"No hay decisiones buenas y malas, solo hay decisiones y somos esclavos de ellas." (Ntros.Ant.)

viernes, 9 de julio de 2010

EL LIBRO DE LOS JUBILEOS -Parte IV de IV-

LIBRO
DE LOS JUBILEOS (Parte IV de IV)
Traducción de la versión etiópica

-Caps. XXXVII al L-

Apéndice: Fragmentos Hebreos

(Libro de Noé y Midras Wayyisau)


Esaú guerrea contra J acob
37 I El día en que murió Isaac, padre de Jacob y Esaú, oyeron los hijos de éste que Isaac había otorgado la primogenitura a su hijo menor, Jacob, y se enojaron mucho. 2 Discutieron con su padre y le dijeron:
-¿Para qué eres el mayor y Jacob el menor? Tu padre ha otorgado la primogenitura a Jacob y te ha abandonado a ti.
3 Les respondió Esaú:
-Yo vendí mi primogenitura a Jacob por un simple plato de lentejas. El día en que mi padre me mandó cazarle una presa para que comiera y me bendijese, llegó él con astucia, llevó a mi padre comida y bebida, y mi padre lo bendijo, poniéndome a mí bajo su mano. 4 Y ahora nuestro padre
nos ha hecho jurar a ambos que no nos procuraremos mal el uno al otro, que nos mantendremos en paz y amor mutuamente y no arruinaremos nuestros caminos.
5 Le respondieron:
-No te obedeceremos en lo de hacer la paz con él, pues nuestra fuerza es mayor que la suya. Somos más fuertes que él, iremos contra él, lo mataremos y haremos perecer a sus hijos. Y si no vienes con nosotros, te ultrajaremos. 6 Oyenos, pues: enviemos recado a Aram, a los filisteos, a Moab y Amón; escojámonos hombres selectos, ardorosos en el combate, y vayamos contra él, a luchar con él y extirparlo de la tierra, antes de que adquiera fuerza.
7 Les replicó:
-No vayáis, no le hagáis guerra, no caigáis ante él.
8 Respondieron:
-Esto es lo único que has hecho desde tu juventud hasta ahora: poner el cuello bajo el yugo, pero nosotros no obedeceremos estas órdenes.
9 Enviaron recado a Aram, a Adoram, amigo de su padre, y se alistaron a sueldo con ellos mil guerreros, hombres escogidos de combate.
10 Les llegaron, de Moab y los hijos de Amón, mil mercenarios escogidos; de los filisteos, mil combatientes selectos; de Edom y de los carios, mil combatientes escogidos, y de los heteos, recios hombres de combate. 11 Le instaban a su padre:
-Sal con ellos y guíalos; si no, te mataremos.
12 Entonces se llenó de ira e indignación, al ver que sus hijos lo obligaban a ir delante, guiándolos contra su hermano Jacob. 13 Pero recordó entonces todo el mal que estaba oculto en su corazón contra su hermano Jacob y no se acordó del juramento que había hecho a su padre y su madre de no procurar nunca ningún mal a Jacob, su hermano. 14 Este, entre tanto, no sabía que iban contra él a combatirle, sino que hacía duelo por su mujer, Lía, hasta que se acercaron a la torre con cuatro mil combatientes y guerreros escogidos. 15 Los hombres de Hebrón habían mandado
decirle: «Tu hermano ha venido contra ti a combatirte con cuatro mil hombres que ciñen espada y llevan escudo y armas», pues preferían Jacob a Esaú; por eso se lo dijeron, porque era hombre más generoso y clemente que Esaú. 16 Pero Jacob no lo creyó hasta que se acercaron junto a la torre.

Reprensión de Jacob a Esaú
17 Entonces cerró las puertas de la torre, se subió a su parte alta y habló así con su hermano Esaú:
-¡Buen consuelo has venido a traerme por mi mujer que ha muerto!
¿Es éste el juramento que hiciste a tu padre y a tu madre por dos veces antes de que murieran? Has transgredido el juramento y, en el momento en que juraste a tu padre, te condenaste.
18 Respondió entonces Esaú:
-Ni los hijos de los hombres ni las bestias del campo tienen juramentos verdaderos, que sean eternos una vez hechos: a diario se procuran mal unos a otros para matar cada uno a su enemigo y adversario. 19 Tú me odias a mí y a mis hijos perpetuamente, y no cabe hacer hermandad
contigo. 20 Oye estas palabras que te digo: cuando el puerco cambie su piel y sus cerdas, haciéndose suaves como la lana, cuando críe en su cabeza cuernos como los del ciervo y los carneros, entonces practicaré contigo la hermandad, pues desde que nos destetaron de nuestra madre no has sido mi hermano. 21 Cuando los lobos hagan paz con los corderos, no devorándolos
ni dañándolos, cuando pongan su corazón en hacerles bien, entonces habrá paz en mi corazón para ti. 22 Cuando el león se haga amigo del buey, sea uncido con él al mismo yugo, are con él y haga con él la paz, entonces la haré yo contigo. 23 Cuando los cuervos se hagan blancos como la cigüeña, sabrás entonces que te amo y haré contigo la paz. Que te erradiquen de la tierra a ti y a tus hijos: no tengas paz.
24 Cuando Jacob vio que lo quería mal de corazón y con toda su alma, que deseaba matarlo y que había venido palpitante como llega el jabalí a la lanza que lo punza y mata, pero sin apartarse de ella, ordenó a los suyosy a sus siervos que atacaran a Esaú y a todos sus compañeros.

Muerte de Esaú
38 1 Entonces habló Judá a su padre, Jacob:
-Tiende tu arco, padre, lanza tus flechas, hiere al enemigo, mata al adversario, y sea tuya la fuerza. Nosotros no podemos matar a tu hermano estando en tu casa y contigo, pues hemos de honrarlo.
2 Entonces Jacob tendió su arco, disparó una flecha, hirió a su hermano Esaú en la tetilla derecha y lo mató. 3 Volvió a disparar una flecha y alcanzó a Adoram, el arameo, en la tetilla izquierda y lo derribó muerto.
4 Entonces salieron los hijos de Jacob con sus siervos, en grupos, por los cuatro lados de la torre. 5 Judá salió por delante, por la parte sur de la torre, con Neftalí, Gad y cincuenta siervos, y mataron a cuantos hallaron ante ellos, sin que escapara uno solo. 6 Leví, Dan y Aser salieron por el lado oriental de la torre con cincuenta y mataron a los guerreros de Moab y Amón. 7 Rubén, Isacar y Zabulón salieron por la parte norte de la torre con cincuenta y mataron a los guerreros filisteos, 8 y Simeón, Benjamín y Henoc, hijo de Rubén, salieron por el lado occidental de la torre con cincuenta hombres. Mataron a cuatrocientos de los edomitas y carios, recios combatientes, huyendo seiscientos, entre ellos los cuatro hijos de Esaú, que abandonaron a su padre muerto, tal como había caído, en la colina que hay en Adoram.
9 Los hijos de Jacob los persiguieron hasta el monte Seír. Jacob enterró a su hermano en la colina que hay en Adoram y volvió a casa. 10 Sus hijos rodearon a los hijos de Esaú en el monte Seír y humillaron su cerviz hasta convertirlos en sus siervos. 11 Mandaron recado a su padre preguntando si hacian la paz con ellos o los mataban. 12 Jacob respondió a sus hijos que hicieran la paz, y la hicieron, colocando sobre ellos el yugo del servicio: darían tributo a Jacob y sus hijos perpetuamente. 13 Estuvieron pagando tributo a Jacob hasta el día en que bajó a Egipto: 14 hasta ese día los hijos de Edom no se sustrajeron al yugo de servicio que les habían impuesto los doce hijos de Jacob.

