"No hay decisiones buenas y malas, solo hay decisiones y somos esclavos de ellas." (Ntros.Ant.)

viernes, 25 de septiembre de 2009

MITOLOGIA: - BACO, UN DIOS ENLOQUECIDO -

MITOLOGIA

Baco, un dios en
loquecido


Ni el disfraz de ropas femeninas que la bondadosa Ino le compuso, pudo engañar la furia de Hera (Juno). A cada paso, la esposa de Zeus tendía emboscadas a Dionisio. Pero el joven dios conseguía escapar de todas ellas. Hasta que un día, cansada de perseguirlo, Hera decidió utilizar su recurso más poderoso, y enloqueció al hijo de Semele, su rival, haciéndolo errar por gran parte del mundo. Dionisio erró durante largo tiempo por las tierras de Asia y de África, acompañado de las Méndades y los Sátiros.
Como primera dirección, elegida al caso, fue a dar en Egipto, donde el rey Proteo lo acogió gentilmente en su palacio. En agradecimiento por la hospitalidad real, el dios enseñó a Proteo a cultivar la vid y fabricar el vino.
Más tarde, cuando hubo visto que el discípulo había aprendido sus lecciones, partió de nuevo rumbo al Este, hacia la India. A la orilla del río Eufrates, el soberano de Damasco intentó detener su partida. Pero Dionisio, empleando la hiedra y ramas de vid, construyo un puente y cruzó las aguas.
Por todas partes donde pasaba, iba enseñando a los hombres el cultivo de la vid y la elaboración del vino.
Un día, tal vez fatigado de tan extensas peregrinaciones, decidió volver a Grecia. Compadecida de su locura y de los desbordes de su nieto en tierras lejanas, su abuela Rea lo purificó y le devolvió la sensatez. Después de esto Dionisio volvió a partir, pero esta vez para instaurar su culto en las tierras griegas.
Grandes dificultades lo esperaban. Al penetrar en Tracia, el rey Licurgo prendió a todo el alegre cortejo. El dios logró escapar y se fue a refugiar en el fondo del mar, en la gruta donde moraba Tetis, la bella nereida.
Desde lejos, Rea asistía a todo, y resolvió castigar con la locura la actitud de Licurgo. Completamente trastornado, el soberano ordenó a sus soldados que cortasen todas las parras de Tracia; él mismo tomó un hacha y, presa de furia incontrolable, salió a herir las plantas. Así mató a su propio hijo, Drías, que sus ojos enloquecidos tomaron por una vid.
Horrorizadas por el crimen, las tierras de Tracia se tornaron estériles. La población despavorida suplicó piedad al Olimpo. En ese momento, Dionisio dejó su refugio marino y se apareció ante la multitud, explicándoles que la infertilidad del suelo duraría hasta que Licurgo fuese muerto y él mismo adorado en todo el país. Apresado por el pueblo, el rey encontró la muerte en forma violenta, bajo las patas y entre los dientes de los caballos salvajes, y Tracia entonces se salvó.

No hay comentarios:

Publicar un comentario