren ser curanderos.
148 El tercero sé, si mucho preciso atar a mi enemigo: sus filos le emboto a aquel mi adversario y ni armas ni mañas le valen.
149 El cuarto sé, si preso me ponen los guerreros y atados los miembros tengo: yo canto el conjuro y me puedo escapar; libres los pies se me quedan, y de mi cuello la argolla.
150 El quinto sé, si dardo yo veo que busca traidor a mi gente: por recia que vuele parada la dejo, tan sólo con mi mirada.
151 El sexto sé, si con raíz me laceran del árbol con savia tomada: el hechizo que a mí aquel hombre me canta él se lo sufre y no yo.
152 El séptimo sé, si la altas llama veo entre mis camaradas sentados en los bancos: por mucho que arda salvarlos puedo, tal el conjuro que canto.
153 El octavo sé, ese que siempre útil será que se aprenda: odio que surja entre hijos de jefe, puedo enseguida calmarlos.
154 El noveno sé, si mi barco peligra y lo he de salvar en la mar: yo el viento detengo que azota las olas y toda la mar sosiego.
155 El décimo sé, si brujas veo que arriba están por los aires: de manera que yo hago que descarriadas huyan y no encuentran su propia forma no encuentran su propio juicio.
156 El undécimo sé, si a la guerra llevo a mi tropa de viejos amigos: sobre mi escudo les canto y ellos con fuerza indemnes en la lucha entran, indemes de la lucha salen, indemnes me regresan de ella.
157 El duodécimo sé, si veo al ahorcado que arriba en el árbol se mece: de manera yo grabo y las runas tiño que el muerto se anima y me tiene que hablar.
158 El decimotercero sé, si al nuevo guerrero debo rociar con el agua: no caerá él si a la guerra fuere, lo respetan a él las espadas.
159 El decimocuarto sé, si yo entre los hombres decir de los dioses debo: de los Ases y Elfos sé todas las cosas, pocos sabios lo saben.
160 El decimoquinto sé, que el enano Thjódrörir a las puertas de Delling cantó: con la fuerza de los ases, con la gloria de los elfos, lo cantó a Hroptatýr con la ciencia.
161 El decimosexto sé, si quiero de mujer sabia lograr amor y favor: la mente dirijo de la hembra de blancos brazos y su ánimo altero todo.
162 El decimoséptimo sé, la joven doncella que no se me vaya. Nunca, Loddfáfnir, tuyos serán estos conjuros, aunque has de saberlos, debes ganarlos, te urge obtenerlos.
163 El decimoctavo sé, aquel que jamás a doncella diré ni a mujer casada ‐es siempre mejor que sólo uno lo sepa; y aquí los conjuros acaban‐, sino a aquella tan sólo que me toma en sus brazos y también a mi hermana.
164 Ya ahora en la sala del Altísimo los dichos del Altísimo se cantaron para todo provecho del hombre, para poco provecho del ogro. ¡Salud al que dijo! ¡Salud al que supo! ¡Quien algo aprendió, que lo goce! ¡Salud a los que esto oyeron!

sábado, 17 de julio de 2010

MITOLOGIA NORDICA -VÖLUSPÁ-

MITOLOGIA NORDICA
LAS EDDAS

Völuspá
La Profecía de la Vidente

por Snorri Sturluson

La Völuspa fue redactada en Islandia a finales del s. X. Es un canto trágico a la antigua mitología pagana, que relata el principio y fin del ciclo vital actual a través de las palabras de una völva (ʺvidenteʺ). Es un bello relato sobre la creación y la destrucción del mundo, sin duda el más conocido de la Edda, que incluye una descripción del Ragnarök (del islandés ʺRagna rookʺ = Destino Fatal). El compositor noruego David Monrad‐Johansen hizo una Cantata con este poema y un viajero danés recogió en Islandia en el s. XVIII una antiquísima melodía de origen pre‐cristiano con la cual se cantaba la Völuspá.

Völuspá
(Texto)

1 ¡Oid! pido a todas las estirpes divinas, grandes y pequeños, hijos de Heimdall; me pides, oh Valfödr, que te refiera las más viejas historias que yo pueda recordar
2 Recuerdo a los trols, los primeros nacidos, que en un tiempo lejano me dieron la vida; nuevo mundos recuerdo y nueve ramas,y el gran árbol del mundo, aún bajo tierra.
3 Fue en los primeros tiempos cuando Ymir vivió;no había ni arena ni mar, ni las frías olas,tierra no había, ni el alto cielo,sólo el vacío abismo, tampoco había hierba.
4 Mas los hijos de Bur formaron la tierra,aquellos que crearon el famoso Midgard; brilló el sol desde el sur sobre el palacio,y surgió en la tierra la verde hierba.
5 Desde el sur lanzó el sol, compañero de la luna, su mano derecha al confín del cielo;no sabía el sol dónde estaban sus salas, no sabían las estrellas dónde tenían su lugar, no sabía la luna cuál era su poder.
6 Se reunieron los dioses, todos, en asamblea,y tomaron consejo los sagrados dioses;la luna llena y la nueva ellos designaron, nombraron la mañana, también el mediodía,la tarde y la noche, para contar los años.
7 Se encontraron los dioses en los campos de Ídi, ellos construyeron grandes templos, y altares, hicieron las fraguas, forjaron las joyas,fraguaron tenazas, hicieron herramientas.
8 Jugaban en sus patios, y estaban alegres, no les faltaba en absoluto el orohasta que vinieron tres doncellas gigantes,todas ellas odiosas, desde el Jötunheim.
9 Se reunieron los dioses, todos, en asamblea, y tomaron consejo, los sagrados dioses, quién habría de crear la estirpe de los gnomoscon la sangre de Brimir y los huesos de Blámi.
10 Allí estaba Mótsognir, quien era el mayorde todos los gnomos, y el segundo era Durinn;con figura humana crearon de la tierraa muchos enanos, así dice Durrin.
11 Nýi y Nidi, Nordri y Sudri, Austri y Vestri, Althjóf, DvalinBivör, Bávör, Bömnbur, Nóri, Án y Ánar, Ái, Mjödvitnir,
12 Veig y Gandálf, Vindálf, Thráin,Thekk y Thorin, Thrór, Vitr y Litr, Nár y Nyrád ‐y hablo en verdad‐Regin y Rádsvin, ‐de los enanos.
13 Fíli, Kíli, Fundinn, Náli. Hepti, Víli, Hanar, Svíor, Frár, Hornbori, Fraeg y Lóni, Aurvang, Jari, Eikinskjaldi.
14 Es hora de enumerar para los hombres los gnomos del séquito de Dvalin, hasta Lofar, los que visitaron desde el palacio la mansión de Aurvangir hasta Jöruvellir.
15 Allí estaba Draupnir y Dolgthrasir, Hár, Haugspori, Hlévang, GlóiSkirvir, Virvir, Skafid, Ái.
16 Álf e Yngvi, Eikinskjaldi, Fjalar y Frostri, Finn y Ginnar;se habrán de acrecentar, mientras perdure el tiempo,los descendientes del enano Lofar.
17 Hasta que al mundo llegaron tres de la hueste divina, propicios, potentes, y en la tierra hallaron, carentes de fuerza, a Ask y Embla, aún sin destino.
18 Vida no tenían, no poseían juicio, ni sangre ni voz, ni color de vida; vida les dio Odín, juicio les dio Haenir, sangre les dio Lódur, y color de vida.
19 Sé de un fresno que se alza, se llama Yggdrasil, árbol alto, bañado de blanca humedad; de él baja el rocío que cae en los valles; se alza en la verde fuente de Urd.
20 De allí vienen doncellas de gran sabiduría,son tres, desde el mar que manda del árbol;Urd se llama una, Verdandi la otra, ‐en ramas graban letras‐, Skuld es la tercera;las leyes hacían, elegían las vidas de todos los hombres, el futuro predicen.
21 Recuerda el gran combate, el primero del mundo,cuando a Gullveig traspasaron con lanzas,y en la mansión de Hár la quemaron; tres veces la quemaron, tres veces renació, de nuevo, sin cesar, y aún sigue viviendo.
22 Heid la llamaban allí donde iba, la sabia adivina, hacía conjuros,hacía magia siempre, hacía magia en trance,era siempre el deleite de las mujeres viles.
23 Se reunieron los dioses, todos, en asamblea,y tomaron consejo los sagrados dioses;si debían los Ases pagar tributo o debían los dioses exigir compensación.
24 Arrojó Odín un venablo a la hueste, fue el gran combate primero en el mundo; roto quedó el muro del fortín de los Ases, con sus artes, los Vanes dominaron el campo.
25 Se reunieron los dioses, todos, en asamblea,y tomaron consejo los sagrados dioses: ¿quién mezcló veneno en el aire todo,o a la estirpe de trols prometió la esposa de Odd?
26 Sólo Thor luchó allí con furor terrible,nunca reposa cuando ve estas cosas;se han roto juramentos, palabras y promesas,los firmes acuerdos que entre ellos había.
27 Sabe que está el cuerno de Heimdall silencioso bajo el árbol sagrado habituado a la luz; ve caer el agua en la lodosa cascada de la prenda de Odín. ¿Sabéis aún más, o qué?
28 Sentada estaba sola cuando vino el anciano príncipe de los Ases y la miró a los ojos. ¿Qué me preguntáis? ¿Por qué me tentáis? Lo sé todo, Odín: dónde ocultaste tu ojo, allá en la famosa fuente de Mímir; Mímir bebe hidromiel cada mañana de la prenda de Valfödr. ¿Sabéis aún más, o qué?
29 A ella le dio Herfödr anillos y collares, sabia magia y clarividencia, veía aquí y allá, todos los mundos.
30 Ella vio Valquirias llegadas de lejos, prestas a cabalgar al hogar de los dioses; Skuld blandía el escudo, y otra era Skögul, Gunn, Hild, Göndul y Geirskögul; ahora he citado las esposas de Herjan, prestas a cabalgar, las Valquirias, en el llano.
31 Vi a Baldr, dios ensangrentado, al hijo de Odín, predicho ya el destino; se alzaba, crecida, más alta que los campos,‐delgada y muy bella‐ la rama de muérdago.
32 De aquella planta de enjuto aspecto salió el pérfido dardo, y Hödr lo lanzó; el hermano de Baldr nació demasiado pronto tenía el hijo de Odín sólo una noche de edad.
33 Nunca se lavó las manos ni se peinó la cabeza hasta ver en la pira al enemigo de Baldr. Pero Frigg lloró en Fensalirel dolor del Valhalla. ¿Sabéis aún más, o qué?
34 Con las tripas de Vali trenzó ligaduras,eran recias y fuertes.
35 Le vio yacer atado bajo el Hveralund;su aspecto, engañoso, se parecía a Loki;allí está Sigyn, mas poco gozosa de ver a su esposo.¿Sabéis aún más, o qué?
36 Fluye de oriente un río por valles venenosos con hachas y espadas, Slíd es su nombre.
37 Había en el norte en Nidavelliruna sala de oro de la estiroe de Sindri; otra se alzaba allá en Ókolnir, era del trol de nombre Brimir.
38 Una sala vio lejos del solen la Náströnd, sus puertas al Norte,fluía el veneno por sus limbreras,hecha la sala con huesos de serpiente.
39 Vio allí vadear densas corrientesa hombres perjuros y a asesinos y al que a la esposa de otro sedujo; Nidhögg lamía los cadáveres, los destroza el lobo. ¿Sabéis aún más, o qué?
40 Al este, la anciana estaba, en Járnvid, y allí alumbró hijos de Fenrir; de ellos surgirá de todos, uno, destructor de la luna, en forma de trol.
41 Bebe la vida de hombre muertos. Se tiñe el Ásgard con roja sangre; negró será el sol en el verano,y el clima, espantoso. ¿Sabéis aún más, o qué?
42 Sobre una loma tocaba el arpa el guardián de las brujas, el alegre Eggthér; cantaba junto a él en el bosque de avesun gallo rojo, Fjalar se llama.
43 Cantaba a los ases Cresta de Oro, despierta a los hijos de Herjafödr; y otro más canta bajo la tierra: un gallo granate en las salas de Hel.
44 Garm aúlla ante Gripahell, romperá los nudos, y correrá el lobo;sé muchos conjuros, más allá veo aúnel duro destino de los dioses triunfantes.
45 Lucharán los hermanos, y se habrán de matar, los primos hermanos cometen incesto, terrible es el mundo, hay gran adulterio; días de lanzas y espadas, se raja el escudo, días de tormenta y lobos, se hunde el mundo, no habrá hombre ninguno que a otro respete.
46 Retozan los trols, la muerte se avisa en el canto de Gjallarhorn: Heimdall sopla fuerte, el cuerno está alzado, interroga Odín la testa de Mím.
47 Tiembla Yggdrasil, mas el fresno está firme, gime el viejo árbol al soltarse el trol; sufren todos en las sendas de Hel, hasta que lo trague el pariente de Surt.
48 ¿Qué es de los Ases? ¿Qué es de los Elfos? Ruge el Jötunheim, los Ases se reúnen;gimen los gnomos ante las puertas, los sabios de las simas. ¿Sabéis más aún, o qué?
49 Garm aúlla ante Gripahell,romperá los nudos, y correrá el lobo;sé muchos conjuros, más allá veo aúnel duro destino de los dioses triunfantes.
50 Hrym llega del este llevando su escudo,se encrespa Jörmungard con furor de trol,la sierpe azota el mar, el águila gañe, desgarra los muertos, se suelta Naglfar.
51 Llega un barco del este, vendrá por el mar las huestes de Muspell, Loki es el piloto;llegan los trols con el lobo,hermano de Býleist marcha el primero.
52 Surt llega del sur, abrasa las ramas, fulgura la espada del dios de los muertos: las montañas chocan, los monstruos se derrocan, pisan las vías de Hel, y el cielo se raja.
53 Sufre entonces Hlín otro gran dolor cuando marcha Odín a luchar con el lobo, y el radiante asesino de Beli, con Surt.
54 Garm aúlla ante Gripahell, romperá los nudos, y correrá el lobo; sé muchos conjuros, más allá veo aúnel duro destino de los dioses triunfantes.
55 Ahora llega el noble hijo de Sigfödr, Vídar, a luchar con el carroñero; hunde en el hijo de Hvedrung hasta las guardas la hoja en el corazón, venga así a su padre.
56 Ahora llega el famoso hijo de Hlódyn, va el hijo de Odín a luchar con la serpiente, la mata rabioso el guardián del Midgard; abandonan los hombres todos su hogar; nueve pasos atrás da el hijo de Fjörgyn rehúye a la sierpe sin temer la deshonra.
57 El sol se oscurece, se hunde la tierra en el mar, se agitan del cielo las brillantes estrellas; surge vapor furioso, el fuego se alza, y llega el calor hasta el mismo cielo.
58 Garm aúlla ante Gripahell, romperá los nudos, y correrá el lobo; sé muchos conjuros, más allá veo aúnel duro destino de los dioses triunfantes.
59 Pero ve surgir por segunda vez la tierra del mar, para siempre verde; caen cascadas, se remonta el águila que en las montañas cazará los peces.
60 Se encuentran los Ases en Ídavellir, y de la sierpe del mundo poderosa charlan, recuerda allí los grandes sucesos, y las runas antiguas de Fimbultýr.
61 Allí, después, maravillosos escaques de oro hallarán en la hierba, los que en días antiguos tenían las estirpes.
62 Y sin plantarlos crecerán los campos, todo mejora, Baldr llegará, habitarán Hödr y Baldr los hogares de Hropt, el santuario divino. ¿Sabéis aún más, o qué?
63 Elegirá Haenir la rama sagrada, construyen los hijos, los dos hermanos, un gran mundo aéreo. ¿Sabéis aún más o qué?
64 Ve alzarse una sala más bella que el sol, tejada con oro, allá en el Gimlé; las huestes leales allí habitarán y para siempre serán felices.
65 Vendrá entonces el reino en el juicio final,llegará poderoso, quien todo lo rige.
66 Llegará volando el oscuro dragón, la sierpe brillante, desde Nídafjöll; llevará en sus plumas los muertos a Nidhögg. Allí se hundirá.