Caudillos de Edom
15 Estos son los reyes que reinaron en Edom, antes de que reinase rey entre los hijos de Israel: [hasta este día, en el país de Edom]. 16 Reinó en Edom Bela, hijo de Beor, el nombre de cuya ciudad es Denaba; 17 al morir Bela, reinó en su lugar Jobab, hijo de Zara, de Bosrá; 18 al morir
Jobab, reinó en su lugar Husam, del monte Temán; 19 al morir Husam, reinó en su lugar Adad, hijo de Badad, que mató a Madián en el campo de Moab, siendo el nombre de su ciudad Avit; 20 al morir Adad, reinó en su lugar Sem1a, de Masreca; 21 al morir Semla, reinó en su lugar Saúl de
Rohobot, del río; 22 al morir Saúl, reinó en su lugar Ba1anán, hijo de Acabar, 23 y al morir Ba1anán, reinó en su lugar Adad, cuya mujer se llamaba Metabeel, hija de Matred, hija de Mezaab. 24 Estos fueron los reyes que reinaron en la tierra de Edom.

José y Putifar
39 1 Jacob vivió en la tierra adoptiva de su padre, la tierra de Canaán.
2 Este es el linaje de Jacob. José tenía diecisiete años cuando lo llevaron a Egipto, y lo compró Putifar, eunuco del faraón y jefe de la guardia.
3 Este puso a José a cargo de toda su casa, y la bendición del Señor estaba en casa del egipcio a causa de José, pues el Señor hacía prosperar cuanto obraba. 4 El egipcio dejó todo en manos de José, pues vio que el Señor estaba con él y hacía prosperar todo lo que obraba.

La seductora
5 Era José de hermoso aspecto y muy apuesto, y la mujer de su señor puso los ojos en él. José le agradó y le pidió que yaciera con ella. 6 Pero él no se entregó, recordando al Señor y los mandamientos que recitaba su padre, Jacob, de entre los de Abrahán: «Si algún hombre fornica con mujer que tenga marido, tenga castigo capital, asignado en los cielos ante el Señor Altísimo, y regístresele el pecado perennemente ante el Señor en los libros eternos». 7 José recordó estas palabras y no quiso yacer con ella.
8 Ella le suplicó durante un año, pero él se negó a oírla. 9 Entonces lo agarró estrechándolo entre sus brazos en su casa para forzarlo a yacer con ella, cerrando las puertas de la casa y sujetándolo, pero él dejó el vestido en sus manos, rompió la puerta y huyó fuera.

José en la cárcel
10 Al ver aquella mujer que no yacía con ella, lo calumnió ante su señor:
-Tu siervo hebreo, al que amas, ha querido forzarme a yacer con él.
Cuando levanté la voz y lo sujeté, huyó dejando el vestido en mis manos y rompiendo la puerta.
11 El egipcio vio el vestido de José y la puerta rota y, creyendo a su mujer, arrojó a José a la prisión, el lugar donde estaban los presos de la cárcel real. 12 Allí estuvo en la cárcel, pero el Señor concedió gracia y clemencia a José ante el alcaide, pues vió que el Señor estaba con él y que hacía prosperar cuanto obraba. 13 Dejó todo en sus manos, sin que el alcaide tuvíera mas que ver con ello, porque José hacía todo y el Señor le otorgaba la perfección. 14 Allí permaneció dos años, en el curso de los cuales el faraón, rey de Egipto, se enojó contra dos de sus eunucos: el
copero mayor y el panadero mayor. Los arrojó a prisión, a la del alcaide donde estaba preso José. 15 Este fue encargado por el alcaide que los sirviera: él así lo hacía. 16 Tuvieron un sueño ambos, el copero mayor y el panadero mayor, y se lo contaron a José. 17 Y tal como se lo interpretó, así les ocurrió, pues el faraón restituyó al copero mayor a su puesto e hizo morir al panadero, como les había explicado José. 18 Pero el copero olvidó a José en la prisión, aunque le había hecho saber lo que le ocurriría, y no se acordó de contar al faraón cómo le había hablado José, pues se olvidó.

Los sueños del faraón
40 1 En aquellos días, el faraón tuvo dos sueños en una noche, acerca de un hambre que habría en todo el país. Al despertarse, convocó a todos los intérpretes de sueños que había en Egipto y a los encantadores y les contó sus dos sueños, pero no pudieron interpretarlos. 2 El copero se acordó entonces de José y habló de él al rey, que lo sacó de prisión y le contó sus dos sueños. 3 Dijo ante el faraón que los dos sueños eran el mismo. Habló así:
-Vendrán siete años de abundancia en toda la tierra de Egipto, y luego siete años de hambre tal como nunca hubo en toda la tierra. 4 Instituya, pues, el faraón, en toda la tierra de Egipto, un comisario que almacene alimentos ciudad por ciudad durante los siete años de abundancia.
Sirvan de provisión éstos durante los siete años de escasez para que no perezca el país de hambre, pues va a ser muy fuerte.

Prosperidad y matrimonio de José
5 El Señor dio gracia y clemencia a José ante los ojos del faraón, que dijo a sus oficiales:
-A nadie encontraremos tan prudente y sabio como este hombre, pues el espíritu de Dios está con él.
6 Y lo hizo su virrey, dándole poder sobre todo Egipto, haciéndole montar en el carro segundo del faraón. 7 Le puso ropas de lino, le colocó un collar de oro al cuello, y pregonaron voceando ante él: «Habirel». Le puso un anillo en la mano, le encargó de toda su casa y le hizo grande, afirmando: «Mayor que tú no hay más que el trono». 8 José quedó a cargo de toda la tierra de Egipto, y lo amaron todos los gobernantes del faraón, todos sus oficiales y todos los que trabajaban para el rey, pues se comportaba rectamente, sin soberbia, altanería, acepción de personas o cohecho, pues gobernaba rectamente a todos los pueblos de Egipto. 9 La tierra de Egipto se mantuvo en paz ante el faraón a causa de José, pues el Señor estaba con él y le dio gracia y estima ante todos sus linajes, los que lo conocían y los que oían hablar de él. El reino del faraón se enderezó y no tuvo demonio ni maldad.
10 El rey dio a José el nombre de Sefantifanes y le dio por esposa a la hija de Putifare, sacrificador de Heliópolis e intendente. 11 Tenía José treinta años el día que compareció ante el faraón: aquel año murió Isaac. 12 Y ocurrió lo que José había dicho al interpretar los dos sueños. Tal como dijo, hubo siete años de abundancia en toda la tierra de Egipto, que fue ferocísima, dando cada medida cien. 13 José recogió el grano por las ciudades, hasta llenarse de trigo y no poderse contar ni medir de tanta abundancia.

