"No hay decisiones buenas y malas, solo hay decisiones y somos esclavos de ellas." (Ntros.Ant.)

domingo, 20 de marzo de 2011

MITOLOGIA -GLAUCO, ESCILA Y CIRCE-


MITOLOGIA
Glauco se convierte en un dios marino

Con sus encantos –de hechicera o de bella diosa- Hécate conquistó el amor de Forcis, el tercer viejo del mar. De la aventura nació una ninfa: Escila.Vivía esta en los ríos, insistentemente cortejada por dioses y mortales, faunos y héroes, deslumbrados por su hermosura. Pero Escila no dispensaba sus afectos a ninguno.
Para escapar a la persecución de tantos enamorados, la ninfa decidió vivir en el mar, entre las Nereidas. Sin embargo, ni siquiera huyendo consiguió encontrar la paz.
Glauco, un dios marino cuya extraña figura infundía a todos gran temor, vio cierta vez a la bella Escila nadando. La imagen de aquel cuerpo desnudo e inocente, ágil y feliz, le trastornó el alma. Se enamoró de ella.
La ninfa también lo vio. Pero lo único que sintió fue pavor, pues el cuerpo de Glauco era monstruoso: parte de hombre, parte de pez.
Sin embargo, él no había nacido así. Antes era un dedicado pescador, que amaba de tal forma a los peces que se estremecía de tristeza al pescarlos. De no ser ese su único medio de vida, hubiera dejado que los animales marinos vivieran tranquilos.
Un día, mientras pescaba, advirtió que los peces que iba colocando a su lado sobre el pasto comenzaban a volver mágicamente al mar.
No entendiendo el misterio, decidió averiguar la extraña conducta de los animales. Y finalmente comprendió: un dios misterioso los llamaba desde las aguas; un llamado irresistible que debía provenir de la ingestión de las matas que crecían a la vera del mar.
Glauco resolvió entonces comer un poco de ese pasto, para ver si también el alcanzaba a oír el mágico llamado.
Y así ocurrió. En cuanto tragó algunos puñados de esas plantas, fue poseído por una furiosa atracción hacia las aguas.
Los seres del mar lo acogieron cariñosamente. Océano y Tetis comprendieron que Glauco quería vivir lambien en su reino, lo adormecieron y, durante el sueño, lo transformaron en un dios marino.
Al despertar, el antiguo pescador se sorprendió: “Fue entonces cuando me vi por primera vez con esa barba verde, esta cabellera con la cual barro la superficie de las olas, estos anchos hombros, estos brazos azulados, estas piernas curvadas que terminan en natatorias, como los peces”. (Glauco significa, en griego, color turquesa brillante).
La nueva forma, sin embargo no le desagradó. Ya que le permitía vivir feliz entre las criatura marinas que tanto amaba. Ya no necesitaba matarlas para mantenerse.
Solamente cuando se encontró con la hermosura de Escila tomó conciencia de que su extraño aspecto realmente podría cerrarle el camino del amor y la felicidad.


Escila huye del amor de Glauco

Despavorida por la súbita presencia de Glauco, la bella Escila prepárase a esconderse; en las aguas, en las rocas, en las cavernas submarinas.
Pero el amor del pobre dios era definitivo. Desesperado,se lanzó a perseguir a la ninfa, implorando, con gritos y llantos convulsivos, que le concediera un poco de atención.
Impasible ante las súplicas, Escila continúa su fuga. Tiene como objetivo esconderse en un lugar tan secreto e inaccesible que jamás el feo Glauco consiga encontrarla.
Después de inútiles búsquedas, el dios de vio obligado a reconocer su derrota. Solamente algún poder superior le permitiría conquistar el afecto de la hermosa ninfa. Un poder como el de Circe, la hechicera.
Abatido y torturado, Glauco se dirige hacia la isla de Ea, donde vivía la maga, y, entre suspiros y lágrimas, le ruega que lo ayude a conquistar a la amada ninfa.
Circe promete ocuparse. Sin embargo, termina por enamorarse del feo dios. No le importa su aspecto: la fascina la riqueza de los sentimientos de Glauco.
Se reinicia la misma dolorosa peregrinación. Tras el rastro de su amado, Circe se pone a recorrer los mares sin descanso.
Cuando, por fin, se da cuenta de que sus encantos de mujer resultan insuficientes, recurre a sus poderes de hechicera. A su habilidad en transformar a las personas en monstruos.
Y decide hacer de Escila una criatura tan horrenda y repulsiva que todo el amor de Glauco se cambie en rechazo.
Sin ser vista, la maga derrama veneno en las aguas de una fuente donde la ninfa acostumbra bañarse. Después vuelve a Ea y, ansiosa, espera el resultado.
Escila se zambulle en las aguas hechizadas. El hermoso y esbelto cuerpo comienza a transformarse. Monstruos horrorosos surgen a su alrededor, con ensordecedores alaridos. La ninfa, amedrentada, procura huir. Pero ellos están siempre a su lado. Entonces Escila descubre la verdad: los monstruos son parte de ella misma. Nacen de su cuerpo.
Desesperada, corre al encuentro de Glauco y en sus brazos llora largamente. El también lamenta la belleza perdida, pero rechaza el permanecer junto a la antigua ninfa. Serían infelices ambos.
Escila se retira. Va a vivir en estrecho de Sicilia, aterrorizando a los mortales que antes la cortejaban por su extraordinaria belleza.
En la isla de Ea, Circe espera inútilmente el retorno de Glauco. Indignado por su traición y su crueldad. Y sigue llenando su existencia con el recuerdo de la bella y dulce ninfa, una víctima de los celos de Circe.


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