MITOLOGIA NORDICA -LAS EDDAS, INTRODUCCION-

MITOLOGIA NORDICA
TEXTOS MITOLOGICOS DE LAS EDDAS

por Snorri Sturluson

INTRODUCCION
¿Qué son los ʺEddasʺ?
La palabra Edda tiene un significado incierto:
a)
Puede ser una referencia a Oddi, un lugar del sur de Islandia, donde se educó Snorri Sturluson, pasando a significar en este caso ʺEl libro de Oddiʺ,
b) se puede traducir como ʺbisabuelaʺ (?)
c) Puede estar relacionado con el nombre de Odín, siendo así ʺPoesíaʺ o ʺPoéticaʺ ‐de óthr, espíritu, razón‐).
Bajo el nombre de ʺEddasʺ se conocen a dos obras islandesas medievales distintas:
1) El Edda Menor, o Edda de Snorri o Edda en prosa, escrita por Snorri Sturluson (1179‐1241) y cuyo nombre es dado en el propio libro: ʺEste libro se llama Edda. Lo ha compuesto Snorri Sturluson en la forma que aquí se presentaʺ, compuesta hacia 1220 o 1225.
2) El Edda Mayor, o Edda en verso o Edda de Saemund, una recopilación de poemas paganos de carácter mitológico y heroico realizada por un autor desconocido hacia 1250 (posterior por tanto, a la Edda de Snorri). Como contenía poemas mencionados en el Edda de Snorri, comenzó a llamársele también Edda.
Juntas forman el cuerpo formativo más importante para conocer la antigua mitología nórdica.

El Edda Mayor


También conocida como Edda en verso, el Edda Mayor está compueta por un total de 38 poemas de carácter mitológico y heroico, 29 de los cuales están recogidos en el famoso ʺCodex Regiusʺ, el más importante manuscrito éddico. Este código fue descubierto en Islandia en 1643 por el obispo Brynjólf Sveinsson. No tenía título, pero por la temática sobre la que versaban Sveinsson asumió que se trataba de las fuentes en las que Snorri basó su obra, dándole el nombre de Edda.
Incluso aventuró quién pudo ser el autor de t llamó ʺEdda Saemundi multisciiʺ (Edda deales poemas, o al menos de su recopilación, señalando al sacerdote Saemund (1056‐1133), y mandó realizar una copia de los poemas a la que Saemund el sabio), conociéndose desde entonces con carácter general como edda al tipo de poemas recogidos en el Codex Regius.
Sobre el origen, fecha y autor de cada uno de estos poemas no hay nada seguro dando cabida a múltiples interpretaciones. Tradicionalmente se distingue en el Edda Mayor entre poemas mitológicos y heroicos, distinción sólo válida a los ojos de hoy en día, pues para los escandinavos del siglo XIII tan mítico resultaba un relato de Odín como uno sobre Sigurd.
No obstante, seguiremos esa distinción doctrinal. Entre los poemas mitológicos del Edda Mayor (un total de 15, aunque la consideración de algunos puede ser mitológica o heroica, por ejemplo el ʺCantar de Völundʺ, de ahí que ese número pueda variar) encontramos algunos escritos claramente en era pagana, que emanan una impresión mucho más esotérica que el resto y quizás usados para ceremonias iniciáticas de los jovénes escandinavos llegados a la edad adulta (13 años). Tales poemas son: Vafþrúðnismál (o ʺDiscurso de Vafthrúdnirʺ), Grimnismál (o ʺDiscurso de Grimnirʺ), Hávamál (o ʺDiscurso del Altísimoʺ), Hárbarzljóð (o ʺCanto de Hárdbardʺ) y Völuspá (o ʺProfecía de la Videnteʺ).
En cambio hay otros, como el Lokasenna (o ʺSarcasmos de Lokiʺ) ‐escrito con una cierta intención de burla de los antiguos dioses‐, que puede que pertenezcan a la primera mitad del s. XIII.
No obstante, esto no resulta extraño, pues Islandia siguió conservando su tradición pagana incluso siglos después de la adopción oficial del cristianismo en el año 1000. El resto de poemas fueron escritos en plena era cristiana, aunque como hemos dicho con un espíritu claramente pagano, recogiendo incluso fragmentos de era pagana conservados por la tradición oral.
Sin embargo es cierto que se produjo la inevitable inclusión de elementos cristianos (por ejemplo un marcado carácter misógino) que no concuerda con el resto de poemas paganos. Esta mezcolanza de visiones del mundo dificulta un poco el conocimiento que se puede obtener de la antigua mitología pagana, pero no le resta interés a los textos.