Historia de Tamar
41 1 En el jubileo cuadragésimo quinto, en el segundo septenario, en el año segundo, tomó Judá para su primogénito Her una mujer de las hijas de Aram, de nombre Tamar. 2 Pero él la aborreció y no yació con ella, pues su madre era cananea. Quiso tomar una mujer de la nación de
su madre, pero no se lo permitió su padre. 3 Fue perverso este Her, primogénito de Judá, y el Señor lo hizo morir. 4 Dijo entonces Judá a su hermano Onán:
-Ve a la mujer de tu hermano, hazla esposa por levirato y da descendencia a tu hermano.
5 Pero sabiendo Onán que la descendencia no seria suya, sino de su hermano, iba a casa de la mujer de su hermano, pero eyaculaba en tierra, lo cual fue malo ante los ojos del Señor, que lo hizo morir.
6 Dijo entonces Judá a su nuera Tamar:
-Quédate en casa de tu padre, guardando viudedad, hasta que crezca mi hijo Sela y te dé a él por esposa.
7 Creció Sela, pero Batsua, mujer de Judá, no permitía que su hijo se casase con ella. Y murió Batsua, mujer de Judá, el año quinto de este septenario. g Al año sexto subió Judá a esquilar sus ovejas a Tamna, y dijeron a Tamar: «Tu suegro sube a esquilar sus ovejas a Tamna».
9 Ella se quitó las ropas de viuda, se puso un tocado, se embelleció y se colocó a la puerta del camino de Tamna. 10 Judá pasaba por allí, la encontró, la creyó una prostituta y le dijo:
-Me voy contigo.
Ella respondió:
-Ven.
y se fue. 11 Díjole ella:
-Dame mi pago.
El le respondió:
-No llevo más que el anillo de mi dedo, mi brazalete y el báculo de mi mano.
12 Díjole ella:
-Déjamelos, hasta que me mandes mi pago.
El aseguró:
-Te mandaré un cabrito.
Se los dejó, la conoció y ella concibió de él. 13 Judá se fue a sus ovejas, y ella, a casa de su padre. 14 Luego, Judá le mandó el cabrito por mano de un pastor odolamita. Pero éste no la encontró y preguntó a los hombres
del lugar:
-¿Dónde está la prostituta que había aquí?
Le respondieron:
-Aquí no tenemos ninguna prostituta.
15 Volvió, pues, y se lo comunicó a Judá:
-No pude hallarla; incluso pregunté a los hombres del lugar, y me dijeron que allí no hay ninguna prostituta.
Dijo Judá:
-Que se los quede, no vayamos a servir de escarnio.
16 Al cumplir tres meses, se supo que estaba embarazada, y dijeron a Judá: «Tu nuera Tamar ha concebido por fornicación». 17 Judá fue entonces a casa de su padre y dijo a éste y sus hermanos:
-Sacadla y quemadla, pues ha cometido impureza en Israel.
18 Pero, cuando la sacaron para quemarla, mandó a su suegro el anillo, el brazalete y el báculo con estas palabras: «¿Sabes de quién es esto? Pues de él he concebido». 19 Judá los reconoció y dijo: «Lleva más razón Tamar que yo; que no la quemen». 20 Por eso no fue dada a Sela, ni él
volvió a acercarse a ella. 21 Parió luego Tamar dos hijos, Fares y Zara, en el año séptimo de este segundo septenario, 22 cuando se cumplieron los siete años de abundancia que había pronosticado José al faraón. 23 Judá supo que había obrado mal, pues había yacido con su nuera. Se avergonzó ante sus propios ojos, admitió que había pecado y errado al franquear la intimidad de su hijo y comenzó a hacer duelo y a rogar al Señor por su falta. 24 Le comunicamos en sueños que le sería perdonada, pues había rogado mucho y hecho duelo, y no lo hizo más. 25 Obtuvo perdón por arrepentirse de su pecado y a causa de su ignorancia, aunque había cometido gran culpa ante Dios. A todo el que hace tal, yacer con su nuera, quémenlo con fuego ardiente, pues impureza y abominación hubo en ellos; con fuego quémenlos. 2ó Y tú ordena a los hijos de Israel que no haya impureza entre ellos, pues todo el que yazca con su nuera o su suegra ha cometido impureza. Con fuego quemen al hombre que haya yacido con ellas, y a la mujer también, y se apartará la indignación y la plaga de Israel. 27 A Judá le dijimos que sus dos hijos no habían yacido con ella y que por eso había permanecido la semilla para otra prole y no fue desarraigada.
28 Con integridad de sus ojos había ido Tamar y procurado sentencia, pues a causa de la ley dictada por Abrahán a sus hijos quiso Judá quemarla con fuego.

Hambre en Egipto y Canaán
42 1 En el año primero del tercer septenario del jubileo cuadragésimo quinto empezó a enseñorearse el hambre sobre el país: a la tierra no se le otorgaba la lluvia, pues no había ninguna que cayera. 2 La tierra quedó estéril, y sólo en Egipto había alimento, pues José había almacenado grano del país en los siete años de abundancia y lo había guardado.
3 Fueron los egipcios a José, a que les diera alimento; él abrió los depósitos donde estaba el trigo del primer año y lo vendió a los pueblos de la tierra por oro.
4 En la tierra de Canaán el hambre fue grandísima y, oyendo Jacob que había alimento en Egipto, mandó a diez de sus hijos a traerle alímento de allí: sólo a Benjamín no lo envió. Llegaron los diez hijos de Jacob a Egipto con otros que allí iban. 5 José los reconoció, pero no ellos a él, y
les habló duramente:
-¿No seréis espías, que venís a explorar los caminos del país? y los encerró, 6 pero luego volvió a soltarlos. Retuvo únícamente a Simeón y dejó partir a sus nueve hermanos. 7 Les llenó sus costales de trigo y metió su dinero en ellos, sin que lo supieran. 8 Les ordenó traer a su hermano menor, pues le habían dicho que tenían a su padre vivo y un hermano menor. 9 Subieron desde la tierra de Egipto, llegaron al país de Canaán y contaron a su padre todo lo que les había sucedido, cómo les había hablado duramente el señor del país y retenido a Simeón hasta que
le llevasen a Benjamín. 10 Dijo Jacob:
-Me habéis dejado sin hijos: José ya no existe, Simeón tampoco y os vais a llevar también a Benjamín; contra mí, pues, ha sido vuestra maldad. 11 No irá con vosotros mi hijo, porque su madre parió dos: pereció uno, ¿y también a éste os vais a llevar? Si ocurriera que le diera la fiebre en el camino, haríais descender mi vejez tristemente a la tumba. 12 Había visto además que el dinero de todos había vuelto en sus bolsas, y temió por esto mandarlo. 13 Pero el hambre aumentó y se intensificó en el país de Canaán y en toda la tierra, salvo en Egipto. Muchos egipcios
habían almacenado su grano para alimento cuando vieron a José acopiar grano, ponerlo en graneros y guardarlo para años de escasez, 14 de modo que los hombres de Egipto se alimentaron en su primer año de escasez.

Marcha de Benjamín a Egipto
15 Cuando vio Israel que el hambre arreciaba en el país y no había salvación, dijo a sus hijos:
-Id, volved, traednos alimento para que no muramos.
16 Respondieron:
-No iremos; si no viene nuestro hermano menor con nosotros, no iremos.
17 Vio Israel que, si no lo mandaba con ellos, perecerían todos de hambre. 18 Dijo Rubén:
-Ponlo en mis manos, y si no te lo traigo, mata a mis dos hijos por su vida.
Le replicó Jacob:
-No irá contigo.
19 Se acercó Judá y dijo:
-Mándalo conmigo, y si no te lo traigo, sea yo réprobo ante ti todos los días de mi vida.
20 Y lo mandó con ellos, el año segundo de este septenario, a primeros de mes. Llegaron a tierras de Egipto con otros que alli iban, llevando dones de mirra, almendras, terebinto y miel pura.
21 Llegaron y se presentaron ante José, que vio y reconoció a su hermano Benjamín. Les dijo:
-¿Es éste vuestro hermano menor?
Le respondieron:
-El es.
Añadió:
-El Señor te sea clemente, hijo mío.
22 Lo mandó a su casa, liberó a Simeón y les preparó un convite; ellos le ofrecieron los dones que habían traído consigo. 23 Comieron ante él, y dio porciones a todos, pero la de Benjamín era siete veces mayor que la de los demás. 24 Comieron, bebieron, se levantaron y se quedaron donde
estaban sus asnos. 25 José tuvo una idea para conocer si sus pensamientos eran de paz entre sí. Dijo al hombre que estaba a cargo de su casa:
-Llénales todos sus sacos de grano y vuelve a poner su oro en sus recipientes, pon también la copa de plata, mi copa con la que bebo, en el saco del menor y despídelos.