MITOLOGIA -EL TERRIBLE JABALI EN LAS MANOS DE HERCULES-

MITOLOGIA
LOS TRABAJOS DE HERCULES

El terrible jabalí en las manos de Hércules

Erimanto: desolada frontera entre la Acaya, la Arcadia y la Elida. Nada florece en las orillas del rio Psofis. El valle está seco, pobre, muerto. Los habitantes tienen una apariencia sombría. Los niños aprenden pronto a no esperar un futuro mejor. La esperanza está ausente. Un jabalí gigantesco monstruoso tortura al pueblo del lugar, devasta las plantaciones y siembre el terror.
El medroso Euristeo envía a Hércules a Erimanto, para que realice su tercer trabajo.
Ya algo cansado, pero todavía animado para la lucha, el héroe se pone en camino, imaginando durante el viaje de cazar al monstruo sin ser herido.
Casi a la entrada de Erimanto da con el recurso que necesitaba. Empieza a gritar para atraer la atención de la fiera, que abandona su cubil y corre en dirección a él a través del campo nevado.
Mientras el jabalí avanza, Hércules retrocede. Las patas de la fiera son sumamente pesadas. Se hunden en la nieve, marcando huellas profundas, y no consiguen recuperar energía para levantarse con rapidez. Pronto el jabalí se cansa, y retarda el ritmo de la carrera.
Al notar el cansancio del enemigo, el héroe sonríe, satisfecho de su estratagema. Desorientado, el animal se esfuerza cada vez más para aproximarse, luchando contra la nieve, el cansancio y el propio peso.
Hércules continúa retrocediendo, azuzándolo siempre. El jabalí avanza algunos pasos y cae, por fin, extenuado.
Entonces Hércules se apodera de él y, sin hallar resistencia, se lo lleva a Micenas.
A la puerta del palacio estaba Euristeo. Cuando ve al jabalí en brazos de Hércules sale corriendo y se mete dentro de una gran tinaja, que había mandado hacer para que le sirviera de escondrijo. El héroe entra en el palacio (donde había jurado no entrar jamás) sólo para asistir al espectáculo del rey llorando de miedo.
Finge arrojar la fiera sobre Eutisteo. El soberano agita las manos despavorido.
Y Hércules ríe del pánico del usurpador.

sábado, 10 de julio de 2010

MITOLOGIA -LA INVENCIBLE HIDRA ES DECAPITADA-

MITOLOGIA
LOS TRABAJOS DE HERCULES

La invencible hidra es decapitada


Cien bocas humanas en un cuerpo de serpiente. Cien bocas de hálito pestilente, exhalando un veneno capaz de secar las plantas y matar a todas las criaturas vivas.
La hidra de Lerna vive en la región que mas tarde llevará su nombre, próxima a Argos. Poco a poco extenúa a la población con la ponzoña que destilan sus cien gargantas malditas.
Figura horrenda, maldición de la naturaleza y de los dioses, la hidra nació de la unión de Equidna –una ninfa mitad humana, mitad serpiente- con el monstruo Tifón.
Había sido criada por la vengativa Juno bajo un roble, junto a la fuente Amimone, solo para servir de provocación a Hércules.
Matarla parecía imposible. Cada una de las cien cabezas, una vez cortada, renace con igual ímpetu. Y la cabeza central ni siquiera puede ser destruida: es inmortal.
Compete a Hércules eliminar a la hidra; ésa es la orden de Euristeo. Para ayudarlo en la lucha desigual, el héroe llama a Iolao, su sobrino. El joven, orgulloso, se prepara prontamente para seguirlo. Ahora son dos cabezas humanas contra cien bocas inmortales.
Tan pronto como avista a sus adversarios, el monstruo exhala su hálito mortífero. Iolao vacila: se detiene. Hércules está atontado; casi desmaya. Pero continúa avanzando, en dirección a la cabeza central.
Al fin de arduo combate, consigue cortarla. Para impedir que se desarrolle otra vez, convirtiéndose en otra hidra, Hércules la entierra en un valle profundo y le coloca encima una enorme roca.
Después arranca las restantes cabezas del monstruo. Y pide a Iolao que incendie el bosque vecino. Con los árboles hechos brasas, quema la herida de las cabezas cortadas, para que los tejidos no se reconstituyan jamás.
La hidra está muerta. Y Lerna está libre de la calamidad. Las plantaciones vuelven a su lozanía, y los hombres a trabajar en paz.
Antes de regresar a Micenas, llevando a Euristeo su victoria, Hércules empapa sus flechas en el veneno de la hidra, haciéndolas duraderamente mortíferas.

viernes, 9 de julio de 2010

EL LIBRO DE LOS JUBILEOS -Parte IV de IV-

LIBRO
DE LOS JUBILEOS (Parte IV de IV)
Traducción de la versión etiópica

-Caps. XXXVII al L-

Apéndice: Fragmentos Hebreos

(Libro de Noé y Midras Wayyisau)


Esaú guerrea contra J acob
37 I El día en que murió Isaac, padre de Jacob y Esaú, oyeron los hijos de éste que Isaac había otorgado la primogenitura a su hijo menor, Jacob, y se enojaron mucho. 2 Discutieron con su padre y le dijeron:
-¿Para qué eres el mayor y Jacob el menor? Tu padre ha otorgado la primogenitura a Jacob y te ha abandonado a ti.
3 Les respondió Esaú:
-Yo vendí mi primogenitura a Jacob por un simple plato de lentejas. El día en que mi padre me mandó cazarle una presa para que comiera y me bendijese, llegó él con astucia, llevó a mi padre comida y bebida, y mi padre lo bendijo, poniéndome a mí bajo su mano. 4 Y ahora nuestro padre
nos ha hecho jurar a ambos que no nos procuraremos mal el uno al otro, que nos mantendremos en paz y amor mutuamente y no arruinaremos nuestros caminos.
5 Le respondieron:
-No te obedeceremos en lo de hacer la paz con él, pues nuestra fuerza es mayor que la suya. Somos más fuertes que él, iremos contra él, lo mataremos y haremos perecer a sus hijos. Y si no vienes con nosotros, te ultrajaremos. 6 Oyenos, pues: enviemos recado a Aram, a los filisteos, a Moab y Amón; escojámonos hombres selectos, ardorosos en el combate, y vayamos contra él, a luchar con él y extirparlo de la tierra, antes de que adquiera fuerza.
7 Les replicó:
-No vayáis, no le hagáis guerra, no caigáis ante él.
8 Respondieron:
-Esto es lo único que has hecho desde tu juventud hasta ahora: poner el cuello bajo el yugo, pero nosotros no obedeceremos estas órdenes.
9 Enviaron recado a Aram, a Adoram, amigo de su padre, y se alistaron a sueldo con ellos mil guerreros, hombres escogidos de combate.
10 Les llegaron, de Moab y los hijos de Amón, mil mercenarios escogidos; de los filisteos, mil combatientes selectos; de Edom y de los carios, mil combatientes escogidos, y de los heteos, recios hombres de combate. 11 Le instaban a su padre:
-Sal con ellos y guíalos; si no, te mataremos.
12 Entonces se llenó de ira e indignación, al ver que sus hijos lo obligaban a ir delante, guiándolos contra su hermano Jacob. 13 Pero recordó entonces todo el mal que estaba oculto en su corazón contra su hermano Jacob y no se acordó del juramento que había hecho a su padre y su madre de no procurar nunca ningún mal a Jacob, su hermano. 14 Este, entre tanto, no sabía que iban contra él a combatirle, sino que hacía duelo por su mujer, Lía, hasta que se acercaron a la torre con cuatro mil combatientes y guerreros escogidos. 15 Los hombres de Hebrón habían mandado
decirle: «Tu hermano ha venido contra ti a combatirte con cuatro mil hombres que ciñen espada y llevan escudo y armas», pues preferían Jacob a Esaú; por eso se lo dijeron, porque era hombre más generoso y clemente que Esaú. 16 Pero Jacob no lo creyó hasta que se acercaron junto a la torre.

Reprensión de Jacob a Esaú
17 Entonces cerró las puertas de la torre, se subió a su parte alta y habló así con su hermano Esaú:
-¡Buen consuelo has venido a traerme por mi mujer que ha muerto!
¿Es éste el juramento que hiciste a tu padre y a tu madre por dos veces antes de que murieran? Has transgredido el juramento y, en el momento en que juraste a tu padre, te condenaste.
18 Respondió entonces Esaú:
-Ni los hijos de los hombres ni las bestias del campo tienen juramentos verdaderos, que sean eternos una vez hechos: a diario se procuran mal unos a otros para matar cada uno a su enemigo y adversario. 19 Tú me odias a mí y a mis hijos perpetuamente, y no cabe hacer hermandad
contigo. 20 Oye estas palabras que te digo: cuando el puerco cambie su piel y sus cerdas, haciéndose suaves como la lana, cuando críe en su cabeza cuernos como los del ciervo y los carneros, entonces practicaré contigo la hermandad, pues desde que nos destetaron de nuestra madre no has sido mi hermano. 21 Cuando los lobos hagan paz con los corderos, no devorándolos
ni dañándolos, cuando pongan su corazón en hacerles bien, entonces habrá paz en mi corazón para ti. 22 Cuando el león se haga amigo del buey, sea uncido con él al mismo yugo, are con él y haga con él la paz, entonces la haré yo contigo. 23 Cuando los cuervos se hagan blancos como la cigüeña, sabrás entonces que te amo y haré contigo la paz. Que te erradiquen de la tierra a ti y a tus hijos: no tengas paz.
24 Cuando Jacob vio que lo quería mal de corazón y con toda su alma, que deseaba matarlo y que había venido palpitante como llega el jabalí a la lanza que lo punza y mata, pero sin apartarse de ella, ordenó a los suyosy a sus siervos que atacaran a Esaú y a todos sus compañeros.

Muerte de Esaú
38 1 Entonces habló Judá a su padre, Jacob:
-Tiende tu arco, padre, lanza tus flechas, hiere al enemigo, mata al adversario, y sea tuya la fuerza. Nosotros no podemos matar a tu hermano estando en tu casa y contigo, pues hemos de honrarlo.
2 Entonces Jacob tendió su arco, disparó una flecha, hirió a su hermano Esaú en la tetilla derecha y lo mató. 3 Volvió a disparar una flecha y alcanzó a Adoram, el arameo, en la tetilla izquierda y lo derribó muerto.
4 Entonces salieron los hijos de Jacob con sus siervos, en grupos, por los cuatro lados de la torre. 5 Judá salió por delante, por la parte sur de la torre, con Neftalí, Gad y cincuenta siervos, y mataron a cuantos hallaron ante ellos, sin que escapara uno solo. 6 Leví, Dan y Aser salieron por el lado oriental de la torre con cincuenta y mataron a los guerreros de Moab y Amón. 7 Rubén, Isacar y Zabulón salieron por la parte norte de la torre con cincuenta y mataron a los guerreros filisteos, 8 y Simeón, Benjamín y Henoc, hijo de Rubén, salieron por el lado occidental de la torre con cincuenta hombres. Mataron a cuatrocientos de los edomitas y carios, recios combatientes, huyendo seiscientos, entre ellos los cuatro hijos de Esaú, que abandonaron a su padre muerto, tal como había caído, en la colina que hay en Adoram.
9 Los hijos de Jacob los persiguieron hasta el monte Seír. Jacob enterró a su hermano en la colina que hay en Adoram y volvió a casa. 10 Sus hijos rodearon a los hijos de Esaú en el monte Seír y humillaron su cerviz hasta convertirlos en sus siervos. 11 Mandaron recado a su padre preguntando si hacian la paz con ellos o los mataban. 12 Jacob respondió a sus hijos que hicieran la paz, y la hicieron, colocando sobre ellos el yugo del servicio: darían tributo a Jacob y sus hijos perpetuamente. 13 Estuvieron pagando tributo a Jacob hasta el día en que bajó a Egipto: 14 hasta ese día los hijos de Edom no se sustrajeron al yugo de servicio que les habían impuesto los doce hijos de Jacob.

Caudillos de Edom
15 Estos son los reyes que reinaron en Edom, antes de que reinase rey entre los hijos de Israel: [hasta este día, en el país de Edom]. 16 Reinó en Edom Bela, hijo de Beor, el nombre de cuya ciudad es Denaba; 17 al morir Bela, reinó en su lugar Jobab, hijo de Zara, de Bosrá; 18 al morir
Jobab, reinó en su lugar Husam, del monte Temán; 19 al morir Husam, reinó en su lugar Adad, hijo de Badad, que mató a Madián en el campo de Moab, siendo el nombre de su ciudad Avit; 20 al morir Adad, reinó en su lugar Sem1a, de Masreca; 21 al morir Semla, reinó en su lugar Saúl de
Rohobot, del río; 22 al morir Saúl, reinó en su lugar Ba1anán, hijo de Acabar, 23 y al morir Ba1anán, reinó en su lugar Adad, cuya mujer se llamaba Metabeel, hija de Matred, hija de Mezaab. 24 Estos fueron los reyes que reinaron en la tierra de Edom.

José y Putifar
39 1 Jacob vivió en la tierra adoptiva de su padre, la tierra de Canaán.
2 Este es el linaje de Jacob. José tenía diecisiete años cuando lo llevaron a Egipto, y lo compró Putifar, eunuco del faraón y jefe de la guardia.
3 Este puso a José a cargo de toda su casa, y la bendición del Señor estaba en casa del egipcio a causa de José, pues el Señor hacía prosperar cuanto obraba. 4 El egipcio dejó todo en manos de José, pues vio que el Señor estaba con él y hacía prosperar todo lo que obraba.

La seductora
5 Era José de hermoso aspecto y muy apuesto, y la mujer de su señor puso los ojos en él. José le agradó y le pidió que yaciera con ella. 6 Pero él no se entregó, recordando al Señor y los mandamientos que recitaba su padre, Jacob, de entre los de Abrahán: «Si algún hombre fornica con mujer que tenga marido, tenga castigo capital, asignado en los cielos ante el Señor Altísimo, y regístresele el pecado perennemente ante el Señor en los libros eternos». 7 José recordó estas palabras y no quiso yacer con ella.
8 Ella le suplicó durante un año, pero él se negó a oírla. 9 Entonces lo agarró estrechándolo entre sus brazos en su casa para forzarlo a yacer con ella, cerrando las puertas de la casa y sujetándolo, pero él dejó el vestido en sus manos, rompió la puerta y huyó fuera.

José en la cárcel
10 Al ver aquella mujer que no yacía con ella, lo calumnió ante su señor:
-Tu siervo hebreo, al que amas, ha querido forzarme a yacer con él.
Cuando levanté la voz y lo sujeté, huyó dejando el vestido en mis manos y rompiendo la puerta.
11 El egipcio vio el vestido de José y la puerta rota y, creyendo a su mujer, arrojó a José a la prisión, el lugar donde estaban los presos de la cárcel real. 12 Allí estuvo en la cárcel, pero el Señor concedió gracia y clemencia a José ante el alcaide, pues vió que el Señor estaba con él y que hacía prosperar cuanto obraba. 13 Dejó todo en sus manos, sin que el alcaide tuvíera mas que ver con ello, porque José hacía todo y el Señor le otorgaba la perfección. 14 Allí permaneció dos años, en el curso de los cuales el faraón, rey de Egipto, se enojó contra dos de sus eunucos: el
copero mayor y el panadero mayor. Los arrojó a prisión, a la del alcaide donde estaba preso José. 15 Este fue encargado por el alcaide que los sirviera: él así lo hacía. 16 Tuvieron un sueño ambos, el copero mayor y el panadero mayor, y se lo contaron a José. 17 Y tal como se lo interpretó, así les ocurrió, pues el faraón restituyó al copero mayor a su puesto e hizo morir al panadero, como les había explicado José. 18 Pero el copero olvidó a José en la prisión, aunque le había hecho saber lo que le ocurriría, y no se acordó de contar al faraón cómo le había hablado José, pues se olvidó.

Los sueños del faraón
40 1 En aquellos días, el faraón tuvo dos sueños en una noche, acerca de un hambre que habría en todo el país. Al despertarse, convocó a todos los intérpretes de sueños que había en Egipto y a los encantadores y les contó sus dos sueños, pero no pudieron interpretarlos. 2 El copero se acordó entonces de José y habló de él al rey, que lo sacó de prisión y le contó sus dos sueños. 3 Dijo ante el faraón que los dos sueños eran el mismo. Habló así:
-Vendrán siete años de abundancia en toda la tierra de Egipto, y luego siete años de hambre tal como nunca hubo en toda la tierra. 4 Instituya, pues, el faraón, en toda la tierra de Egipto, un comisario que almacene alimentos ciudad por ciudad durante los siete años de abundancia.
Sirvan de provisión éstos durante los siete años de escasez para que no perezca el país de hambre, pues va a ser muy fuerte.

Prosperidad y matrimonio de José
5 El Señor dio gracia y clemencia a José ante los ojos del faraón, que dijo a sus oficiales:
-A nadie encontraremos tan prudente y sabio como este hombre, pues el espíritu de Dios está con él.
6 Y lo hizo su virrey, dándole poder sobre todo Egipto, haciéndole montar en el carro segundo del faraón. 7 Le puso ropas de lino, le colocó un collar de oro al cuello, y pregonaron voceando ante él: «Habirel». Le puso un anillo en la mano, le encargó de toda su casa y le hizo grande, afirmando: «Mayor que tú no hay más que el trono». 8 José quedó a cargo de toda la tierra de Egipto, y lo amaron todos los gobernantes del faraón, todos sus oficiales y todos los que trabajaban para el rey, pues se comportaba rectamente, sin soberbia, altanería, acepción de personas o cohecho, pues gobernaba rectamente a todos los pueblos de Egipto. 9 La tierra de Egipto se mantuvo en paz ante el faraón a causa de José, pues el Señor estaba con él y le dio gracia y estima ante todos sus linajes, los que lo conocían y los que oían hablar de él. El reino del faraón se enderezó y no tuvo demonio ni maldad.
10 El rey dio a José el nombre de Sefantifanes y le dio por esposa a la hija de Putifare, sacrificador de Heliópolis e intendente. 11 Tenía José treinta años el día que compareció ante el faraón: aquel año murió Isaac. 12 Y ocurrió lo que José había dicho al interpretar los dos sueños. Tal como dijo, hubo siete años de abundancia en toda la tierra de Egipto, que fue ferocísima, dando cada medida cien. 13 José recogió el grano por las ciudades, hasta llenarse de trigo y no poderse contar ni medir de tanta abundancia.

Historia de Tamar
41 1 En el jubileo cuadragésimo quinto, en el segundo septenario, en el año segundo, tomó Judá para su primogénito Her una mujer de las hijas de Aram, de nombre Tamar. 2 Pero él la aborreció y no yació con ella, pues su madre era cananea. Quiso tomar una mujer de la nación de
su madre, pero no se lo permitió su padre. 3 Fue perverso este Her, primogénito de Judá, y el Señor lo hizo morir. 4 Dijo entonces Judá a su hermano Onán:
-Ve a la mujer de tu hermano, hazla esposa por levirato y da descendencia a tu hermano.
5 Pero sabiendo Onán que la descendencia no seria suya, sino de su hermano, iba a casa de la mujer de su hermano, pero eyaculaba en tierra, lo cual fue malo ante los ojos del Señor, que lo hizo morir.
6 Dijo entonces Judá a su nuera Tamar:
-Quédate en casa de tu padre, guardando viudedad, hasta que crezca mi hijo Sela y te dé a él por esposa.
7 Creció Sela, pero Batsua, mujer de Judá, no permitía que su hijo se casase con ella. Y murió Batsua, mujer de Judá, el año quinto de este septenario. g Al año sexto subió Judá a esquilar sus ovejas a Tamna, y dijeron a Tamar: «Tu suegro sube a esquilar sus ovejas a Tamna».
9 Ella se quitó las ropas de viuda, se puso un tocado, se embelleció y se colocó a la puerta del camino de Tamna. 10 Judá pasaba por allí, la encontró, la creyó una prostituta y le dijo:
-Me voy contigo.
Ella respondió:
-Ven.
y se fue. 11 Díjole ella:
-Dame mi pago.
El le respondió:
-No llevo más que el anillo de mi dedo, mi brazalete y el báculo de mi mano.
12 Díjole ella:
-Déjamelos, hasta que me mandes mi pago.
El aseguró:
-Te mandaré un cabrito.
Se los dejó, la conoció y ella concibió de él. 13 Judá se fue a sus ovejas, y ella, a casa de su padre. 14 Luego, Judá le mandó el cabrito por mano de un pastor odolamita. Pero éste no la encontró y preguntó a los hombres
del lugar:
-¿Dónde está la prostituta que había aquí?
Le respondieron:
-Aquí no tenemos ninguna prostituta.
15 Volvió, pues, y se lo comunicó a Judá:
-No pude hallarla; incluso pregunté a los hombres del lugar, y me dijeron que allí no hay ninguna prostituta.
Dijo Judá:
-Que se los quede, no vayamos a servir de escarnio.
16 Al cumplir tres meses, se supo que estaba embarazada, y dijeron a Judá: «Tu nuera Tamar ha concebido por fornicación». 17 Judá fue entonces a casa de su padre y dijo a éste y sus hermanos:
-Sacadla y quemadla, pues ha cometido impureza en Israel.
18 Pero, cuando la sacaron para quemarla, mandó a su suegro el anillo, el brazalete y el báculo con estas palabras: «¿Sabes de quién es esto? Pues de él he concebido». 19 Judá los reconoció y dijo: «Lleva más razón Tamar que yo; que no la quemen». 20 Por eso no fue dada a Sela, ni él
volvió a acercarse a ella. 21 Parió luego Tamar dos hijos, Fares y Zara, en el año séptimo de este segundo septenario, 22 cuando se cumplieron los siete años de abundancia que había pronosticado José al faraón. 23 Judá supo que había obrado mal, pues había yacido con su nuera. Se avergonzó ante sus propios ojos, admitió que había pecado y errado al franquear la intimidad de su hijo y comenzó a hacer duelo y a rogar al Señor por su falta. 24 Le comunicamos en sueños que le sería perdonada, pues había rogado mucho y hecho duelo, y no lo hizo más. 25 Obtuvo perdón por arrepentirse de su pecado y a causa de su ignorancia, aunque había cometido gran culpa ante Dios. A todo el que hace tal, yacer con su nuera, quémenlo con fuego ardiente, pues impureza y abominación hubo en ellos; con fuego quémenlos. 2ó Y tú ordena a los hijos de Israel que no haya impureza entre ellos, pues todo el que yazca con su nuera o su suegra ha cometido impureza. Con fuego quemen al hombre que haya yacido con ellas, y a la mujer también, y se apartará la indignación y la plaga de Israel. 27 A Judá le dijimos que sus dos hijos no habían yacido con ella y que por eso había permanecido la semilla para otra prole y no fue desarraigada.
28 Con integridad de sus ojos había ido Tamar y procurado sentencia, pues a causa de la ley dictada por Abrahán a sus hijos quiso Judá quemarla con fuego.