Estratagema de José
43 1 El hombre hizo como lo ordenó José: les llenó totalmente los sacos de alimento, les puso también su oro en ellos y ocultó la copa en el saco de Benjamín. 2 Despertándose de mañana, partieron y, cuando salieron de allí, dijo José a su mayordomo:
-Persíguelos, corre y préndelos. Diles: «Hacéis mal por bien: habéis robado la copa de plata con que bebe mi señor», y hazme volver a su hermano menor, trayéndolo rápidamente, antes de que vaya a mi tribunal.
3 Corrió, pues, tras ellos y les habló según esta orden. 4 Le respondieron:
-Lejos de tus siervos hacer tal cosa: ningún efecto hemos robado de casa de tu señor, e incluso el oro que encontramos la primera vez en nuestros sacos lo devolvimos desde la tierra de Canaán. 5 ¿Cómo, pues, íbamos a robar efecto alguno? Aquí estamos, registra nuestros sacos, muera aquel de nosotros en cuyo saco encuentres la copa, y nosotros y nuestros asnos sirvamos a tu señor.
6 Les replicó:
-No será así: tomaré como esclavo únicamente a quien se la encuentre, y los demás podréis ir en paz a vuestra casa. 7 Registró sus enseres empezando por el mayor y acabando por el menor, hallando la copa en el saco de Benjamín. 8 Rasgaron entonces sus vestiduras, cargaron sus asnos, volvieron a la ciudad, llegaron a casa de José y se prosternaron todos ante él con el rostro por tierra. 9 Díjoles
José:
-Habéis obrado mal.
Respondieron:
-¿Qué hemos de decir, qué hemos de replicar? Nuestro señor ha hallado la culpa de sus siervos: aquí estamos, somos siervos de nuestro señor, así como nuestros asnos.
10 Añadió José:
-Yo soy temeroso de Dios: id vosotros a vuestras casas, y quede vuestro hermano como esclavo, puesto que habéis obrado mal. ¿No sabéis que nadie adivina con su copa como yo con ésta, y me la habéis robado?
11 Dijo Judá:
-Señor, tengo que decir algo al oído de mi señor. Su madre parió dos hermanos a tu siervo, nuestro padre. Uno de ellos salió, se perdió y no fue hallado; de su madre queda él solo, y tu siervo, nuestro padre, lo ama hasta el punto de que su espíritu está pendiente de él. 12 Si regresáramos a tu siervo, nuestro padre, y no viniera el muchacho con nosotros, moriría: abatiríamos a nuestro padre de tristeza hasta morir. 13 Quede yo solo, tu siervo, en lugar del joven, como siervo de mi señor, y vaya el muchacho con sus hermanos, pues yo lo garanticé a tu siervo, nuestro padre, y si no lo hago volver, tu siervo será culpable ante nuestro padre por siempre.

José se da a conocer a sus hermanos
14 Vio José que los corazones de todos eran buenos por igual, unos con otros. No pudo entonces contenerse y les dijo que era José. 15 Habló con ellos en lengua hebrea, los abrazó y lloró. Ellos no lo reconocían, y empezaron a llorar. 16 Díjoles:
-No lloréis por mi causa, traedme pronto a mi padre junto a mí: ya veis lo que dice mi boca, y lo ven los ojos de mi hermano Benjamín. 17 Este es el segundo año de escasez, y quedan todavía cinco en que no habrá cosechas, ni fruto de árbol, ni labranza. 18 Bajad pronto vosotros con vuestras familias, para que no perezcáis de hambre; no os preocupe vuestra propiedad, pues con todo propósito me envió el Señor delante de vosotros, para que vivieran muchos pueblos. 19 Contad a mi padre que aún vivo. Ya veis también que el Señor me ha hecho casi padre del faraón,
y que administro su casa y toda la tierra de Egipto. 20 Contad a mi padre toda mi grandeza y cuánta riqueza y honor me ha dado el Señor.
21 Les regaló, por orden directa del faraón, carros y provisiones de viaje y dio a todos vestidos multicolores y plata. 22 También para su padre envió vestidos y plata más diez asnos cargados de trigo y los despidió.
23 Regresaron y contaron a su padre que José vivía, que distribuía trigo a todos los pueblos de la tierra y que administraba toda la tierra deEgipto. 24 Su padre no lo creía, pues estaba turbado su pensamiento, pero luego vio los carros que había mandado José y, vivificándose su espíritu, dijo: «Cosa grande es para mí: si José vive, bajaré a verlo antes de morir».

Viaje de Jacob a Egipto
44 1 Israel partió de Canaán, de su casa, a primeros del tercer mes. Fue por el camino de Bersabee y ofreció un sacrificio al Dios de su padre, Isaac, el siete de este mes. 2 Recordó Jacob el sueño que había tenido en Betel y temió bajar a Egipto. 3 Pensando mandar recado a José de que
viniese para no bajar él, estuvo allí siete días, por si tenía una visión para quedarse o bajar. 4 Celebró entonces la fiesta de la cosecha de primicias con trigo viejo, ya que no había en toda la tierra de Canaán un puñado de ninguna semilla en el suelo, pues aquella escasez fue para todos, bestias, animales, aves y personas.
5 El dieciséis se le apareció el Señor y le dijo:
-Jacob, Jacob.
El respondió:
-Heme aquí.
Continuó Dios:
-Yo soy el Dios de tus padres, Abrahán e Isaac: no temas bajar a Egipto, pues allí te haré un gran pueblo. 6 Yo bajaré contigo y te llevaré, pero serás sepultado en esta tierra, y José pondrá sus manos sobre tus ojos. No temas, baja a Egipto.
7 Poniéndose en marcha sus hijos y nietos, cargaron a su padre y sus efectos en los carros: 8 el dieciséis de este mes tercero partió Israel de Bersabee y fue a tierra de Egipto. 9 Mandó por delante a Judá hacia donde estaba su hijo José, para reconocer el país de Gosén, pues allí había
dicho José a sus hermanos que irían a asentarse para estar cerca de él. 10 Y, efectivamente, era un lugar bueno en la tierra de Egipto para ellos y sus ganados y cercano a José.

Descendientes de Jacob que viajaron a Egipto
11 Estos son los nombres de los hijos de Jacob que fueron con él a Egipto: 12 Rubén, primogénito de Israel, y los nombres de sus hijos son:
Henoc, Falú, Hesrón y Carmí, cinco personas; 13 Simeón y sus hijos, cuyos nombres son Jamuel, Jamín, Ahod, Jaquín, Sohar y Saúl, hijo de la cananea, siete personas; 14 Leví y sus hijos, cuyos nombres son Gersán, Caat y Merarí, cuatro personas; 15 Judá y sus hijos, cuyos nombres son
Sela, Fares y Zara, cuatro personas; 16 Isacar y sus hijos, cuyos nombres son Tolá, Fuá, Job y Semrón, cinco personas; 17 Zabulón y sus hijos, cuyos nombres son Sáred, Elón y Jalel, cuatro. 18 Estos son los descendientes de Jacob, con sus respectivos hijos, paridos por Lía a Jacob en Mesopotamia, seis y una hermana de ellos, Dina; todas las personas, hijos y nietos de Lía, que entraron con su padre Jacob en Egipto eran veintinueve, que con su padre, Jacob, hacían treinta. 19 Los hijos de Zelfa, sirvienta de Lía y mujer de Jacob, paridos a éste, son Gad y Aser. 20 Estos son los nombres de sus hijos que entraron con él a Egipto: hijos de Gad: Sefión, Haggi, Suní, Esebón, (Herí), Arodí y Arelí, ocho personas; 21 hijos de Aser: Jamné, Jesuá, Jesuí, Baria y su única hermana, Sara, seis personas;
22 total: catorce personas, siendo el total de Lía cuarenta y cuatro. 23 Los hijos de Raquel, mujer de Jacob, fueron José y Benjamín; 24 nacieron a José en Egipto, antes de llegar su padre allí -paridos a él por Asenet, hija de Putifare, sacrificador de Heliópolis-, Manasés y Efraín, tres personas.
25 Hijos de Benjamín: Bela, Béquer, Asbel, Gerá, Naamán, Equí, Ros, Mofim, Ofim y Ared, once personas; 26 el total de descendientes de Raquel es de catorce. 27 Y los hijos de Bala, sirvienta de Raquel y mujer de Jacob, que le parió a éste, son Dan y Neftalí; 28 éstos son los nombres de sus hijos, que entraron con ellos a Egipto: hijos de Dan: Husim, (Samón, Asudi, Iyaka y Salomón), seis personas; 29 pero murieron en el año en que entraron a Egipto, y no quedó a Dan más que Husim. 30 Estos son los nombres de los hijos de Neftalí: Jesiel, Guní, Jeser, Selem e Iw; 31 pero Iw, nacido después de los años de escasez, murió en Egipto. 32 El total de personas de Raquel es de veintiséis. 33 Todos los descendientes de Jacob que entraron en Egipto fueron setenta personas: todos hijos y nietos suyos, setenta en total. Pero hubo cinco que murieron en Egipto,
antes que José, sin tener hijos. 34 En la tierra de Canaán se le murieron a Judá dos hijos, Her y Onán, sin prole. Y los hijos de Israel sepultaron a los que perecieron, y quedaron constituidos en setenta estirpes.