Hambre en Egipto y Canaán
42 1 En el año primero del tercer septenario del jubileo cuadragésimo quinto empezó a enseñorearse el hambre sobre el país: a la tierra no se le otorgaba la lluvia, pues no había ninguna que cayera. 2 La tierra quedó estéril, y sólo en Egipto había alimento, pues José había almacenado grano del país en los siete años de abundancia y lo había guardado.
3 Fueron los egipcios a José, a que les diera alimento; él abrió los depósitos donde estaba el trigo del primer año y lo vendió a los pueblos de la tierra por oro.
4 En la tierra de Canaán el hambre fue grandísima y, oyendo Jacob que había alimento en Egipto, mandó a diez de sus hijos a traerle alímento de allí: sólo a Benjamín no lo envió. Llegaron los diez hijos de Jacob a Egipto con otros que allí iban. 5 José los reconoció, pero no ellos a él, y
les habló duramente:
-¿No seréis espías, que venís a explorar los caminos del país? y los encerró, 6 pero luego volvió a soltarlos. Retuvo únícamente a Simeón y dejó partir a sus nueve hermanos. 7 Les llenó sus costales de trigo y metió su dinero en ellos, sin que lo supieran. 8 Les ordenó traer a su hermano menor, pues le habían dicho que tenían a su padre vivo y un hermano menor. 9 Subieron desde la tierra de Egipto, llegaron al país de Canaán y contaron a su padre todo lo que les había sucedido, cómo les había hablado duramente el señor del país y retenido a Simeón hasta que
le llevasen a Benjamín. 10 Dijo Jacob:
-Me habéis dejado sin hijos: José ya no existe, Simeón tampoco y os vais a llevar también a Benjamín; contra mí, pues, ha sido vuestra maldad. 11 No irá con vosotros mi hijo, porque su madre parió dos: pereció uno, ¿y también a éste os vais a llevar? Si ocurriera que le diera la fiebre en el camino, haríais descender mi vejez tristemente a la tumba. 12 Había visto además que el dinero de todos había vuelto en sus bolsas, y temió por esto mandarlo. 13 Pero el hambre aumentó y se intensificó en el país de Canaán y en toda la tierra, salvo en Egipto. Muchos egipcios
habían almacenado su grano para alimento cuando vieron a José acopiar grano, ponerlo en graneros y guardarlo para años de escasez, 14 de modo que los hombres de Egipto se alimentaron en su primer año de escasez.

Marcha de Benjamín a Egipto
15 Cuando vio Israel que el hambre arreciaba en el país y no había salvación, dijo a sus hijos:
-Id, volved, traednos alimento para que no muramos.
16 Respondieron:
-No iremos; si no viene nuestro hermano menor con nosotros, no iremos.
17 Vio Israel que, si no lo mandaba con ellos, perecerían todos de hambre. 18 Dijo Rubén:
-Ponlo en mis manos, y si no te lo traigo, mata a mis dos hijos por su vida.
Le replicó Jacob:
-No irá contigo.
19 Se acercó Judá y dijo:
-Mándalo conmigo, y si no te lo traigo, sea yo réprobo ante ti todos los días de mi vida.
20 Y lo mandó con ellos, el año segundo de este septenario, a primeros de mes. Llegaron a tierras de Egipto con otros que alli iban, llevando dones de mirra, almendras, terebinto y miel pura.
21 Llegaron y se presentaron ante José, que vio y reconoció a su hermano Benjamín. Les dijo:
-¿Es éste vuestro hermano menor?
Le respondieron:
-El es.
Añadió:
-El Señor te sea clemente, hijo mío.
22 Lo mandó a su casa, liberó a Simeón y les preparó un convite; ellos le ofrecieron los dones que habían traído consigo. 23 Comieron ante él, y dio porciones a todos, pero la de Benjamín era siete veces mayor que la de los demás. 24 Comieron, bebieron, se levantaron y se quedaron donde
estaban sus asnos. 25 José tuvo una idea para conocer si sus pensamientos eran de paz entre sí. Dijo al hombre que estaba a cargo de su casa:
-Llénales todos sus sacos de grano y vuelve a poner su oro en sus recipientes, pon también la copa de plata, mi copa con la que bebo, en el saco del menor y despídelos.

Estratagema de José
43 1 El hombre hizo como lo ordenó José: les llenó totalmente los sacos de alimento, les puso también su oro en ellos y ocultó la copa en el saco de Benjamín. 2 Despertándose de mañana, partieron y, cuando salieron de allí, dijo José a su mayordomo:
-Persíguelos, corre y préndelos. Diles: «Hacéis mal por bien: habéis robado la copa de plata con que bebe mi señor», y hazme volver a su hermano menor, trayéndolo rápidamente, antes de que vaya a mi tribunal.
3 Corrió, pues, tras ellos y les habló según esta orden. 4 Le respondieron:
-Lejos de tus siervos hacer tal cosa: ningún efecto hemos robado de casa de tu señor, e incluso el oro que encontramos la primera vez en nuestros sacos lo devolvimos desde la tierra de Canaán. 5 ¿Cómo, pues, íbamos a robar efecto alguno? Aquí estamos, registra nuestros sacos, muera aquel de nosotros en cuyo saco encuentres la copa, y nosotros y nuestros asnos sirvamos a tu señor.
6 Les replicó:
-No será así: tomaré como esclavo únicamente a quien se la encuentre, y los demás podréis ir en paz a vuestra casa. 7 Registró sus enseres empezando por el mayor y acabando por el menor, hallando la copa en el saco de Benjamín. 8 Rasgaron entonces sus vestiduras, cargaron sus asnos, volvieron a la ciudad, llegaron a casa de José y se prosternaron todos ante él con el rostro por tierra. 9 Díjoles
José:
-Habéis obrado mal.
Respondieron:
-¿Qué hemos de decir, qué hemos de replicar? Nuestro señor ha hallado la culpa de sus siervos: aquí estamos, somos siervos de nuestro señor, así como nuestros asnos.
10 Añadió José:
-Yo soy temeroso de Dios: id vosotros a vuestras casas, y quede vuestro hermano como esclavo, puesto que habéis obrado mal. ¿No sabéis que nadie adivina con su copa como yo con ésta, y me la habéis robado?
11 Dijo Judá:
-Señor, tengo que decir algo al oído de mi señor. Su madre parió dos hermanos a tu siervo, nuestro padre. Uno de ellos salió, se perdió y no fue hallado; de su madre queda él solo, y tu siervo, nuestro padre, lo ama hasta el punto de que su espíritu está pendiente de él. 12 Si regresáramos a tu siervo, nuestro padre, y no viniera el muchacho con nosotros, moriría: abatiríamos a nuestro padre de tristeza hasta morir. 13 Quede yo solo, tu siervo, en lugar del joven, como siervo de mi señor, y vaya el muchacho con sus hermanos, pues yo lo garanticé a tu siervo, nuestro padre, y si no lo hago volver, tu siervo será culpable ante nuestro padre por siempre.

José se da a conocer a sus hermanos
14 Vio José que los corazones de todos eran buenos por igual, unos con otros. No pudo entonces contenerse y les dijo que era José. 15 Habló con ellos en lengua hebrea, los abrazó y lloró. Ellos no lo reconocían, y empezaron a llorar. 16 Díjoles:
-No lloréis por mi causa, traedme pronto a mi padre junto a mí: ya veis lo que dice mi boca, y lo ven los ojos de mi hermano Benjamín. 17 Este es el segundo año de escasez, y quedan todavía cinco en que no habrá cosechas, ni fruto de árbol, ni labranza. 18 Bajad pronto vosotros con vuestras familias, para que no perezcáis de hambre; no os preocupe vuestra propiedad, pues con todo propósito me envió el Señor delante de vosotros, para que vivieran muchos pueblos. 19 Contad a mi padre que aún vivo. Ya veis también que el Señor me ha hecho casi padre del faraón,
y que administro su casa y toda la tierra de Egipto. 20 Contad a mi padre toda mi grandeza y cuánta riqueza y honor me ha dado el Señor.
21 Les regaló, por orden directa del faraón, carros y provisiones de viaje y dio a todos vestidos multicolores y plata. 22 También para su padre envió vestidos y plata más diez asnos cargados de trigo y los despidió.
23 Regresaron y contaron a su padre que José vivía, que distribuía trigo a todos los pueblos de la tierra y que administraba toda la tierra deEgipto. 24 Su padre no lo creía, pues estaba turbado su pensamiento, pero luego vio los carros que había mandado José y, vivificándose su espíritu, dijo: «Cosa grande es para mí: si José vive, bajaré a verlo antes de morir».

Viaje de Jacob a Egipto
44 1 Israel partió de Canaán, de su casa, a primeros del tercer mes. Fue por el camino de Bersabee y ofreció un sacrificio al Dios de su padre, Isaac, el siete de este mes. 2 Recordó Jacob el sueño que había tenido en Betel y temió bajar a Egipto. 3 Pensando mandar recado a José de que
viniese para no bajar él, estuvo allí siete días, por si tenía una visión para quedarse o bajar. 4 Celebró entonces la fiesta de la cosecha de primicias con trigo viejo, ya que no había en toda la tierra de Canaán un puñado de ninguna semilla en el suelo, pues aquella escasez fue para todos, bestias, animales, aves y personas.
5 El dieciséis se le apareció el Señor y le dijo:
-Jacob, Jacob.
El respondió:
-Heme aquí.
Continuó Dios:
-Yo soy el Dios de tus padres, Abrahán e Isaac: no temas bajar a Egipto, pues allí te haré un gran pueblo. 6 Yo bajaré contigo y te llevaré, pero serás sepultado en esta tierra, y José pondrá sus manos sobre tus ojos. No temas, baja a Egipto.
7 Poniéndose en marcha sus hijos y nietos, cargaron a su padre y sus efectos en los carros: 8 el dieciséis de este mes tercero partió Israel de Bersabee y fue a tierra de Egipto. 9 Mandó por delante a Judá hacia donde estaba su hijo José, para reconocer el país de Gosén, pues allí había
dicho José a sus hermanos que irían a asentarse para estar cerca de él. 10 Y, efectivamente, era un lugar bueno en la tierra de Egipto para ellos y sus ganados y cercano a José.

Descendientes de Jacob que viajaron a Egipto
11 Estos son los nombres de los hijos de Jacob que fueron con él a Egipto: 12 Rubén, primogénito de Israel, y los nombres de sus hijos son:
Henoc, Falú, Hesrón y Carmí, cinco personas; 13 Simeón y sus hijos, cuyos nombres son Jamuel, Jamín, Ahod, Jaquín, Sohar y Saúl, hijo de la cananea, siete personas; 14 Leví y sus hijos, cuyos nombres son Gersán, Caat y Merarí, cuatro personas; 15 Judá y sus hijos, cuyos nombres son
Sela, Fares y Zara, cuatro personas; 16 Isacar y sus hijos, cuyos nombres son Tolá, Fuá, Job y Semrón, cinco personas; 17 Zabulón y sus hijos, cuyos nombres son Sáred, Elón y Jalel, cuatro. 18 Estos son los descendientes de Jacob, con sus respectivos hijos, paridos por Lía a Jacob en Mesopotamia, seis y una hermana de ellos, Dina; todas las personas, hijos y nietos de Lía, que entraron con su padre Jacob en Egipto eran veintinueve, que con su padre, Jacob, hacían treinta. 19 Los hijos de Zelfa, sirvienta de Lía y mujer de Jacob, paridos a éste, son Gad y Aser. 20 Estos son los nombres de sus hijos que entraron con él a Egipto: hijos de Gad: Sefión, Haggi, Suní, Esebón, (Herí), Arodí y Arelí, ocho personas; 21 hijos de Aser: Jamné, Jesuá, Jesuí, Baria y su única hermana, Sara, seis personas;
22 total: catorce personas, siendo el total de Lía cuarenta y cuatro. 23 Los hijos de Raquel, mujer de Jacob, fueron José y Benjamín; 24 nacieron a José en Egipto, antes de llegar su padre allí -paridos a él por Asenet, hija de Putifare, sacrificador de Heliópolis-, Manasés y Efraín, tres personas.
25 Hijos de Benjamín: Bela, Béquer, Asbel, Gerá, Naamán, Equí, Ros, Mofim, Ofim y Ared, once personas; 26 el total de descendientes de Raquel es de catorce. 27 Y los hijos de Bala, sirvienta de Raquel y mujer de Jacob, que le parió a éste, son Dan y Neftalí; 28 éstos son los nombres de sus hijos, que entraron con ellos a Egipto: hijos de Dan: Husim, (Samón, Asudi, Iyaka y Salomón), seis personas; 29 pero murieron en el año en que entraron a Egipto, y no quedó a Dan más que Husim. 30 Estos son los nombres de los hijos de Neftalí: Jesiel, Guní, Jeser, Selem e Iw; 31 pero Iw, nacido después de los años de escasez, murió en Egipto. 32 El total de personas de Raquel es de veintiséis. 33 Todos los descendientes de Jacob que entraron en Egipto fueron setenta personas: todos hijos y nietos suyos, setenta en total. Pero hubo cinco que murieron en Egipto,
antes que José, sin tener hijos. 34 En la tierra de Canaán se le murieron a Judá dos hijos, Her y Onán, sin prole. Y los hijos de Israel sepultaron a los que perecieron, y quedaron constituidos en setenta estirpes.

Asentamiento de los israelitas en Gosén
45 1 Israel entró en Egipto, en la tierra de Gosén, a primeros del mes cuarto del año segundo del tercer septenario del jubileo cuadragésimo quinto. 2 José fue a recibir a su padre, Jacob, a la tierra de Gosén, lo abrazó y lloró. 3 Dijo Israel a José:
-Muera yo ahora que te he visto. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, Dios de Abrahán, Dios de Isaac, que no ha negado su misericordia y clemencia a su siervo Jacob. 4 Gran cosa es para mí haber visto tu rostro estando aún en vida, pues cierta fue la visión que tuve en Betel. Bendito
sea el Señor, mi Dios, por los siglos de los siglos, y bendito su nombre.
5 Comieron pan José y sus hermanos ante su padre y bebieron vino, y Jacob se regocijó sobremanera, pues vio a José comer con sus hermanos y beber ante él. Bendijo al Creador de todo, que lo había guardado y le había conservado sus doce hijos. 6 José dio a su padre y hermanos un don para que se establecieran en la tierra de Gosén y en Ramesés y todos sus
contornos, que él regía ante el faraón. Israel y sus hijos moraron en la tierra de Gosén, la mejor de Egipto, contando Israel ciento treinta años cuando entró a Egipto.

José adquiere todo Egipto para el faraón
7 José alimentó a su padre, hermanos y propiedades con pan que les bastó los siete años de escasez. 8 Egipto padeció hambre, y José acaparó toda la tierra de Egipto para el faraón cambiándola por alimento, adquiriéndole hombres, animales y todo. 9 Concluyeron los años de escasez, y José dio a los pueblos del país semilla y alimentos para sembrar la tierra en el año octavo, pues el Nilo se había desbordado por toda la tierra de Egipto. 10 En los siete años de escasez no había crecido el Nilo ni regado, salvo unos pocos lugares de la ribera; pero ahora había crecido, y los egipcios plantaron la tierra y cosecharon mucho trigo aquel año. 11 Era el primer
año del cuarto septenario del jubileo cuadragésimo quinto; 12 José tomó el quinto de todo lo producido para el rey y les dejó cuatro partes para alimento y sementera. Así lo estableció José como ley para Egipto hasta este día.

Muerte de Jacob. Transmisión de sus escritos
13 Israel vivió en Egipto diecisiete años, siendo todos los días de su vida tres jubileos: ciento cuarenta y siete años. Murió en el año cuarto del quinto septenario del jubileo cuadragésimo quinto. 14 Israel bendijo a sus hijos antes de morir, les dijo todo lo que había de sucederles en la
tierra de Egipto y les hizo saber lo que en días posteriores les ocurriría.
Los bendijo y dio a José dos porciones sobre la tierra. 15 Se durmió con sus padres y fue sepultado en la cueva de Macfela, en tierra de Canaán, cerca de su padre Abrahán, en la tumba que había cavado para sí en la cueva de Macfela, en tierra de Hebrón. 16 Entregó todos sus escritos y losde sus padres a su hijo Leví, para que los guardara y renovara para sus hijos hasta este día.

Prosperidad de Israel en Egipto. Muerte de José
46 1 Tras la muerte de Jacob se multiplicaron los hijos de Israel en tierra de Egipto. Se convirtieron en un pueblo numeroso, en el que todos se amaban y ayudaban mutuamente. Se multiplicaron mucho durante diez septenarios, todos los días que vivió José. 2 No hubo demonio ni ningún mal en todos los días de la vida de José tras la muerte de su padre, pues todos los egipcios honraban a los hijos de Israel mientras vivió José.
3 Este murió a los ciento diez años: diecisiete años moró en la tierra de Canaán, diez estuvo sirviendo, tres en la cárcel y ochenta a las órdenes del rey, gobernando toda la tierra de Egipto. 4 Murieron él, todos sus hermanos y toda aquella generación. 5 Ordenó antes de morir a los hijos de Israel que se llevasen sus huesos cuando salieran de Egipto. 6 Los conjuró a ellos, pues sabía que los egipcios ya no dejarían sacarlo a enterrar en tierra de Canaán, ya que Makamaron, rey de Canaán, residente en Asur, había combatido en el valle con el rey de Egipto, matándolo allí y persiguiendo a los egipcios hasta las puertas de Hermón. 7 Pero no pudo entrar, pues reinó en Egipto otro rey nuevo, más fuerte que él, y volvió a tierra de Canaán, quedando cerradas las puertas de Egipto, no habiendo quien saliera ni entrara. 8 Había muerto José en el jubileo cuadragésimo sexto, en el sexto septenario, en el segundo año, y lo sepultaron en tierra de Egipto, y tras él murieron todos sus hermanos.

Odio de los egipcios contra los israelitas
9 Salió el rey de Egipto a combatir con el rey de Canaán en el jubileo cuadragésimo séptimo, en el segundo septenario, en el segundo año, y los hijos de Israel sacaron los huesos de todos los hijos de Jacob, menos José, y los enterraron en despoblado, en la cueva de Macfela, en el monte.
10 Muchos volvieron a Egipto, pero unos pocos se quedaron en el monte Hebrón, y con ellos tu padre Amrán. 11 El rey de Canaán venció al de Egipto, el cual volvió a cerrar las puertas del país. 12 Concibió luego perversas ideas contra los hijos de Israel para atormentarlos. Decía a la gente
de Egipto:
13 -El pueblo de los hijos de Israel ha crecido y se ha multiplicado más que nosotros. ¡Ea!, ingeniémonoslas antes de que se multipliquen aún más, y aflijámoslos con esclavitud antes de que tengamos una guerra, no sea que también ellos nos combatan o se unan a nuestro enemigo y
salgan de nuestra tierra, pues su corazón y su mirada están en la tierra de Canaán.
14 Les puso unos capataces que los atormentaron con trabajo, y construyeron para el faraón las plazas fuertes de Fitom y Ramesés y reconstruyeron todo el muro y contramuro que había caído en la ciudad de Egipto. 15 Los esclavizaban violentamente; pero cuanto más los humillaban, más aumentaban y se multiplicaban. 16 Y los egipcios consideraban inmundos a los hijos de Israel.

Nacimiento y ¡uventud de Moisés
47 1 En el séptimo septenario, año séptimo, del jubileo cuadragésimo séptimo llegó tu padre de la tierra de Canaán. Tú naciste en el cuarto septenario, año sexto, del jubileo cuadragésimo octavo, días que fueron de tribulación para los hijos de Israel. 2 El rey de Egipto, el faraón, había
dado una orden contra ellos de que arrojasen al río a los hijos varones.
3 Los estuvieron tirando siete meses, hasta el día en que naciste y te escondió tu madre tres meses; pero murmuraron de ella. 4 Entonces te hizo un arca y la untó de brea y asfalto. La dejó entre las hierbas de la orilla del río y te puso en ella durante siete días: por la noche iba ella a amamantarte, y de día tu hermana María te preservaba de las aves. 5 En aquellos días llegó Termot, hija del faraón, a bañarse en el río. Oyó tu llanto y dijo a su muchacha que te trajera. Así lo hizo: 6 te sacó del arca y tuvo piedad de ti. 7 Le dijo tu hermana:
-¿Vaya llamarte a alguna hebrea que te críe y amamante este niño?
Le respondió:
-Ve.
8 Fue y llamó a tu madre, Jocábed, a la que puso sueldo para que te criara. 9 Luego que creciste, te enviaron a la hija del faraón, y fuiste su hijo. Tu padre, Amrán, te enseñó a escribir y, cuando cumpliste tres septenarios, te llevaron a la corte real. 10 Estuviste en la corte tres septenarios,
hasta el momento en que, saliendo de ella, viste a un egipcio que golpeaba a un compañero tuyo, hijo de Israel, lo mataste y lo ocultaste en la arena. 11 Al día siguiente encontraste a dos israelitas que peleaban, y dijiste al que incurría en violencia:
-¿Por qué pegas a tu hermano?
12 Se enojó muchísimo y respondió:
-¿Quién te ha erigido en señor y juez entre nosotros? ¿O es que quieres matarme como mataste ayer al egipcio?
Te asaltó el temor y huiste a causa de estas palabras.

Moisés vuelve a Egipto
48 1 En el año sexto del tercer septenario del jubileo cuadragésimo noveno fuiste a morar a la tierra de Madián durante cinco septenarios y un año. Volviste a Egipto en el segundo septenario, año segundo, del jubileo quincuagésimo. 2 Tú sabes lo que Dios te habló en el monte Sinaí y lo que quiso hacer contigo el príncipe Mastema, cuando volvías a Egipto, en el camino, donde lo encontraste en la posada. 3 ¿No quiso matarte con toda su fuerza y salvar a los egipcios de tu mano, cuando vio que habías sido enviado a hacer justicia y tomar venganza de ellos? 4 Pero te salvé de su mano, y en Egipto hiciste las señales y prodigios contra el faraón, su casa, sus siervos y su pueblo, para los que fuiste enviado.