Asentamiento de los israelitas en Gosén
45 1 Israel entró en Egipto, en la tierra de Gosén, a primeros del mes cuarto del año segundo del tercer septenario del jubileo cuadragésimo quinto. 2 José fue a recibir a su padre, Jacob, a la tierra de Gosén, lo abrazó y lloró. 3 Dijo Israel a José:
-Muera yo ahora que te he visto. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, Dios de Abrahán, Dios de Isaac, que no ha negado su misericordia y clemencia a su siervo Jacob. 4 Gran cosa es para mí haber visto tu rostro estando aún en vida, pues cierta fue la visión que tuve en Betel. Bendito
sea el Señor, mi Dios, por los siglos de los siglos, y bendito su nombre.
5 Comieron pan José y sus hermanos ante su padre y bebieron vino, y Jacob se regocijó sobremanera, pues vio a José comer con sus hermanos y beber ante él. Bendijo al Creador de todo, que lo había guardado y le había conservado sus doce hijos. 6 José dio a su padre y hermanos un don para que se establecieran en la tierra de Gosén y en Ramesés y todos sus
contornos, que él regía ante el faraón. Israel y sus hijos moraron en la tierra de Gosén, la mejor de Egipto, contando Israel ciento treinta años cuando entró a Egipto.

José adquiere todo Egipto para el faraón
7 José alimentó a su padre, hermanos y propiedades con pan que les bastó los siete años de escasez. 8 Egipto padeció hambre, y José acaparó toda la tierra de Egipto para el faraón cambiándola por alimento, adquiriéndole hombres, animales y todo. 9 Concluyeron los años de escasez, y José dio a los pueblos del país semilla y alimentos para sembrar la tierra en el año octavo, pues el Nilo se había desbordado por toda la tierra de Egipto. 10 En los siete años de escasez no había crecido el Nilo ni regado, salvo unos pocos lugares de la ribera; pero ahora había crecido, y los egipcios plantaron la tierra y cosecharon mucho trigo aquel año. 11 Era el primer
año del cuarto septenario del jubileo cuadragésimo quinto; 12 José tomó el quinto de todo lo producido para el rey y les dejó cuatro partes para alimento y sementera. Así lo estableció José como ley para Egipto hasta este día.

Muerte de Jacob. Transmisión de sus escritos
13 Israel vivió en Egipto diecisiete años, siendo todos los días de su vida tres jubileos: ciento cuarenta y siete años. Murió en el año cuarto del quinto septenario del jubileo cuadragésimo quinto. 14 Israel bendijo a sus hijos antes de morir, les dijo todo lo que había de sucederles en la
tierra de Egipto y les hizo saber lo que en días posteriores les ocurriría.
Los bendijo y dio a José dos porciones sobre la tierra. 15 Se durmió con sus padres y fue sepultado en la cueva de Macfela, en tierra de Canaán, cerca de su padre Abrahán, en la tumba que había cavado para sí en la cueva de Macfela, en tierra de Hebrón. 16 Entregó todos sus escritos y losde sus padres a su hijo Leví, para que los guardara y renovara para sus hijos hasta este día.

Prosperidad de Israel en Egipto. Muerte de José
46 1 Tras la muerte de Jacob se multiplicaron los hijos de Israel en tierra de Egipto. Se convirtieron en un pueblo numeroso, en el que todos se amaban y ayudaban mutuamente. Se multiplicaron mucho durante diez septenarios, todos los días que vivió José. 2 No hubo demonio ni ningún mal en todos los días de la vida de José tras la muerte de su padre, pues todos los egipcios honraban a los hijos de Israel mientras vivió José.
3 Este murió a los ciento diez años: diecisiete años moró en la tierra de Canaán, diez estuvo sirviendo, tres en la cárcel y ochenta a las órdenes del rey, gobernando toda la tierra de Egipto. 4 Murieron él, todos sus hermanos y toda aquella generación. 5 Ordenó antes de morir a los hijos de Israel que se llevasen sus huesos cuando salieran de Egipto. 6 Los conjuró a ellos, pues sabía que los egipcios ya no dejarían sacarlo a enterrar en tierra de Canaán, ya que Makamaron, rey de Canaán, residente en Asur, había combatido en el valle con el rey de Egipto, matándolo allí y persiguiendo a los egipcios hasta las puertas de Hermón. 7 Pero no pudo entrar, pues reinó en Egipto otro rey nuevo, más fuerte que él, y volvió a tierra de Canaán, quedando cerradas las puertas de Egipto, no habiendo quien saliera ni entrara. 8 Había muerto José en el jubileo cuadragésimo sexto, en el sexto septenario, en el segundo año, y lo sepultaron en tierra de Egipto, y tras él murieron todos sus hermanos.

Odio de los egipcios contra los israelitas
9 Salió el rey de Egipto a combatir con el rey de Canaán en el jubileo cuadragésimo séptimo, en el segundo septenario, en el segundo año, y los hijos de Israel sacaron los huesos de todos los hijos de Jacob, menos José, y los enterraron en despoblado, en la cueva de Macfela, en el monte.
10 Muchos volvieron a Egipto, pero unos pocos se quedaron en el monte Hebrón, y con ellos tu padre Amrán. 11 El rey de Canaán venció al de Egipto, el cual volvió a cerrar las puertas del país. 12 Concibió luego perversas ideas contra los hijos de Israel para atormentarlos. Decía a la gente
de Egipto:
13 -El pueblo de los hijos de Israel ha crecido y se ha multiplicado más que nosotros. ¡Ea!, ingeniémonoslas antes de que se multipliquen aún más, y aflijámoslos con esclavitud antes de que tengamos una guerra, no sea que también ellos nos combatan o se unan a nuestro enemigo y
salgan de nuestra tierra, pues su corazón y su mirada están en la tierra de Canaán.
14 Les puso unos capataces que los atormentaron con trabajo, y construyeron para el faraón las plazas fuertes de Fitom y Ramesés y reconstruyeron todo el muro y contramuro que había caído en la ciudad de Egipto. 15 Los esclavizaban violentamente; pero cuanto más los humillaban, más aumentaban y se multiplicaban. 16 Y los egipcios consideraban inmundos a los hijos de Israel.

Nacimiento y ¡uventud de Moisés
47 1 En el séptimo septenario, año séptimo, del jubileo cuadragésimo séptimo llegó tu padre de la tierra de Canaán. Tú naciste en el cuarto septenario, año sexto, del jubileo cuadragésimo octavo, días que fueron de tribulación para los hijos de Israel. 2 El rey de Egipto, el faraón, había
dado una orden contra ellos de que arrojasen al río a los hijos varones.
3 Los estuvieron tirando siete meses, hasta el día en que naciste y te escondió tu madre tres meses; pero murmuraron de ella. 4 Entonces te hizo un arca y la untó de brea y asfalto. La dejó entre las hierbas de la orilla del río y te puso en ella durante siete días: por la noche iba ella a amamantarte, y de día tu hermana María te preservaba de las aves. 5 En aquellos días llegó Termot, hija del faraón, a bañarse en el río. Oyó tu llanto y dijo a su muchacha que te trajera. Así lo hizo: 6 te sacó del arca y tuvo piedad de ti. 7 Le dijo tu hermana:
-¿Vaya llamarte a alguna hebrea que te críe y amamante este niño?
Le respondió:
-Ve.
8 Fue y llamó a tu madre, Jocábed, a la que puso sueldo para que te criara. 9 Luego que creciste, te enviaron a la hija del faraón, y fuiste su hijo. Tu padre, Amrán, te enseñó a escribir y, cuando cumpliste tres septenarios, te llevaron a la corte real. 10 Estuviste en la corte tres septenarios,
hasta el momento en que, saliendo de ella, viste a un egipcio que golpeaba a un compañero tuyo, hijo de Israel, lo mataste y lo ocultaste en la arena. 11 Al día siguiente encontraste a dos israelitas que peleaban, y dijiste al que incurría en violencia:
-¿Por qué pegas a tu hermano?
12 Se enojó muchísimo y respondió:
-¿Quién te ha erigido en señor y juez entre nosotros? ¿O es que quieres matarme como mataste ayer al egipcio?
Te asaltó el temor y huiste a causa de estas palabras.