Las diez plagas
5 El Señor tomó de ellos gran venganza por Israel. Los hirió con sangre, ranas, mosquitos, tábanos y llagas malignas supurantes, y a sus animales con muerte. Lanzó pedrisco, con el que destruyó todo brote; con langosta, que devoró el resto que dejó el granizo; con tinieblas y con la muerte de los primogénitos de hombres y animales; en todos. sus. dioses tomó el Señor venganza, quemándolos con fuego. Todo fue dirigido por tu mano para que pudieras anunciarlos antes de que se cumpliera hablando con el rey de Egipto ante todos sus oficiales y su pueblo. 7 Todo ocurrió según tu palabra: diez grandes y malignas plagas alcanzaron toda la tierra de Egipto para cumplir con ellas la venganza de Israel. 8 El Señor hizo todo por Israel, según la norma que había pactado con Abrahán, de vengarse de ellos por haberlos esclavizado con violencia. 9 El príncipe Mastema resistía ante ti y quería hacerte caer en manos del faraón. Ayudaba en los encantamientos que los egipcios hacían comparándose contigo. 10 Les permitimos cometer maldad, pero no les toleramos que se hiciera medicina por sus manos; 11 el Señor los hirió con llagas malignas, y no pudieron combatirlas, pues les vedamos obrar un solo prodigio.

El diablo incita a los egipcios. Su derrota
12 El príncipe Mastema quedó confundido en todas las señales y prodigios. Cuando arreció gritando a los egipcios que te persiguieran con toda la potencia de Egipto, con sus carros y caballos y con toda la multitud de los pueblos de Egipto, 13 me interpuse entre ellos e Israel. Libramos entonces a éste de sus manos y de las de su pueblo, y el Señor los sacó por entre el mar como por lo seco. 14 A todo el pueblo que había salido a perseguir a Israel lo arrojó el Señor, nuestro Dios, en el mar, en las profundidades del abismo, bajo los hijos de Israel, al modo como los egipcios habían arrojado a sus hijos al río. En un millón se vengó, y mil paladines esforzados perecieron por cada infante de los hijos de tu pueblo arrojado al río.
15 Los días catorce, quince, dieciséis, diecisiete y dieciocho estuvo el príncipe Mastema atado y encerrado, lejos de los hijos de Israel, para que no pudiera calumniarlos. 16 El día diecinueve los soltamos para que ayudaran a los egipcios y persiguieran a los israelitas: 17 endureció sus corazones y los fortaleció. Pero el Señor, nuestro Dios, lo concibió así para golpear a los egipcios y arrojarlos al mar. 18 Y el catorce lo atamos, para que no calumniase a los hijos de Israel el día en que iban a pedir a los egipcios enseres Y vestidos, objetos de plata, oro y bronce, para despojar a los egipcios por la esclavitud que violentamente les habían impuesto, pues no sacamos a los hijos de Israel de Egipto desnudos.

La Pascua. Prescripciones para su celebración
49 1 Recuerda el mandato que te ha dado el Señor acerca de la Pascua.
Celébrala en su momento, el catorce del primer mes, sacrificando antes del atardecer y comiendo de noche, al atardecer del quince, desde el momento en que se pone el sol. 2 Porque en esa noche -principio de la festividad y del regocijo- vosotros os sentabais a comer la pascua en Egipto, y las fuerzas del príncipe Mastema habían sido enviadas a matar a todos los primogénitos en la tierra egipcia, desde el del faraón hasta el de la esclava cautiva que está en el molino, así como de los animales.
3 Esta es la señal que les dio el Señor: en toda casa en cuya puerta vean sangre de cordero añal no entren a matar, sino pasen de largo, para que se salven todos los que estén en la casa, pues la señal de sangre está a la puerta.
4 Las fuerzas del Señor hicieron cuanto él les ordenó, pasando de largo a todos los hijos de Israel, sin alcanzarles la, plaga de la destrucción de toda vida de animal persona o perro. 5 Grandísima fue la plaga en Egipto no habiendo casa donde no hubiera muerto, llanto y griterío. 6 Mientras
tanto todo Israel estaba comiendo carne de pascua, bebiendo vino y alabando, bendiciendo y loando al Señor, Dios de sus padres, dispuesto a salir del yugo de Egipto y de la mala esclavitud.
7 Recuerda tú esta jornada todos los días de tu vida, celébrala cada año toda tu vida, una vez al año en su día, según su ley, sin retrasar un día de su fecha, ni de mes a mes. 8 Pues es norma eterna, grabada en las tablas celestiales para todos los hijos de Israel, que la celebración cada año en su día, una vez al año, en todas sus generaciones sin límite, pues esta fijada para siempre. 9 El hombre que, estando puro, no vaya a celebrarla en el momento de su fecha, llevando ofrenda grata al Señor, comiendo y bebiendo ante él en el día de su festividad, ese hombre, puro y próximo, será exterminado porque no ofreció la ofrenda del Señor en su momento: ese hombre llevará sobre sí su pecado.
10 Vayan los hijos de Israel a celebrar la pascua en el día de su fecha, el catorce del primer mes, en vísperas: desde la hora tercera del día a la hora tercera de la noche, pues dos partes han sido dadas al día y un tercio a la tarde. 11 Esto es lo que el Señor te ha mandado hacer en la tarde:
12 No haya sacrificio en ninguna hora de luz antes del momento límite de la tarde, y coman en hora vespertina hasta la hora tercera de la noche. Lo que sobre de la carne después de la hora tercera de la noche, quémenlo allí mismo al fuego. 13 No se cueza con agua, ni se coma cosa cruda, sino asada al fuego. Cómanla deprisa, asen la cabeza con sus partes interiores y con pies: no haya fractura de ningún hueso, pues no se quebrará ningún hueso de los hijos de Israel 14 Por eso ordenó el Señor a los hijos de Israel que celebraran la pascua en el día de su fecha. No habrá quebradura de ningún hueso, pues es día fijo de fiesta y no cabe retrasarlo de día a día o de mes a mes, sino que se celebrará en el día de su festividad.
15 Ordena tú a los hijos de Israel que celebren la pascua en su día cada año, una vez al año, el día de su fecha. Será como un recordatorio grato al Señor, y no les alcanzará azote mortal ni golpe en ese año, si celebran la pascua en su momento, todo según su mandamiento. 16 No se comerá fuera del templo del Señor, sino frente a él, y todo el pueblo de la comunidad de Israel la celebrará a su tiempo. 17 Todo hombre que llegue en su día, cómala en el templo de nuestro Dios, ante el Señor, desde los veinte años en adelante, pues así se ha escrito y establecido que la coman en el templo del Señor. 18 Cuando entren los hijos de Israel al país del que tomarán posesión, la tierra de Canaán, y planten el tabernáculo del Señor en la tierra de una de sus tribus, vengan a celebrar la pascua en el tabernáculo del Señor hasta que se construya su templo, y a sacrificarla ante el Señor de año en año. 19 Pero cuando esté ya construido el templo en nombre del Señor,
en la tierra de su herencia, irán allí y degollarán la víctima pascual por la tarde, al ponerse el sol, a la hora tercera del día. 20 Ofrecerán su sangre en la base del altar y pondrán la grasa al fuego sobre el altar; comerán la carne asada al fuego en el atrio de la casa consagrada, en el nombre
del Señor. 21 No podrán celebrar la pascua en sus ciudades, ni por todas las tierras, sino ante el tabernáculo del Señor y ante su casa en la que mora su nombre: no yerren separándose del Señor.
22 Tú, Moisés, ordena a los hijos de Israel que guarden la norma de la pascua. Como te fue ordenado, señálales ese día, la festividad de los ázimos, cada año, para que coman los ázimos durante siete días, al celebrar esta festividad. Que hagan su ofrenda cada día las siete jornadas de regocijo ante el Señor, en el altar de vuestro Dios. 23 Esta fiesta la celebrasteis con precipitación cuando salíais de Egipto, en el camino hasta el desierto de Sur, pues a la orilla del mar la completasteis.

Leyes sobre los jubileos y el sábado
50 1 Después de esta ley, te di a conocer los sábados en el desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí 2 También te indiqué en el monte Sinaí los sábados de la tierra, y asimismo los años de jubileo en las semanas de años, pero no te he indicado el año, hasta que entréis en la tierra de la
que tomaréis posesión. 3 También la tierra tendrá sus sábados, cuando moréis en ella, y conocerá el año de jubileo. 4 Por eso te he establecido septenarios, años y jubileos. Cuarenta y nueve jubileos desde los días de Adán hasta este día, un septenario y dos años, y aún tienen cuarenta años para conocer las órdenes del Señor antes de pasar a la otra orilla de la tierra de Canaán, cruzando el Jordán hacia occidente. 5 Pasarán jubileos hasta que se purifique Israel de toda culpa de fornicación, impureza, abominación, pecado y error, y habite todo el país en seguridad, sin que tenga ningún demonio ni mal, y se purifique la tierra desde entonces hasta siempre.
6 He aquí que te he escrito el mandamiento del sábado y todas las normas de sus leyes. 7 Durante seis días trabajarás, y en el séptimo, día de sábado del Señor nuestro Dios, no haréis ningún trabajo vosotros, ni vuestros hijos, siervos, siervas, ni ninguno de vuestros animales, ni el extranjero que esté con vosotros. 8 Muera el hombre que haga cualquier trabajo en él, el hombre que profane este día, el que yazca con mujer, el que ordene que se haga alguna cosa en él después de amanecer acerca de venta o compra, el que saque agua que no haya sido preparada el viernes, el que levante cualquier cosa para sacarla de su tabernáculo o casa: muera. 9 No hagáis en sábado ningún trabajo, sino lo que se haya preparado el viernes.
Comed, bebed, descansad y reposad de todo trabajo en este día, bendiciendo al Señor, nuestro Dios, que os concedió perpetuamente día de festividad, día santo y día de santo reinado para todo Israel. 10 Gran honor es el que dio el Señor a Israel: comer, beber y quedar saciados en este día de fiesta y descanso de todo trabajo para el género humano, salvo exhalar aroma y ofrecer hostia y sacrificio ante el Señor de los días y los sábados. 11 Sólo esto puede hacerse en sábado, en el templo del Señor, nuestro Dios, como expiación por Israel en ofrenda sempiterna, día a día, como recordatorio grato al Señor que les será aceptado eternamente, día tras día, según te fue ordenado. 12 Todo hombre que haga trabajo en él, ande camino, cultive campo, tanto en su casa como en cualquier lugar, encienda fuego, cabalgue en cualquier animal, viaje en barca, hiera o mate cualquier ser, degüelle animal o ave, o capture bestia, ave o pez, el que ayune, el que haga guerra en sábado, 13 todo hombre que hiciere cualquiera de estas cosas en sábado, muera. Así guardarán los hijos de Israel el sábado según los mandamientos de los sábados de la tierra, como está escrito en las tablas que puso él en mis manos para que te escribiera las leyes, momento por momento, según la distribución de sus días.
Aquí terminan las palabras de la distribución de días.


APENDICE
FRAGMENTOS HEBREOS

INTRODUCCION
Los textos hebreos conservados pertenecientes al libro de los jubileos son extraordinariamente fragmentarios. La mayor parte de ellos ha aparecido en las cuevas 1, 2, .3 Y 11 de Qurnrán. Su identificación ha reforzado la opinión que defiende la existencia de un original hebreo de la obra.
Ofrecemos aquí la traducción de dos pequeños documentos que recogen algunas citas o pasajes paralelos del libro de los Jubileos.
El primero es un fragmento del libro de Noé. La mitad del mismo repite las ideas de Jub 7,1; 10,1.2.8-14.
El segundo es el Midras Wayyisau, en este caso se recogen textos de Jub .37,14.17; 38,2-3.5-10.12-25.


LIBRO DE NOE

Este es el libro de los remedios que copiaron los sabios antiguos a partir del libro de Sem, hijo de Noé, que había sido entregado a Noé en Lubar, el monte de la región de Ararat, después del diluvio.
Por aquel tiempo comenzaron los espíritus bastardos a provocar a los hijos de Noé, a burlarse, ofender, engañar y herir con enfermedades, dolores y toda clase de plagas de asesinos y exterminadores de seres humanos.
Vinieron a una todos los hijos de Noé y sus hijos y relataron sus desgracias a Noé, su padre, y le informaron de las circunstancias dolorosas vistas por sus hijos. Noé se espantó cuando supo que por culpa del hombre y por su conducta pecaminosa eran afligidos con toda clase de enfermedades y dolencias, y santificó a sus hijos y a los hijos de su casa y a toda su casa. Se acercó al altar y ofreció holocaustos y suplicó a Dios y le rogó.
Y Dios envió del lugar de los santos a uno de los ángeles de la Presencia, cuyo nombre era Rafael, para acabar con los espíritus bastardos de debajo de los cielos, para que no se exterminara ya a los hijos del hombre.
Así lo hizo el ángel y los encadenó en el lugar de condenación. Sólo una décima parte (de los espíritus bastardos) quedó para vagar por la tierra delante del príncipe Mastema (1), para oprimir (a los hombres) por medio de malhechores y golpearlos y devolverles toda clase de dolencia y enfermedad y para producir dolores. Pero el ángel comunicó los remedios para las calamidades de los seres humanos y todo tipo de medicinas para curar por medio de los árboles de la tierra y los vegetales del suelo y las raíces.
y envió Dios al resto de los jefes de los espíritus para mostrar a Noé e informarle de los árboles medicinales con todas sus hierbas, sus plantas, sus raíces y sus semillas y del fin para que fueron creados y para enseñarle todo lo referente a sus medicamentos para la curación y la vida.
y Noé escribió estas cosas en un libro que entregó a Sem, su hijo mayor, y de aquel libro copiaron los sabios antiguos y escribieron muchos libros, cada uno en su lengua...
Los sabios de Macedonia comenzaron los primeros a curar en la tierra, y los sabios de Egipto fueron los primeros en hacer conjuros y adivinaciones por medio de las constelaciones y de las estrellas y en aprender el libro de la ciencia de los caldeos, que copió Qengar ben Ur ben Kesed, referente a todas las acciones de los adivinos.

(1) Mastema: O Mastemah (Os 9,7-8), sustantivo de la raíz stm, «odiar, enemistarse»; está emparentado con stn, «Satán, demonio». Aparece aquí personificando al
jefe de los ángeles caídos.


MIDRAS WAYYISAU

Está escrito: Y se marchó a un país lejos de la presencia de Jacob, su hermano , por causa del compromiso de venta, y hay quien dice (que se fue) por causa de la vergüenza a la que se refieren nuestros rabinos; lo cierto es que se dirigió todo Esaú lejos de la presencia de Jacob y se marchó.
No es que se apartara el odio de su corazón, sino que su ira se revolvió todavía más y conservó por siempre su pecado. A pesar de que en aquel momento se marchó, más tarde vino a guerrear
contra él. Fue el año en que Lía murió. Jacob y sus hijos se encontraban en el duelo por ella y sus otros hijos los consolaban. Vino (Esaú) contra ellos con un gran ejército de hombres preparados para la guerra equipados con coraza de hierro y de bronce, y todos ellos armados con escudos, arcos y dardos. Eran cuatro mil guerreros que rodearon una torre donde estaban acampados Jacob y sus hijos y sus criados con sus hijos y con todas sus pertenencias, pues se habían reunido todos allí para consolar a Jacob en el luto por Lía.
Reposaban allí con tranquilidad, y no se les ocurrió pensar que pudiera venir contra ellos nadie para combatirlos, y no se dieron cuenta hasta tanto que llegó todo el ejército a aquella torre. Sólo estaban allí Jacob y sus hijos y doscientos siervos suyos.
Cuando Jacob vio que Esaú se insolentaba viniendo contra él en son de guerra con la intención de matarlos en el interior de la torre, y que lanzaba contra ellos dardos, se puso en pie sobre la muralla de la torre y comenzó a hablar con su hermano Esaú palabras de paz, de amistad v fraternidad; pero Esaú no las aceptó. .
Al punto dijo Judá a Jacob, su padre: «¿Hasta cuándo vas a prolongar con él las palabras buenas y cariñosas, mientras que él viene contra nosotros como enemigo vestido de coraza para matarnos?».
Tan pronto como Jacob oyó esto tensó su arco y mató a Adoram , el edomita, y volvió a tensar su arco e hirió a Esaú en el peto derecho quien se debilitó a causa de la flecha. Lo levantaron sus hijos y lo condujeron en carro hasta la ciudad y allí murió, en Arudín . Pero hay quien dice que no murió allí.
Entonces salió Judá en primer lugar y Neftalí y Gad con él por el flanco sur de la torre y con ellos cincuenta siervos de los de su padre, Jacob. Leví, Dan y Aser salieron hacia el este de la torre y cincuenta siervos con ellos. Salieron Rubén, Isacar y Zabulón hacia el flanco norte de la torre
y con ellos cincuenta siervos. Simeón, Benjamín y Hanok ben Rubén salieron hacia el oeste de la torre y con ellos cincuenta siervos. José no estaba allí porque ya había sido vendido.
Entonces se fortaleció Judá para la guerra. El, Neftalí y Gad se introdujeron en el ejército y lo empujaron hacia la fortaleza de hierro, y recibieron en sus escudos los cascotes que lanzaban contra ellos. Hasta el sol se oscureció sobre ellos por las piedras lanzadas y las flechas disparadas y las catapultas que lanzaban contra ellos.
Judá se introdujo el primero en medio del ejército y mató a seis guerreros. Neftalí y Gad fueron con él, uno a la derecha y otro a la izquierda, mientras lo guardaban para que no lo matara el ejército. También ellos mataron a cuatro guerreros, dos cada uno, y los cincuenta siervos que estaban con ellos les ayudaron y se aprestaron a combatir, y mató cada uno un hombre, un total de cincuenta guerreros.
Y, a pesar de esto, no consiguieron Judá, Neftalí y Gad expulsar al ejército del flanco sur de la torre ni alejarlos de donde estaban. Entonces se reforzaron para el combate y se reunieron todos ellos y combatieron, y cada uno mató un hombre. A pesar de todo no los obligaron a huir del
lugar que ocupaban, sino que se mantuvo el ejército frente a ellos, dispuesto para la batalla en sus posiciones. Se confortaron entonces Judá y sus hermanos y sus siervos, se apiñaron y combatieron contra ellos, y cada uno mató dos hombres del ejército. Pero comprendió Judá que, si medían al ejército quedándose donde estaban, no conseguirían alejarlos, se armaron de valor y de resolución para avergonzarlo. Judá, Neftalí y Gad se esforzaron a una y se introdujeron entre los guerreros. Judá mató a diez de ellos, y Neftalí y Gad mataron a ocho guerreros.
Cuando vieron los siervos que Judá y sus hermanos se esforzaban y que se habían introducido en el mismísimo centro de la batalla, se esforzaron también ellos para estar a su lado combatiendo. Judá hirió a su derecha y a su izquierda cien guerreros, y Neftalí y Gad los iban matando tras él, hasta que expulsaron a todo el ejército del flanco sur de la torre, aproximadamente la medida de un estadio.
Al ver el ejército que estaba frente a Judá que se desmoronaba ante Judá y sus hermanos, se asustó y reagrupó todas sus fuerzas para la lucha y preparó la batalla contra Judá y sus hermanos y se aseguró en sus posiciones para combatir contra ellos con gritos de guerra. Tanto Leví y los que con él estaban, Rubén y los suyos, y Simeón y los que le acompañaban, como los que estaban frente a ellos, tomaron posiciones para la batalla y se entregaron de corazón a luchar con gran fuerza.
Cuando vio Judá que todo el ejército se reforzaba y se agrupaba aprestándose para la lucha, que tomaban un solo camino para combatir contra ellos y que se aseguraban en sus posiciones preparando la batalla levantó sus ojos al Santo, bendito sea, para que les ayudara cuando estuvieran cansados por la dureza de la batalla y para que no pudieran vencerlos.
Aceptó entonces el Santo, bendito sea, la súplica y se fijó en su angustia y los ayudó. Hizo salir de sus reservas un viento tempestuoso que sopló frente a ellos y llenó sus ojos de oscuridad y de tiniebla, de forma que no veían para combatir. Pero los ojos de Judá y sus hermanos estaban daros porque el viento venía por detrás de ellos. Comenzaron Judá y sus hermanos a matarlos, e Iban cayendo los muertos en tierra tal como tira el segador la mies y las gavillas de su recolección. Se formaron montones, porque mataron a todo el ejército que venía hacia ellos por el flanco sur de la torre.
Rubén y Simeón, y Leví con ellos, se aprestaron a la batalla al encuentro del ejército que estaba ante ellos. Judá y sus hermanos, después que mataron a todos los soldados que estaban por su lado, se dirigieron hacia sus otros hermanos para ayudarlos. El viento tempestuoso llenó de
tinieblas los ojos de sus enemigos.
Rubén, Simeón, Leví y todos los que los acompañaban cayeron sobre ellos y los mataron y derribaron en tierra montones y montones, hasta que mataron a todos los soldados que había frente a Judá. Rubén y Leví, que estaban delante de Simeon, mataron cuatrocientos guerreros avezados a guerrear, y los seiscientos restantes huyeron junto con los cuatro hijos de Esaú: Reuel, Yeus, Yalam y Qorah. Elifaz no corrió huyendo con ellos, porque Jacob, nuestro padre, era su señor.
Siguieron los hijos de Jacob tras ellos hasta Arudín, y dejaron a su padre Esaú muerto, tendido en Arudín. Ellos huyeron a la montaña de Seír, al alto de los escorpiones. Los hijos de Jacob entraron y descansaron allí aquella noche y encontraron a Esaú muerto, tendido, y lo enterraron por respeto a su padre. Hay quien dice que Esaú no murió allí, sino que salió de Arudín herido y huyó con sus hijos a la montaña de Seír.
Al día siguiente despojaron sus cadáveres los hijos de Jacob y los persiguieron y los cercaron en la montaña de Seír, en el alto de los escorpiones.
Salieron los hijos de Esaú y todos aquellos hombres que habían huido y, cayendo ante los hijos de Jacob, se prosternaron ante ellos y les suplicaron hasta que les concedieron la paz. Y les impusieron un tributo de sumisión.