Moisés vuelve a Egipto
48 1 En el año sexto del tercer septenario del jubileo cuadragésimo noveno fuiste a morar a la tierra de Madián durante cinco septenarios y un año. Volviste a Egipto en el segundo septenario, año segundo, del jubileo quincuagésimo. 2 Tú sabes lo que Dios te habló en el monte Sinaí y lo que quiso hacer contigo el príncipe Mastema, cuando volvías a Egipto, en el camino, donde lo encontraste en la posada. 3 ¿No quiso matarte con toda su fuerza y salvar a los egipcios de tu mano, cuando vio que habías sido enviado a hacer justicia y tomar venganza de ellos? 4 Pero te salvé de su mano, y en Egipto hiciste las señales y prodigios contra el faraón, su casa, sus siervos y su pueblo, para los que fuiste enviado.

Las diez plagas
5 El Señor tomó de ellos gran venganza por Israel. Los hirió con sangre, ranas, mosquitos, tábanos y llagas malignas supurantes, y a sus animales con muerte. Lanzó pedrisco, con el que destruyó todo brote; con langosta, que devoró el resto que dejó el granizo; con tinieblas y con la muerte de los primogénitos de hombres y animales; en todos. sus. dioses tomó el Señor venganza, quemándolos con fuego. Todo fue dirigido por tu mano para que pudieras anunciarlos antes de que se cumpliera hablando con el rey de Egipto ante todos sus oficiales y su pueblo. 7 Todo ocurrió según tu palabra: diez grandes y malignas plagas alcanzaron toda la tierra de Egipto para cumplir con ellas la venganza de Israel. 8 El Señor hizo todo por Israel, según la norma que había pactado con Abrahán, de vengarse de ellos por haberlos esclavizado con violencia. 9 El príncipe Mastema resistía ante ti y quería hacerte caer en manos del faraón. Ayudaba en los encantamientos que los egipcios hacían comparándose contigo. 10 Les permitimos cometer maldad, pero no les toleramos que se hiciera medicina por sus manos; 11 el Señor los hirió con llagas malignas, y no pudieron combatirlas, pues les vedamos obrar un solo prodigio.

El diablo incita a los egipcios. Su derrota
12 El príncipe Mastema quedó confundido en todas las señales y prodigios. Cuando arreció gritando a los egipcios que te persiguieran con toda la potencia de Egipto, con sus carros y caballos y con toda la multitud de los pueblos de Egipto, 13 me interpuse entre ellos e Israel. Libramos entonces a éste de sus manos y de las de su pueblo, y el Señor los sacó por entre el mar como por lo seco. 14 A todo el pueblo que había salido a perseguir a Israel lo arrojó el Señor, nuestro Dios, en el mar, en las profundidades del abismo, bajo los hijos de Israel, al modo como los egipcios habían arrojado a sus hijos al río. En un millón se vengó, y mil paladines esforzados perecieron por cada infante de los hijos de tu pueblo arrojado al río.
15 Los días catorce, quince, dieciséis, diecisiete y dieciocho estuvo el príncipe Mastema atado y encerrado, lejos de los hijos de Israel, para que no pudiera calumniarlos. 16 El día diecinueve los soltamos para que ayudaran a los egipcios y persiguieran a los israelitas: 17 endureció sus corazones y los fortaleció. Pero el Señor, nuestro Dios, lo concibió así para golpear a los egipcios y arrojarlos al mar. 18 Y el catorce lo atamos, para que no calumniase a los hijos de Israel el día en que iban a pedir a los egipcios enseres Y vestidos, objetos de plata, oro y bronce, para despojar a los egipcios por la esclavitud que violentamente les habían impuesto, pues no sacamos a los hijos de Israel de Egipto desnudos.

La Pascua. Prescripciones para su celebración
49 1 Recuerda el mandato que te ha dado el Señor acerca de la Pascua.
Celébrala en su momento, el catorce del primer mes, sacrificando antes del atardecer y comiendo de noche, al atardecer del quince, desde el momento en que se pone el sol. 2 Porque en esa noche -principio de la festividad y del regocijo- vosotros os sentabais a comer la pascua en Egipto, y las fuerzas del príncipe Mastema habían sido enviadas a matar a todos los primogénitos en la tierra egipcia, desde el del faraón hasta el de la esclava cautiva que está en el molino, así como de los animales.
3 Esta es la señal que les dio el Señor: en toda casa en cuya puerta vean sangre de cordero añal no entren a matar, sino pasen de largo, para que se salven todos los que estén en la casa, pues la señal de sangre está a la puerta.
4 Las fuerzas del Señor hicieron cuanto él les ordenó, pasando de largo a todos los hijos de Israel, sin alcanzarles la, plaga de la destrucción de toda vida de animal persona o perro. 5 Grandísima fue la plaga en Egipto no habiendo casa donde no hubiera muerto, llanto y griterío. 6 Mientras
tanto todo Israel estaba comiendo carne de pascua, bebiendo vino y alabando, bendiciendo y loando al Señor, Dios de sus padres, dispuesto a salir del yugo de Egipto y de la mala esclavitud.
7 Recuerda tú esta jornada todos los días de tu vida, celébrala cada año toda tu vida, una vez al año en su día, según su ley, sin retrasar un día de su fecha, ni de mes a mes. 8 Pues es norma eterna, grabada en las tablas celestiales para todos los hijos de Israel, que la celebración cada año en su día, una vez al año, en todas sus generaciones sin límite, pues esta fijada para siempre. 9 El hombre que, estando puro, no vaya a celebrarla en el momento de su fecha, llevando ofrenda grata al Señor, comiendo y bebiendo ante él en el día de su festividad, ese hombre, puro y próximo, será exterminado porque no ofreció la ofrenda del Señor en su momento: ese hombre llevará sobre sí su pecado.
10 Vayan los hijos de Israel a celebrar la pascua en el día de su fecha, el catorce del primer mes, en vísperas: desde la hora tercera del día a la hora tercera de la noche, pues dos partes han sido dadas al día y un tercio a la tarde. 11 Esto es lo que el Señor te ha mandado hacer en la tarde:
12 No haya sacrificio en ninguna hora de luz antes del momento límite de la tarde, y coman en hora vespertina hasta la hora tercera de la noche. Lo que sobre de la carne después de la hora tercera de la noche, quémenlo allí mismo al fuego. 13 No se cueza con agua, ni se coma cosa cruda, sino asada al fuego. Cómanla deprisa, asen la cabeza con sus partes interiores y con pies: no haya fractura de ningún hueso, pues no se quebrará ningún hueso de los hijos de Israel 14 Por eso ordenó el Señor a los hijos de Israel que celebraran la pascua en el día de su fecha. No habrá quebradura de ningún hueso, pues es día fijo de fiesta y no cabe retrasarlo de día a día o de mes a mes, sino que se celebrará en el día de su festividad.
15 Ordena tú a los hijos de Israel que celebren la pascua en su día cada año, una vez al año, el día de su fecha. Será como un recordatorio grato al Señor, y no les alcanzará azote mortal ni golpe en ese año, si celebran la pascua en su momento, todo según su mandamiento. 16 No se comerá fuera del templo del Señor, sino frente a él, y todo el pueblo de la comunidad de Israel la celebrará a su tiempo. 17 Todo hombre que llegue en su día, cómala en el templo de nuestro Dios, ante el Señor, desde los veinte años en adelante, pues así se ha escrito y establecido que la coman en el templo del Señor. 18 Cuando entren los hijos de Israel al país del que tomarán posesión, la tierra de Canaán, y planten el tabernáculo del Señor en la tierra de una de sus tribus, vengan a celebrar la pascua en el tabernáculo del Señor hasta que se construya su templo, y a sacrificarla ante el Señor de año en año. 19 Pero cuando esté ya construido el templo en nombre del Señor,
en la tierra de su herencia, irán allí y degollarán la víctima pascual por la tarde, al ponerse el sol, a la hora tercera del día. 20 Ofrecerán su sangre en la base del altar y pondrán la grasa al fuego sobre el altar; comerán la carne asada al fuego en el atrio de la casa consagrada, en el nombre
del Señor. 21 No podrán celebrar la pascua en sus ciudades, ni por todas las tierras, sino ante el tabernáculo del Señor y ante su casa en la que mora su nombre: no yerren separándose del Señor.
22 Tú, Moisés, ordena a los hijos de Israel que guarden la norma de la pascua. Como te fue ordenado, señálales ese día, la festividad de los ázimos, cada año, para que coman los ázimos durante siete días, al celebrar esta festividad. Que hagan su ofrenda cada día las siete jornadas de regocijo ante el Señor, en el altar de vuestro Dios. 23 Esta fiesta la celebrasteis con precipitación cuando salíais de Egipto, en el camino hasta el desierto de Sur, pues a la orilla del mar la completasteis.

Leyes sobre los jubileos y el sábado
50 1 Después de esta ley, te di a conocer los sábados en el desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí 2 También te indiqué en el monte Sinaí los sábados de la tierra, y asimismo los años de jubileo en las semanas de años, pero no te he indicado el año, hasta que entréis en la tierra de la
que tomaréis posesión. 3 También la tierra tendrá sus sábados, cuando moréis en ella, y conocerá el año de jubileo. 4 Por eso te he establecido septenarios, años y jubileos. Cuarenta y nueve jubileos desde los días de Adán hasta este día, un septenario y dos años, y aún tienen cuarenta años para conocer las órdenes del Señor antes de pasar a la otra orilla de la tierra de Canaán, cruzando el Jordán hacia occidente. 5 Pasarán jubileos hasta que se purifique Israel de toda culpa de fornicación, impureza, abominación, pecado y error, y habite todo el país en seguridad, sin que tenga ningún demonio ni mal, y se purifique la tierra desde entonces hasta siempre.
6 He aquí que te he escrito el mandamiento del sábado y todas las normas de sus leyes. 7 Durante seis días trabajarás, y en el séptimo, día de sábado del Señor nuestro Dios, no haréis ningún trabajo vosotros, ni vuestros hijos, siervos, siervas, ni ninguno de vuestros animales, ni el extranjero que esté con vosotros. 8 Muera el hombre que haga cualquier trabajo en él, el hombre que profane este día, el que yazca con mujer, el que ordene que se haga alguna cosa en él después de amanecer acerca de venta o compra, el que saque agua que no haya sido preparada el viernes, el que levante cualquier cosa para sacarla de su tabernáculo o casa: muera. 9 No hagáis en sábado ningún trabajo, sino lo que se haya preparado el viernes.
Comed, bebed, descansad y reposad de todo trabajo en este día, bendiciendo al Señor, nuestro Dios, que os concedió perpetuamente día de festividad, día santo y día de santo reinado para todo Israel. 10 Gran honor es el que dio el Señor a Israel: comer, beber y quedar saciados en este día de fiesta y descanso de todo trabajo para el género humano, salvo exhalar aroma y ofrecer hostia y sacrificio ante el Señor de los días y los sábados. 11 Sólo esto puede hacerse en sábado, en el templo del Señor, nuestro Dios, como expiación por Israel en ofrenda sempiterna, día a día, como recordatorio grato al Señor que les será aceptado eternamente, día tras día, según te fue ordenado. 12 Todo hombre que haga trabajo en él, ande camino, cultive campo, tanto en su casa como en cualquier lugar, encienda fuego, cabalgue en cualquier animal, viaje en barca, hiera o mate cualquier ser, degüelle animal o ave, o capture bestia, ave o pez, el que ayune, el que haga guerra en sábado, 13 todo hombre que hiciere cualquiera de estas cosas en sábado, muera. Así guardarán los hijos de Israel el sábado según los mandamientos de los sábados de la tierra, como está escrito en las tablas que puso él en mis manos para que te escribiera las leyes, momento por momento, según la distribución de sus días.
Aquí terminan las palabras de la distribución de días.


APENDICE
FRAGMENTOS HEBREOS

INTRODUCCION
Los textos hebreos conservados pertenecientes al libro de los jubileos son extraordinariamente fragmentarios. La mayor parte de ellos ha aparecido en las cuevas 1, 2, .3 Y 11 de Qurnrán. Su identificación ha reforzado la opinión que defiende la existencia de un original hebreo de la obra.
Ofrecemos aquí la traducción de dos pequeños documentos que recogen algunas citas o pasajes paralelos del libro de los Jubileos.
El primero es un fragmento del libro de Noé. La mitad del mismo repite las ideas de Jub 7,1; 10,1.2.8-14.
El segundo es el Midras Wayyisau, en este caso se recogen textos de Jub .37,14.17; 38,2-3.5-10.12-25.


LIBRO DE NOE

Este es el libro de los remedios que copiaron los sabios antiguos a partir del libro de Sem, hijo de Noé, que había sido entregado a Noé en Lubar, el monte de la región de Ararat, después del diluvio.
Por aquel tiempo comenzaron los espíritus bastardos a provocar a los hijos de Noé, a burlarse, ofender, engañar y herir con enfermedades, dolores y toda clase de plagas de asesinos y exterminadores de seres humanos.
Vinieron a una todos los hijos de Noé y sus hijos y relataron sus desgracias a Noé, su padre, y le informaron de las circunstancias dolorosas vistas por sus hijos. Noé se espantó cuando supo que por culpa del hombre y por su conducta pecaminosa eran afligidos con toda clase de enfermedades y dolencias, y santificó a sus hijos y a los hijos de su casa y a toda su casa. Se acercó al altar y ofreció holocaustos y suplicó a Dios y le rogó.
Y Dios envió del lugar de los santos a uno de los ángeles de la Presencia, cuyo nombre era Rafael, para acabar con los espíritus bastardos de debajo de los cielos, para que no se exterminara ya a los hijos del hombre.
Así lo hizo el ángel y los encadenó en el lugar de condenación. Sólo una décima parte (de los espíritus bastardos) quedó para vagar por la tierra delante del príncipe Mastema (1), para oprimir (a los hombres) por medio de malhechores y golpearlos y devolverles toda clase de dolencia y enfermedad y para producir dolores. Pero el ángel comunicó los remedios para las calamidades de los seres humanos y todo tipo de medicinas para curar por medio de los árboles de la tierra y los vegetales del suelo y las raíces.
y envió Dios al resto de los jefes de los espíritus para mostrar a Noé e informarle de los árboles medicinales con todas sus hierbas, sus plantas, sus raíces y sus semillas y del fin para que fueron creados y para enseñarle todo lo referente a sus medicamentos para la curación y la vida.
y Noé escribió estas cosas en un libro que entregó a Sem, su hijo mayor, y de aquel libro copiaron los sabios antiguos y escribieron muchos libros, cada uno en su lengua...
Los sabios de Macedonia comenzaron los primeros a curar en la tierra, y los sabios de Egipto fueron los primeros en hacer conjuros y adivinaciones por medio de las constelaciones y de las estrellas y en aprender el libro de la ciencia de los caldeos, que copió Qengar ben Ur ben Kesed, referente a todas las acciones de los adivinos.

(1) Mastema: O Mastemah (Os 9,7-8), sustantivo de la raíz stm, «odiar, enemistarse»; está emparentado con stn, «Satán, demonio». Aparece aquí personificando al
jefe de los ángeles caídos.


MIDRAS WAYYISAU

Está escrito: Y se marchó a un país lejos de la presencia de Jacob, su hermano , por causa del compromiso de venta, y hay quien dice (que se fue) por causa de la vergüenza a la que se refieren nuestros rabinos; lo cierto es que se dirigió todo Esaú lejos de la presencia de Jacob y se marchó.
No es que se apartara el odio de su corazón, sino que su ira se revolvió todavía más y conservó por siempre su pecado. A pesar de que en aquel momento se marchó, más tarde vino a guerrear
contra él. Fue el año en que Lía murió. Jacob y sus hijos se encontraban en el duelo por ella y sus otros hijos los consolaban. Vino (Esaú) contra ellos con un gran ejército de hombres preparados para la guerra equipados con coraza de hierro y de bronce, y todos ellos armados con escudos, arcos y dardos. Eran cuatro mil guerreros que rodearon una torre donde estaban acampados Jacob y sus hijos y sus criados con sus hijos y con todas sus pertenencias, pues se habían reunido todos allí para consolar a Jacob en el luto por Lía.
Reposaban allí con tranquilidad, y no se les ocurrió pensar que pudiera venir contra ellos nadie para combatirlos, y no se dieron cuenta hasta tanto que llegó todo el ejército a aquella torre. Sólo estaban allí Jacob y sus hijos y doscientos siervos suyos.
Cuando Jacob vio que Esaú se insolentaba viniendo contra él en son de guerra con la intención de matarlos en el interior de la torre, y que lanzaba contra ellos dardos, se puso en pie sobre la muralla de la torre y comenzó a hablar con su hermano Esaú palabras de paz, de amistad v fraternidad; pero Esaú no las aceptó. .
Al punto dijo Judá a Jacob, su padre: «¿Hasta cuándo vas a prolongar con él las palabras buenas y cariñosas, mientras que él viene contra nosotros como enemigo vestido de coraza para matarnos?».
Tan pronto como Jacob oyó esto tensó su arco y mató a Adoram , el edomita, y volvió a tensar su arco e hirió a Esaú en el peto derecho quien se debilitó a causa de la flecha. Lo levantaron sus hijos y lo condujeron en carro hasta la ciudad y allí murió, en Arudín . Pero hay quien dice que no murió allí.
Entonces salió Judá en primer lugar y Neftalí y Gad con él por el flanco sur de la torre y con ellos cincuenta siervos de los de su padre, Jacob. Leví, Dan y Aser salieron hacia el este de la torre y cincuenta siervos con ellos. Salieron Rubén, Isacar y Zabulón hacia el flanco norte de la torre
y con ellos cincuenta siervos. Simeón, Benjamín y Hanok ben Rubén salieron hacia el oeste de la torre y con ellos cincuenta siervos. José no estaba allí porque ya había sido vendido.
Entonces se fortaleció Judá para la guerra. El, Neftalí y Gad se introdujeron en el ejército y lo empujaron hacia la fortaleza de hierro, y recibieron en sus escudos los cascotes que lanzaban contra ellos. Hasta el sol se oscureció sobre ellos por las piedras lanzadas y las flechas disparadas y las catapultas que lanzaban contra ellos.
Judá se introdujo el primero en medio del ejército y mató a seis guerreros. Neftalí y Gad fueron con él, uno a la derecha y otro a la izquierda, mientras lo guardaban para que no lo matara el ejército. También ellos mataron a cuatro guerreros, dos cada uno, y los cincuenta siervos que estaban con ellos les ayudaron y se aprestaron a combatir, y mató cada uno un hombre, un total de cincuenta guerreros.
Y, a pesar de esto, no consiguieron Judá, Neftalí y Gad expulsar al ejército del flanco sur de la torre ni alejarlos de donde estaban. Entonces se reforzaron para el combate y se reunieron todos ellos y combatieron, y cada uno mató un hombre. A pesar de todo no los obligaron a huir del
lugar que ocupaban, sino que se mantuvo el ejército frente a ellos, dispuesto para la batalla en sus posiciones. Se confortaron entonces Judá y sus hermanos y sus siervos, se apiñaron y combatieron contra ellos, y cada uno mató dos hombres del ejército. Pero comprendió Judá que, si medían al ejército quedándose donde estaban, no conseguirían alejarlos, se armaron de valor y de resolución para avergonzarlo. Judá, Neftalí y Gad se esforzaron a una y se introdujeron entre los guerreros. Judá mató a diez de ellos, y Neftalí y Gad mataron a ocho guerreros.
Cuando vieron los siervos que Judá y sus hermanos se esforzaban y que se habían introducido en el mismísimo centro de la batalla, se esforzaron también ellos para estar a su lado combatiendo. Judá hirió a su derecha y a su izquierda cien guerreros, y Neftalí y Gad los iban matando tras él, hasta que expulsaron a todo el ejército del flanco sur de la torre, aproximadamente la medida de un estadio.
Al ver el ejército que estaba frente a Judá que se desmoronaba ante Judá y sus hermanos, se asustó y reagrupó todas sus fuerzas para la lucha y preparó la batalla contra Judá y sus hermanos y se aseguró en sus posiciones para combatir contra ellos con gritos de guerra. Tanto Leví y los que con él estaban, Rubén y los suyos, y Simeón y los que le acompañaban, como los que estaban frente a ellos, tomaron posiciones para la batalla y se entregaron de corazón a luchar con gran fuerza.
Cuando vio Judá que todo el ejército se reforzaba y se agrupaba aprestándose para la lucha, que tomaban un solo camino para combatir contra ellos y que se aseguraban en sus posiciones preparando la batalla levantó sus ojos al Santo, bendito sea, para que les ayudara cuando estuvieran cansados por la dureza de la batalla y para que no pudieran vencerlos.
Aceptó entonces el Santo, bendito sea, la súplica y se fijó en su angustia y los ayudó. Hizo salir de sus reservas un viento tempestuoso que sopló frente a ellos y llenó sus ojos de oscuridad y de tiniebla, de forma que no veían para combatir. Pero los ojos de Judá y sus hermanos estaban daros porque el viento venía por detrás de ellos. Comenzaron Judá y sus hermanos a matarlos, e Iban cayendo los muertos en tierra tal como tira el segador la mies y las gavillas de su recolección. Se formaron montones, porque mataron a todo el ejército que venía hacia ellos por el flanco sur de la torre.
Rubén y Simeón, y Leví con ellos, se aprestaron a la batalla al encuentro del ejército que estaba ante ellos. Judá y sus hermanos, después que mataron a todos los soldados que estaban por su lado, se dirigieron hacia sus otros hermanos para ayudarlos. El viento tempestuoso llenó de
tinieblas los ojos de sus enemigos.
Rubén, Simeón, Leví y todos los que los acompañaban cayeron sobre ellos y los mataron y derribaron en tierra montones y montones, hasta que mataron a todos los soldados que había frente a Judá. Rubén y Leví, que estaban delante de Simeon, mataron cuatrocientos guerreros avezados a guerrear, y los seiscientos restantes huyeron junto con los cuatro hijos de Esaú: Reuel, Yeus, Yalam y Qorah. Elifaz no corrió huyendo con ellos, porque Jacob, nuestro padre, era su señor.
Siguieron los hijos de Jacob tras ellos hasta Arudín, y dejaron a su padre Esaú muerto, tendido en Arudín. Ellos huyeron a la montaña de Seír, al alto de los escorpiones. Los hijos de Jacob entraron y descansaron allí aquella noche y encontraron a Esaú muerto, tendido, y lo enterraron por respeto a su padre. Hay quien dice que Esaú no murió allí, sino que salió de Arudín herido y huyó con sus hijos a la montaña de Seír.
Al día siguiente despojaron sus cadáveres los hijos de Jacob y los persiguieron y los cercaron en la montaña de Seír, en el alto de los escorpiones.
Salieron los hijos de Esaú y todos aquellos hombres que habían huido y, cayendo ante los hijos de Jacob, se prosternaron ante ellos y les suplicaron hasta que les concedieron la paz. Y les impusieron un tributo de sumisión.

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